EEUU lamenta haberlo apoyado a Pinochet en 1973

(PL/Agencias).- El ex dictador chileno Augusto Pinochet, que falleció este domingo, obtuvo durante el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y su consolidación en el poder el respaldo de Estados Unidos, que más de 30 años después lamenta ahora ese capítulo de su historia.

«No es un capítulo de la historia de Estados Unidos del que estemos precisamente orgullosos», afirmó el ex secretario de Estado Colin Powell, al ser interrogado el 20 de febrero de 2003, justo antes de la Guerra en Irak, sobre el papel de su país en Chile en los años setenta.

Tras la muerte de Pinochet, un portavoz de la Casa Blanca dijo este domingo que las oraciones de su país estaban con «las víctimas de su régimen y sus familiares».

La declaración de Powell, ex jefe de la diplomacia del republicano George W. Bush, se produjo después de que su predecesora demócrata, Madeleine Albright, bajo la presidencia de Bill Clinton (1993-2001), optara por revelar parcialmente los archivos secretos de la CIA, tras la detención de Pinochet en Londres en 1998.

Como lo precisa Peter Kornbluh, en su libro ‘Pinochet: los archivos secretos’, los esfuerzos del gobierno estadounidense del presidente Richard Nixon empezaron antes del golpe y sobre todo antes de la llegada al poder en Chile del socialista Salvador Allende.

El 15 de septiembre de 1970, Nixon ordenó a la CIA el inicio de una intervención encubierta en Chile para impedir que Allende asumiera tras ser elegido democráticamente diez días antes.

Aquel día, en presencia del secretario de Estado Henry Kissinger, que todavía está vivo, Nixon dio órdenes explícitas de «salvar a Chile» y puso a disposición diez millones de dólares, según las notas manuscritas del entonces director de la CIA, Richard Helms, que participaba en la reunión.

Menos de tres años después, un agente secreto de la CIA, Jack Devine, enviaba el 10 de septiembre un mensaje a la sede de su organización en las afueras de la capital estadounidense, para avisar que el golpe estaba en camino.

«El atentado golpista tendrá lugar el 11 de septiembre», explicó. «En esta acción están implicados el Ejército, las Fuerzas Aéreas, la Armada y los carabineros», añadió, demostrando que la CIA ya estaba al tanto de que todas las fuerzas iban a levantarse el día siguiente contra Allende.

Tras el golpe, Kissinger aseguró oficialmente a la prensa estadounidense que la CIA «estuvo envuelta en grado mínimo, en 1970, y desde entonces nos hemos mantenido alejados por completo de cualquier plan golpista», a pesar de que su gobierno acababa de lograr el derrocamiento que buscaba desde tres años.

En cambio, el teniente coronel Patrick Ryan, jefe de la sección de marina del grupo militar estadounidense destacado en Chile, se mostraba mucho más eufórico y no dudó en presentar el 11 de septiembre como «el día del destino» para los chilenos, como lo señaló Kornbluh en su libro.

«Ahora que vuelven a ser un verdadero país en libertad, no parece haber obstáculos infranqueables ni problemas imposibles de resolver. Tal vez progresen de un modo lento, pero lo harán en calidad de hombres libres que aspiran a alcanzar objetivos que redundarán en beneficio de Chile», recogen los archivos estadounidenses.

Desde que se hizo con el poder, Pinochet contó con el apoyo más o menos discreto de Washington. En junio de 1976, el dictador y Kissinger se reunieron en Chile, al margen de la Asamblea General de la OEA, celebrada en Santiago, a pesar de los crímenes perpetrados desde el golpe.

El 21 de septiembre del mismo año, las relaciones entre Estados Unidos y la dictadura iban a quedar definitivamente afectadas por el asesinato por agentes chilenos en pleno Washington de Orlando Letelier, ex ministro de Asuntos Exteriores de Allende, y de su compañera de trabajo estadounidense Ronni Karpen Moffitt.

Las relaciones se tensaron todavía más con la llegada al poder del presidente demócrata Jimmy Carter en 1977, un defensor de los derechos humanos.

Tras el arresto de Pinochet en Londres, Estados Unidos se sumó a los esfuerzos internacionales por conocer la verdad.

Además de publicar los archivos de la CIA, el Congreso reveló el escándalo de las millonarias cuentas secretas de Pinochet por el mundo, mientras su hija Lucía Pinochet se vio prohibida la entrada a territorio estadounidense a principios de este año.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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