Mandeep Singh: "Trabajé casi un año sin un día libre y sin cobrar"

El inmigrante que fue nueve meses esclavo en Bilbao

Estuvo sometido a condiciones ifrahumanas en un bar del barrio de Uribarri

El inmigrante que fue nueve meses esclavo en Bilbao
Mandeep Singh y su abogado. DE

Comenzó soltando 8.000 euros para que le regularizaran los papeles, algo que nunca ocurrió

«He estado durante más de nueve meses trabajando 16 horas al día sin ningún día de descanso y sin cobrar ni un sólo euro».

Han pasado ya más de cuatro años desde que Mandeep Singh decidiera dejar su aldea natal de Panyab, en la frontera entre India y Pakistán, para labrarse un futuro en Euskadi que ni él ni su familia tenían asegurado en su país.

Sin embargo, durante los últimos meses de su vida este joven de 25 años de mirada penetrante y rostro tímido se ha refugiado en una barrera de silencio a la espera de un sinfín de promesas que se marchaban antes de llegar y que, según denuncia, le han llevado a ser el protagonista de una espiral de precariedad, explotación laboral y condiciones infrahumanas.

Ahora, aunque reconoce tener miedo por las consecuencias que pueda tener, Mandeep ha decidido hablar por primera vez para que nadie más vuelva a pasar por la pesadilla en la que se había convertido su sueño. Y lo ha hecho con Yuri Alvarez de Deia, cuyo reportaje estremece.

«En mi país la situación no era buena y vine aquí para ganarme la vida honradamente«, explica a modo de presentación.

Pero roto el hielo inicial, Mandeep Singh va cogiendo confianza, aunque, a veces, le cuesta trabajo recordar lo vivido.

La pesadilla comenzó el 1 de octubre de 2009 cuando el joven indio conoció a L.M.C. propietario de un bar en el barrio bilbaino de Uribarri que le propuso asociarse con él para ser copropietario del establecimiento situado en la calle Tíboli.

Para ello, debía desembolsar 8.000 euros que, según lo acordado, también servirían para regularizar su situación administrativa.

«Pensé que era una buena oportunidad, por lo que pedí dinero a mis padres y a varios amigos y conseguí reunir esa cantidad».

Pero el joven indio estaba muy equivocado. Nada más comenzar a trabajar tras la barra del comercio, las buenas formas y las promesas de un futuro mejor comenzaron a esfumarse.

«Abría el bar a las ocho de la mañana y lo cerraba a las dos o tres de la madrugada. No tenía ningún día libre e, incluso, tenía una cama en el bar para quedarme allí a dormir».

Aún así, Mandeep decidió continuar a lo suyo y no hacer demasiado ruido. Tenía un trabajo, mucho más de lo que la mayoría de sus compañeros podían soñar.

«No podía decir nada, tenía un trabajo y me habían prometido que se regularizaría mi situación».

Sin embargo, el destino aún le guardaba una sorpresa que jamás hubiera esperado ni deseado recibir.

«Cuando pasó un mes me extrañé porque todavía no había cobrado. Cuando fui a hablar con mi socio me dijo que no iba a recibir mi sueldo mes a mes, sino de año en año. Trabaja más y ganarás más, me dijo».

Sin tiempo todavía para asimilar este nuevo rumbo que había tomado su situación, Mandeep decidió seguir haciendo lo único por lo que había venido al País Vasco: trabajar.

De esta manera pasó los siguientes 270 días de su vida, eso sí, sin cobrar y sin ningún día de descanso.

Despido inmediato Hasta que un día, la situación por la que estaba atravesando dio un cambio radical. Apenas habían pasado un par de horas desde que Mandeep, como cada día, había levantado la persiana del establecimiento cuando una persona, identificada pertinentemente como inspector, realizaba aleatoriamente trabajos de supervisión en los establecimientos de la zona.

«Ese fue el principio del fin».

Cuando su socio se percató de la inesperada visita, el joven indio le comentó que le había comunicado al inspector que llevaba meses trabajando sin estar dado de alta en la Seguridad Social.

«En cuanto sucedió eso me dijo que estaba despedido, que me fuera a la calle. Yo le dije que cuál era el motivo y me respondió que le tenía que haber dicho al inspector que era mi primer día de trabajo».

Sin embargo, esa no fue la última sorpresa que el destino había reservado a Mandeep. Cuando el joven pidió a su socio que le abonase los 8.000 euros y los meses que le debía, no sólo recibió un «no» por respuesta, sino que, además, siempre según su versión, éste le amenazó con «mandarle» a su país si ponía algún tipo de traba.

Contrariado por el giro que había dado su situación, Mandeep decidió comunicarle a un allegado suyo la situación en la que se encontraba.

«No sabía qué hacer ni a quién acudir. Cuando le conté a un amigo lo que me había ocurrido me dijo que no me lo pensara dos veces y que denunciase, que no me podían tratar de esa manera».

Guiado por los consejos recibidos, Mandeep decidió contratar los servicios de un abogado y poner el caso en manos de la justicia.

«Fue cuando le conté mi situación a Roberto y se prestó a hacerse cargo del caso».

Medidas legales A la salida del juzgado, Mandeep albergaba ayer un hilo de esperanza al que aferrarse tras pasar por el calvario del que afirma haber sido protagonista.

«Estamos ante un caso que roza la esclavitud«, afirmaba su representante legal, Roberto Cadenas. Ahora, casi un año después de empezar a trabajar, el joven indio reclama la cantidad de 87.612,88 euros en concepto de salario de los meses trabajados, las horas extras y el despido improcedente.

«Lo único que quiero es que me paguen por mi trabajo y olvidarme de este asunto«, explicaba a la salida del juzgado. Por el momento, la justicia será la que deberá dictar sentencia en un caso que, como el propio afectado advierte, no es un hecho aislado.

«Muchos compatriotas míos están en mi misma situación, pero no pueden hacer nada porque no tienen papeles».

Con el objetivo de conocer la versión de la otra parte implicada, este periódico trató ayer de ponerse en contacto en reiteradas ocasiones con el dueño del bar al que Mandeep reclama los cobros, sin obtener respuesta alguna al otro lado del teléfono.

 

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