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Venezuela: 50 años de democracia

Periodista Digital 24 Ene 2008 - 11:23 CET
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Carlos Chirinos (BBC Mundo).- La madrugada del 23 de enero de 1958 se escuchó en Caracas el rugido de la «Vaca Sagrada». Era el avión en el que el último gobernante militar de Venezuela, el general Marcos Pérez Jiménez, abandonaba el país y el poder.

El 23 de enero fue la fecha culminante de un proceso que se había venido gestando a todo lo largo del año anterior, con expresiones de descontento entre estudiantes, intelectuales, la iglesia Católica y con conspiraciones militares en gestación.

Finalmente, en diciembre de 1957, el manejo fraudulento del plebiscito con el que Pérez Jiménez aspiraba a prolongar su mandato desató la crisis terminal, particularmente dentro del sector militar.

El primero de enero, aviones de la Fuerza Aérea bombardearon Caracas.

El movimiento fracasó, pero la estabilidad gubernamental estaba definitivamente rota: 22 días después, el general-presidente salía rumbo a República Dominicana, donde su colega Leónidas Trujillo le daría protección.

Espíritu unitario fracturado

Hoy los venezolanos recuerdan lo que se conoció como «el espíritu del 23 de enero», en referencia al ambiente unitario que facilitó la caída de Pérez Jiménez, construido entre los partidos políticos en la clandestinidad o bajo persecución, la iglesia Católica, estudiantes, militares, intelectuales y gente común.

Cincuenta años después, la celebración no tiene ese mismo espíritu unitario.

La llegada de la democracia tiene varias lecturas políticas, marcadas por la polarización característica de la Venezuela del presidente Hugo Chávez.

Chávez asumió el poder negando la validez de los 40 años de gobiernos democráticos que le precedieron, los que supuestamente «traicionaron» la rebelión popular que derrocó a Pérez Jiménez.

Chávez cuestionaba el Pacto de Punto Fijo, nombre de la alianza de gobernabilidad que suscribieron los principales partidos políticos venezolanos al término de la dictadura, como un «pacto de élites» que habría negado el acceso del pueblo al poder.

De hecho, durante sus primeros años de gobierno, la fecha del 23 de enero, tan destacada por los gobierno anteriores, pareció destinada a diluirse en la memoria.

Revalorización histórica

Para este aniversario, en cambio, el gobierno ha organizado una serie de celebraciones, pero enfatizando figuras cuya actuación fue opacada o relativizada en función de los desarrollos políticos posteriores.

Ése es el caso de Fabricio Ojeda, un joven periodista que presidió la clandestina Junta Patriótica en la que dirigentes políticos de todos los partidos trabajaron contra el gobierno militar.

Al poco tiempo de la caída del gobierno militar se generaron roces entre esa dirigencia política local y los líderes que regresaban del exilio a «retomar» el mando de sus organizaciones, como Rómulo Betancourt en la socialdemócrata Acción Democrática o Rafael Caldera en el socialcristiano partido Copei.

Ambos hombres siempre fueron considerados como «los padres de la democracia venezolana».

Pero hoy Caldera, el único sobreviviente de aquella generación de líderes, pese a su condición de expresidente, está ausente de las celebraciones oficiales.

Icono

Con el paso del tiempo, Ojeda se distanciaría de esa dirigencia política y en 1962 dejaría su curul en el Congreso para sumarse a las guerrillas de izquierda que empezaban a actuar contra Rómulo Betancourt, primer presidente de la era democrática.

En 1966, Ojeda fue apresado y murió en poder de la policía.

Se suicidó en su celda, según la versión oficial, a la que no todos dieron crédito.

Los actos oficiales de este 23 de enero empezaran en el Cementerio del Sur, justamente frente a la tumba de Ojeda, quien se ha convertido en uno de los íconos de la llamada revolución bolivariana.

A la oposición, este 23 de enero los sorprende en el trance -al menos discursivo- de la necesidad de construir una nueva unidad de lo que definen como las «fuerzas democráticas» ante el compromiso de las elecciones regionales previstas para fines de año.

Movimiento estudiantil

Sin embargo, hasta la coordinación sobre cómo marcar la fecha ha sido complicada.

Finalmente, ha sido el movimiento estudiantil -al que el gobierno vincula con la oposición- el que pareció marcarle la senda a los opositores, organizando una marcha por el centro de Caracas para pedir la liberación de presos vinculados a eventos políticos, como el frustrado golpe de estado de abril de 2002.

En lo que si coinciden los detractores de Chávez es en el rechazo al enfoque de la celebración oficial del cincuentenario democrático venezolano.

Además, acusan al sector oficial de «reescribir» la historia, negándole valor a los partidos tradicionales en la construcción del sistema democrático.

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