El ministro de Educación, José Antonio Chang, nos recibió en su oficina el jueves al mediodía, antes de que el Sutep informara si participaría o no de la evaluación censal, postergada para el lunes 8 de enero.
En esta entrevista defendió con uñas y dientes la pertinencia de la prueba y planteó la necesidad de que el Sutep asuma posiciones menos radicalizadas.
–¿Pensó alguna vez que la evaluación a los profesores traería tanta cola?–Es cierto que todo proceso de esa naturaleza puede generar temor, pero cuando el Ministerio de Educación planteó la prueba lo hizo a partir de la solicitud de la mayoría de los propios maestros…
–Aclaremos, ¿no fue una iniciativa del presidente García?
–El Presidente habló de ello en su mensaje de asunción de mando y desde ese momento empezamos a trabajar en la propuesta. No es una evaluación punitiva.
–No le creyeron.
–Los dirigentes del Sutep cambiaron de opinión. Todas las conversaciones iniciales fueron del mejor nivel. Existían dudas porque, al parecer, las pruebas anteriores no habían sido hechas con una intención positiva. Según ellos, habían querido humillarlos, pero les respondimos que nuestro afán era simplemente hacer un diagnóstico.
–El problema vino después.
–Cuando el Ministerio salió a difundir la evaluación. De algunas regiones empezaron a llegar reticencias y nosotros dejamos en claro que la dirigencia nacional del Sutep ya había expresado su posición, incluso a través de un comunicado. Eso movió las aguas. Los más radicales del sindicato acusaron de vendidos a los de Patria Roja, de Caridad Montes, la secretaria general. Seguramente evaluaron que no podían quedar mal ante las masas.
–¿Es difícil la relación con el Sutep?
–Los sindicatos tienen la función de cautelar los derechos de sus agremiados, y eso está muy bien. El gran problema es que puede terminar perdiendo representatividad en tanto no defienda los verdaderos intereses del magisterio. Los profesores quieren capacitación. Y para dársela, primero tienes que conocer sus necesidades. ¿Cómo lo haces sin una evaluación?
–Hay propuesta de eliminar el Sutep.
–Como sindicato, probablemente funcione bien. Quizás habría que despolitizar a su dirigencia. Nadie puede negar que las actuales cabezas mantienen una filiación política radical con Patria Roja.
–Preferiría una dirigencia moderada.
–No, que se preocupe de las reivindicaciones sindicales, que ande más pendiente de la calidad de la educación.
–Más técnica y menos política.
–En efecto: que no se movilice en función de sus intereses políticos.
–¿Es imprescindible la evaluación? ¿No está suficientemente diagnosticado el problema de la educación peruana?
–De un grupo de personas, el 10 por ciento puede tener colesterol y otro 10 por ciento diabetes, pero no sabemos quiénes son. Acá pasa lo mismo. Una evaluación censal te permite enfocar tus políticas a quienes realmente las necesitan.
–¿Las evaluaciones previas no permiten eso?
–Lo que ha habido en el país no son evaluaciones con diagnósticos, sino concursos de plazas que no miden capacidades. Si andas mal en comprensión de lectura, necesitas capacitarte. O quizás en matemática. Si yo lanzo un programa de capacitación, ten por seguro que solamente irán los mejores profesores, los más preocupados por su progreso profesional. ¿Y el resto qué?
–Pero, claro, a nadie le gusta que le señalen sus defectos.
–Cualquier cambio en la educación tiene que ser con los maestros, no contra ellos.
–¿Y qué de los órganos formadores?
–Ahí empieza el problema. Los institutos pedagógicos no están formando adecuadamente, y las universidades no han articulado sus planes curriculares con la propuesta de educación nacional.
–¿Cuántos funcionan en el país?
–Más de 300. Ya hemos prohibido la inauguración de nuevos. Prácticamente cada provincia tiene uno. Hay que evitar la sobrepoblación de maestros. Actualmente son casi 400,000. Y culpar exclusivamente a los maestros de sus deficiencias resulta injusto.
–¿No es verdad que los bajos sueldos ahuyentan a la gente más capacitada?
–Es probable. ¿Pero qué nos queda? El promedio de edad de los maestros está entre los 40 y los 45 años. Significa que les quedan, por lo menos, veinte años más de labor. ¿Tú crees que nos interesa pelearnos con ellos? Y, segundo, cualquier cambio en la formación magisterial recién lo veremos de aquí a cinco años, como mínimo. ¿Y mientras tanto? ¿Cuál es la solución? Capacitar a los maestros que tenemos hoy en día, pues. Seamos realistas.
–¿Pero no existe manera de hacer más atractiva la carrera magisterial?
–Reconozco que durante el gobierno del presidente Toledo se hizo un buen esfuerzo para elevar los sueldos.
–¿Y eso no atrajo a mejores cuadros?
–No. No nos engañemos. Sueldos más elevados no atraen a mejores elementos. La reivindicación de la carrera magisterial pasa por otros procesos, entre ellos, la capacitación. La sociedad reconocerá a los maestros en la medida que se capaciten y los chicos mejoren en su aprendizaje diario. Solo el 12 por ciento de los alumnos comprende lo que leen. Si logramos elevar esa cifra al 16 o 17 por ciento, ya habremos encontrado una ruta adecuada.
Estado desconfiado
–¿Usted es educador de profesión?
–Soy ingeniero de profesión, pero con estudios de posgrado en Educación.
–Usted viene del sector privado, de la Universidad de San Martín de Porres. ¿Se nota mucho el cambio?–Sí, definitivamente. El sector público y su gestión están basados en la desconfianza, que dilata gestiones importantes y urgentes. Hay cosas que debemos resolver para ayer, pero como el Estado desconfía, pone 200 barreras. En un colegio de Pamplona se cayó una pared y para levantarla de nuevo hay que sortear muchos obstáculos…
–¿Cuánto demoró?
–Sigue demorando, hace más de seis meses.
–Pero eso es absurdo.
–Ese es el Estado. Y ocurre en todos los gobiernos, no solamente en el del presidente García. Oye, trasladarle fondos a una escuela es un verdadero drama. No sabes lo que demora. Quizás una municipalización, una gestión más cercana, pueda mejorar eso. Finlandia tiene absolutamente municipalizada la educación inicial y primaria. Es un modelo que puede revisarse.
–¿La educación pública debe seguir siendo gratuita?
–Creo que sí. En un país como el nuestro, es indispensable.
Por Enrique Patriau.
Fotos: Claudia Alva.
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