
(PD).- Íngrid Betancourt fue llevada por rebeldes de las FARC el 21 de febrero en muy mal estado a un dispensario de una aldea del Guaviare, en el sur de Colombia, donde fue atendida, según el testimonio de un campesino de El Capricho.
La fuente, no identificada por razones de seguridad, indicó al diario que los hechos ocurrieron en la aldea de El Capricho. El testigo, que tuvo que huir del municipio, contó que el cuerpo de la ex candidata se perdía entre un impermeable verde que la cubría completamente. Estaba demasiado flaca y amarilla, pero después de haberla visto tantas veces en la televisión era imposible no reconocerla.
Betancourt no hablaba. Acataba «casi sin alientos» lo que el personal médico le pedía. Asentía con la cabeza cuando le preguntaban si le dolía la parte del estómago que le tocaban.
Dos horas, con cinco guerilleros para vigilar
Dos horas habría tardado tendida en una camilla, donde le pusieron suero y varias inyecciones, mientras tres guerrilleros permanecían afuera del centro de salud y otros dos en la puerta.
El testigo en huida contó que pidieron a los subversivos permitir una remisión inmediata de la paciente al hospital de San José del Guaviare, pero se negaron. Insistieron en que lo único que necesitaban era que la estabilizaran para llevarla a un lugar donde ellos atendían a los enfermos.
El diagnóstico, según los que tuvieron acceso luego al caso, fue de «pronóstico reservado». Íngrid, por la descripción que hicieron, tendría, además de hepatitis B, leishmaniasis y paludismo.
Un municipio militarizado y abandonado
El Capricho está hoy militarizado, y en manos de la gerencia de la Red de Servicios de Salud del Estado de San José del Guaviare hay una denuncia de «infracción a la misión médica» por el ingreso de «m0ilitares armados» «y constante cuestionamiento al personal asistencial». Con fecha del 17 de marzo, da cuenta de que el médico renunció y de que la enfermera auxiliar y el conductor piden traslado.
Hacía rato que en el Guaviare estaban en ascuas cuando el Defensor del Pueblo, Vólmar Pérez, le dijo al país que después de varios testimonios contrastados podía decir que Íngrid estaba «en difíciles condiciones».
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