Un tribunal islámico condena por adulterio a Mohammed Abukar

Los domingos, lapidación en el campo de fútbol

El hombre agonizó lentamente ante la mirada y el regocijo de sus vecinos

Los domingos, lapidación en el campo de fútbol
La lapidación islámica comienza con el enterramiento hasta el pecho. HP

A la mujer con la que tuvo relaciones, Halima Sheikh Abdulahi, le propinaron 100 latigazos por ser soltera

Mohamed Abukan Ibrahim, de 48 años, fue lapidado el domingo pasado en el campo de fútbol de la población somalí de Afgoye, 30 kilómetros al noroeste de Mogadiscio.

Un remedo de tribunal, aferrado a la Ley Islámica y sumiso a la milicia integrista Hezb al Islam, lo culpó de adulterio.

Mohamed fue enterrado vivo hasta el pecho en mitad del campo de juego. Minutos antes, el juez había informado a la excitada concurrencia de su veredicto:

«Este es su día de justicia; hemos investigado y han confesado».

Sus parientes intentaron matar al juez, miembro de otro clan. Comenzó un intercambio de disparos entre los que abogaban por la culpabilidad o la inocencia del acusado. Entre sus familiares, que querían salvarlo y los verdugos, empeñados en castigarle.

El grupo que estaba contra la ejecución fue superado y expulsado de la zona del campo de fútbol, con varios heridos y un muerto en sus filas.

Y empezó la orgía de sangre. Primero lo entierran. Ya atrapado en su agujero, Mohamed da la impresión de encontrarse extrañamente sereno, escindido de la realidad, superado por las brutales circunstancias.

LA MANO AL CIELO

En una de las imágenes levanta la mano hacia el cielo, como si quisiese dejar en evidencia la arbitrariedad de la decisión de los hombres que lo van a lapidar y que recogen exaltados las piedras blancas recién traídas en un camión.

Los testigos afirman que el desventurado se resistió como pudo, gritó, pataleó y lloró, intentando frenar el cruento ritual.

Tras las pedradas, cuando parecía muerto, lo sacaron inconsciente y bañado de sangre del hoyo. Notaron que aun respiraba y -como se ve en otra de las imágenes-, lo remataron.

A la mujer con la que tuvo relaciones, Halima Sheikh Abdulahi, le propinaron 100 latigazos. Al ser soltera, el juez no la pudo condenar a muerte en concordancia con la sharía o ley islámica.

A otro hombre, llamado Ahmed Awale, lo ejecutaron por haber matado a un vecino. Un familiar del muerto le disparó en la cabeza, de acuerdo con la costumbre, que concede a los parientes de la victima el derecho a eliminar con sus propias manos al agresor.

UNA MAÑANA DE CARNICEROS

Una mañana ajetreada para este grupo que acab de estrenarse -aparentemente-  en las lapidaciones.

Hasta el momento, había sido la organización Al Shabab, vinculada a Al Qaeda, la que había realizado estas macabras tareas.

Una mañana cargada de lóbregos simbolismos, que para algunos expertos no son más que una forma de manifestar públicamente el poder que se ejerce sobre un territorio, al modo brutal -castigos corporales, amputaciones- de los talibanes tras la conquista de Kabul en 1996.

«Estas prácticas eran desconocidas en Somalia. Las ha introducido Al Shabab», explica Christopher Albin-Lackey, investigador de Human Rights Watch para África.

MILICIAS PRÓXIMAS A AL QAEDA

Tanto las milicias de Hezb al Islam como las de Al Shabab están próximas a Al Qaeda y ambas combaten contra el gobierno de transición somalí.

La mayor parte del territorio está bajo su control y allí se aplica la versión más radical de la Sharia.

Somalia, país sin ley donde la miseria, la guerra, el fundamentalismo y la corrupción hace tiempo que despojaron al ser humano incluso de su derecho a vivir, se asoma de nuevo a Occidente. O quizás, habría que decirlo al revés.

Occidente mira con espanto a esa nación que corona el cuerno de África y que secuestra barcos en las aguas que la bañan. Pero, salvo algunas fotos atrapadas por intrépidos que arriesgan en ello su pellejo, la Vieja Europa contempla desde lejos los estragos de la Sharia, la draconiana ley coránica que cada facción de la milicia integrista islámica Hezb al-Islam interpreta a su manera.

ESPECTÁCULO CASI INÉDITO

La serie de fotos que ofrecemos son un espectáculo prácticamente inédito, no por ser público, sino porque las víctimas de las lapidaciones siempre han tenido en ese país nombre de mujer, como la de Aisha, esa niña de 14 años cuya historia amplió los horizontes del horror.

Aisha fue violada por tres capos del clan más influyente de la ciudad de Kismayo, al sur del país somalí, y además condenada a muerte el mes pasado.

Enterrada como Mohamed, tuvo una lenta agonía, hasta el extremo de que el lanzamiento de piedras se interrumpía para comprobar si le quedaba aliento.

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