La violencia es generada por la presencia y poderío de los carteles del narcotráfico

Culiacán: «Aquí el narco manda»

Ciudad mexicana ha sido bastión de distintos capos del narco

Culiacán: "Aquí el narco manda"
Culiacán.

Muchos en Culiacán hablan -y muchas veces, susurran- sobre el temor reinante, de presiones y de las extorsiones a las que los carteles someten a los comerciantes y empresarios

«Estamos entre dos fuegos y no podemos hacer nada»: así describe Alma Herrera, ciudadana de Culiacán, el estado de ánimo de muchos en la capital de Sinaloa.

El 10 de julio de 2008, ella sintió en carne propia el impacto directo de ese fuego cruzado.

Sus dos hijos habían llevado un carro a arreglar a un taller mecánico en un barrio de Culiacán.

Mientras estaban allí, se desató una balacera entre supuestos narcotraficantes que dejó nueve víctimas -entre ellas, su hijo menor, Cristóbal.

«Como madre tengo impotencia, dolor y rabia», dice Herrera, desconfiada de que, algún día, la justicia mexicana descubra quién mató a su hijo.

Los casos como los de Cristóbal Herrera se multiplican en Culiacán.

Como en otras zonas de México, más y más civiles están cayendo en la violencia generada por la presencia y poderío de los carteles del narcotráfico.

Único dueño

La ofensiva del gobierno federal es vista por muchos como un elemento que ha incrementado esa violencia.

Otro factor son las batallas entre los propios carteles en disputas por el territorio y las rutas de la droga hacia Estados Unidos.

Desde hace décadas Culiacán ha sido bastión de distintos capos del narco: la ciudad tiene la fama de ser la cuna del narcotráfico en México.

En su libro «El Cartel de Sinaloa», el periodista Diego Enrique Osorno se remonta a principios del siglo pasado al hablar de los inicios del negocio del narcotráfico en Sinaloa.

Pero hoy se dice que Culiacán tiene un único dueño al que pocos se animan a disputarle su poder.

Aquí hay un amo y señor: Joaquín «El Chapo» Guzmán Loera, el narcotraficante más buscado de México y actual líder del poderoso cartel de Sinaloa.

En Culiacán se habla de él como un fantasma, una presencia aún en su ausencia: su paradero es uno de los secretos mejor guardados de México.

«Turismo narco»

Por Culiacán se puede hacer «turismo del narco»; desde la capilla a Jesús Malverde -un santo popular conocido como «el santo de los narcos»- al famoso restaurante de mariscos al que una noche, según la leyenda urbana, entró Guzmán, hizo cerrar las puertas, pidió cortesmente a todos los comensales sus teléfonos celulares y les pagó la cena a cambio de no revelar que se encontraba allí.

«Por aquí viven todos los narcos», comenta un chofer al pasar por un barrio pudiente de la capital, lleno de camionetas 4×4 y entradas privadas a casas lujosas.

Algunas de las paradas de ese circuito, sin embargo, no son simples anécdotas.

«Ahí, en esa gasolinera, se balearon la semana pasada, así que cuidado», advierte otra ciudadana al pasar, en referencia a un lugar en una zona supuestamente segura de la ciudad.

Muchos en Culiacán hablan -y muchas veces, susurran- sobre el temor reinante, de presiones y de las extorsiones a las que los carteles someten a los comerciantes y empresarios.

El «ser narco» parece haber permeado cada nivel de la sociedad «culichi», como se conoce a los oriundos de Culiacán.

«Ser narco no es sólo traficar o vender drogas», dice Javier Valdez, del semanario local RioDoce. «Ser narco también es, por ejemplo, proteger a un narco, o para algunas mujeres, ser amantes de narcotraficantes».

OmnipresenciaSegún Valdez, todo aquel que se beneficia del narco es cómplice de esta forma de vida.

Pero en una ciudad como Culiacán, admite, es difícil evadir la omnipresencia del narcotráfico.

Por ejemplo, cada vez que las fuerzas de seguridad lanzan una nueva megaofensiva -obligando a algunos criminales a dejar la ciudad-, los negocios se resienten.

Una ofensiva de las fuerzas de seguridad en 2008, se dice en Culiacán, casi diezma la industria de los restaurantes y cabarés de la ciudad: el negocio bajó un 70%.

Por eso, Culiacán ha aprendido que «el narco es una forma de vida», dice Valdez.

 

 

 

 

 

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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