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El Gorila Rojo se sube al árbol

Periodista Digital 31 May 2007 - 10:21 CET
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(PL).- La ignominia tiene nombre: Hugo Chávez. El cierre de RCTV ha desatado una ola de protestas en Venezuela, protagonizadas sobre todo por estudiantes de universidades públicas y privadas, a los que los sicarios del régimen atacan a balazos.

Sólo Globovisión ha transmitido en vivo las protestas. Esto ha vbalido a sus valientes periodistas el ataque feroz del Gorila Rojo, que en cadena nacional de radio y televisión -con todos los medios del país transmitiendo su mensaje-, les ha acusado de promover las protestas, y de crear el clima para un golpe de Estado en su contra.

Chávez les amenaza con «ajustarles el mínimo», lo que se traduciría en un cierre por 72 horas de su señal.

Y con ese telón de fondo, escribe Alfonso Rojo en ABC que echa en falta una carta de Zapatero:

Un mensaje similar al que firmó al alimón con el turco Erdogan en «The Herald Tribune», pero esta vez -en lugar de criticar la publicación de caricaturas de Mahoma- para poner a caldo a Hugo Chávez.

Lo del Gorila Rojo no es de recibo.

No sólo porque haya cerrado la cadena RCTV y ocupado la frecuencia con su televisión, sino porque anda corriendo a balazos a los estudiantes y amenaza con clausurar Globovisión y cualquier medio de comunicación «desafecto».

Alguno de su asesores debería decir a Zapatero que con amigos como Chávez no se puede ir ni a apañar billetes de 100 dólares. En la vida se puede hacer casi todo, menos el ridículo y lo estamos haciendo.

Para ser más exactos: nos lo está haciendo hacer y a nivel planetario el Gobierno Zapatero, que ha convertido a tipos como Chávez en uno de nuestros principales aliados.

Los españoles somos parte de ese pequeño y privilegiado porcentaje de la Humanidad que habita en países donde impera la paz, se respetan los derechos humanos, se cumplen las leyes, existe Seguridad Social, el Estado se preocupa por los desfavorecidos y se mima la libertad de expresión.

Nuestra sociedad no deja morir de hambre a los débiles, no tolera la brutalización de las mujeres, no acepta que se explote a los niños, trata de proteger al menesteroso y no tirotea estudiantes o apalea periodistas.
En eso, somos como Francia, Alemania, Gran Bretaña o Italia. No como la Venezuela de Chávez, la Nicaragua de Ortega, la Bolivia de Evo Morales, la Cuba de Fidel o el Irán de Ahmadineyad.

Hemos crecido hasta convertirnos en la décima potencia económica del Planeta y tenemos una Historia plagada de personajes ilustres. No puede ser nuestro aliado internacional un tipejo como Chávez que, refiriéndose a los opositores, dice ufano:
«Chillan como cochinos camino del matadero y ahora, después de darles palos durante seis años, vamos a propinarles el nocaut definitivo».

Uno no elige a sus parientes, pero sí a sus amigos y Zapatero está obligado, por decencia y vergüenza torera, a escoger con más sensatez las amistades de España.

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