María Estrella del Carmen Valcárcel, "Madre Covadonga"

“No quisiera morir sin terminar un centro para ciegos en Ayacucho»

Asociaciones de peruanos le rinden homenaje en Madrid

Actualmente su trabajo constituye un paradigma de su profunda solidaridad en la común perspectiva de todos y todas de construir un Perú más fuerte y reconciliado

Lleva más de medio siglo luchando en defensa de los derechos humanos y entregándolo todo a favor de quienes perdieron la esperanza, porque fueron golpeados por el terror durante aquellos años tenebrosos en los cuales los días eran sinónimo de muerte en esos parajes que parecían olvidados por Dios: Ayacucho. Ella tiene 88 años, lleva 60 en Perú haciendo obra social y anoche recibió en Madrid un merecido homenaje por parte de la Facultad de Teología de la Universidad Carlos III , la Federación de Asociaciones de Peruanos en Madrid (FEDAP), entre otros. Nacida en Campomanes, Asturias, María Estrella Valcárcel, Madre Covadonga, se ha ganado un lugar en el corazón de todos los peruanos.

La madre María Estrella del Carmen Valcarcel Muñiz, nacida en Campomanes Asturias, hace 88 años, llego al Perú como novicia de la Orden de las Misioneras dominicas del Rosario, desplegando su labor en Lima, como religiosa y como docente de Matemáticas. Luego se asentó su fuerte labor y compromiso social en los últimos 50 años en Ayacucho, Perú, donde viene desarrollando un gran trabajo a favor de los colectivos más desprotegidos y afectados por el impacto de la violencia armada en el conflicto armado interno entre 1980 al 2000, siendo una de las grandes impulsoras de formar la red de defensa de los derechos Humanos y el respeto por el orden constitucional y el Estado de Derecho en Perú.

Actualmente su trabajo constituye un paradigma de su profunda solidaridad en la común perspectiva de todos y todas de construir un Perú más fuerte y reconciliado.

Hace diez años la revista Caretas escribió sobre ella: «María Estrella Valcárcel (asturiana dominica llamada Covadonga en honor a la virgen española del mismo nombre, 76 años, 50 de ellos en el Perú y 28 en Ayacucho) es una rondera. Su «Patrulla Salvadora» recorre a diario el cinturón de miseria de la ciudad desorbitada con tanto migrante del campo, dando aliento a los desahuciados, repartiendo cocachos a los padres de familia abusivos y reclamando enérgicamente ante las autoridades en nombre de sus «hermanitos». La Covadonga está instintivamente del lado de los pobres y ello le da una fortaleza a prueba de balas. Tiene más sotana que Juan Luis Cipriani, ex obispo de Huamanga y, a diferencia de aquél, se lleva muy bien con las ONG defensoras de los derechos humanos. Pero la madre considera a Cipriani un buen amigo que la ayudó mucho en sus obras de caridad. Es imposible no apoyar los afanes de la Covadonga, no hacerlo sería negar la providencia.

Apenas se levanta, la Madre Cova cumple sus ritos matinales, se embute en sus babuchas y atiende al papá que le pide medicina para su guagüita enferma, a la señora que van a lanzar de su casa a menos que ella sermonee al abogado o -la veo cuando le manda una afectuosa bofetada y le dice «pobre de ti que te lo vayas a chupar»- al preso recién liberado de Yanamilla que le pide plata para regresar a su tierra. Con los reos es particularmente comprensiva: «Los meten en un avión desde la costa, los traen a las afueras de Ayacucho y, cuando quedan libres, no tienen ni sencillo para regresar a su casa. Pobrecitos, me vienen a buscar porque soy su única amiga en la ciudad».

 

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