Brasilia cumple 50 años con monumentos en obras y enlodada por la corrupción

Brasilia cumple 50 años con monumentos en obras y enlodada por la corrupción
. Agencia EFE

Brasilia, la «capital de la esperanza» y «del futuro», celebrará mañana su cincuentenario con un bajo perfil, con algunos de sus más reconocidos monumentos en obras y en medio de un escándalo de corrupción que incluso llevó a prisión a su gobernador.

Para las fiestas de los primeros 50 años de la ciudad, construida de la nada para sustituir a Río de Janeiro como capital de Brasil, las autoridades locales querían tirar la casa por la ventana y hasta llegaron a anunciar contactos con estrellas internacionales, como la cantante Madonna y el ex Beatle Paul McCartney.

Sin embargo, los planes de una fiesta tan grandiosa como lo fue la construcción de la urbe desde su primera piedra comenzaron a derrumbarse a fines de noviembre pasado, cuando fueron divulgados unos vídeos grabados con cámaras ocultas que revelaron una serie de corruptelas en el Gobierno regional.

En las imágenes aparecía un hombre de confianza del entonces gobernador José Roberto Arruda repartiendo a manos llenas gruesos fajos de dinero al propio jefe del Ejecutivo, así como a varios funcionarios, diputados y otros políticos.

Arruda resistió algunas semanas, pero en febrero fue detenido por la Policía Federal, fue destituido y recuperó la libertad hace diez días, aunque está procesado y no puede abandonar la ciudad por orden judicial.

Tras su caída, su cargo fue ocupado por su entonces vicegobernador, Paulo Octavio Alves, quien renunció dos semanas después de asumir y fue sustituido en forma interina por el que era presidente de la Cámara Legislativa, Wilson Lima.

La propia cámara eligió este lunes al diputado regional Rogerio Rosso para completar un mandato que concluirá el próximo 1 de enero, pero lo hizo en medio de protestas de grupos políticos que le acusan de estar también implicado en los escándalos.

Las investigaciones han obligado a paralizar decenas de proyectos viales y reformas que estaban en marcha en Brasilia, que en algunas zonas parece hoy el enorme cantero de obras que era hace poco más de medio siglo.

También se ha rebajado el tono de la fiesta de mañana, que sólo será animada por artistas locales, como Milton Nascimento y Daniela Mercury, los cuales participarán en un concierto popular en la Explanada de los Ministerios, una neurálgica avenida de la capital que concentra todos los edificios del poder público.

El escándalo que derrumbó al Ejecutivo regional el mismo año en que Brasilia celebra sus 50 años ha sido el más grave en la administración local, pero la ciudad ya ha visto cosas peores.

El momento más traumático fue en diciembre de 1992, cuando el entonces presidente brasileño, Fernando Collor de Mello, el primero elegido por el voto directo de los ciudadanos tras la dictadura militar, renunció al cargo acorralado por una incontenible catarata de denuncias.

También en 2005 la capital brasileña pasó meses sumergida en un clima de alboroto generado por acusaciones de corrupción y compra de votos en el Congreso que llegaron a hacer tambalear al Gobierno del actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, quien no sólo pudo superar el escándalo, sino que fue reelegido en 2006 para un segundo mandato.

Por atrasos debidos a razones diferentes al clima actual en el Gobierno regional, Brasilia celebrará sus 50 años con emblemáticos edificios de la ciudad también en obras.

Entre ellos figuran el Palacio presidencial de Planalto y la Catedral, dos de los proyectos más reconocidos del arquitecto Óscar Niemeyer, quien proyectó la mayoría de las edificaciones y monumentos de la nueva capital y se mantiene activo a sus 102 años.

La remodelación de Planalto, que empezó a fines del 2008 y obligó a Lula a mudar su despacho a un centro cultural, obedeció a que, 50 años después, el edificio simplemente quedó pequeño.

Fue proyectado para alojar a unos 600 funcionarios, pero a fines de 2008 trabajan allí 3.200 personas y otras 2.000 transitaban cada día por la sede de la presidencia.

La necesidad de las obras en el Palacio de Planalto reflejó el acelerado desarrollo que ha tenido la capital inaugurada el 21 de abril de 1960, que fue ideada para unos 600.000 habitantes y hoy tiene casi tres millones.

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