(PD).- El golpismo, la prensa poco objetiva, los intereses políticos ocultos y una especial inquina contra ella por su condición de mujer son los argumentos esgrimidos ante de decenas de miles sus simpatizantes congregados en la Plaza de Mayo, por la presidenta argentina Cristina Fernández para explicar los ataques producidos contra su gestión desde que hace una semana se agravara la huelga de productores agropecuarios que hoy, miércoles, entra en su día 21.
La mandataria argentina vive las horas más bajas de su corta gestión tras 20 días de paro agrario. «Los argentinos nos hemos alejado del infierno y no queremos volver a él», afirma. Cristina Fernández ruega a los productores agrarios que levanten los piquetes y liberen el tránsito en las carreteras.
Por cuarta vez desde que comenzó la protesta agraria, Fernández se dirigió este martes a la nación, haciendo gala de una caradura impresionante. Mientras, su equipo económico negocia con las cuatro patronales del sector.
«Dividir a los productores levantados y minar su imagen ante el resto de la sociedad aparece ahora como el objetivo central de la Casa Rosada», señalaba hoy el analista Martín Rodríguez Yebra.
Si el gobierno consigue su objetivo, es posible que las organizaciones levanten el paro mañana, miércoles, y se sienten a dialogar sobre la situación del campo argentino.
Entretanto, el ex presidente Néstor Kirchner ha puesto en marcha, por segunda vez en una semana, la maquinaria peronista para demostrarle a los productores agrarios y a la oposición que su esposa no está sola en la pelea.
Columnas de sindicalistas, piqueteros y organizaciones sociales próximas al Partido Justicialista (PJ, peronista, en el poder) colapsaron el centro de la capital para alcanzar la Plaza de Mayo, donde Fernández llamó a los agricultores a desbloquear las carreteras del interior del país y dejó claro que no le falta coraje para cumplir con el mandato presidencial.
«No se confundan con mi aparente fragilidad», dijo la presidenta ante miles de simpatizantes en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada (Casa de Gobierno), durante un discurso enérgico plagado de menciones a su triunfo electoral, a los logros de Kirchner y evocaciones al fantasma de la dictadura militar (1976-1983).
«Los argentinos nos hemos alejado del infierno y no queremos volver a él», afirmó Cristina Fernández, que se presentó impecable, con la melena algo más corta, y un discreto traje azul, a darse un baño de multitudes en «la plaza del reencuentro y la reconciliación de los argentinos», dijo.
Fernández recuperó así, simbólicamente, el escenario donde la pasada semana se enfrentaron piqueteros peronistas y vecinos de Buenos Aires descontentos con la política gubernamental por primera vez bajo su mandato.
Fernández acusa a las patronales agropecuarias
Hoy, tras dejar claro que no se amedrentará y acusar a las patronales agropecuarias de apoyar la dictadura militar que sumergió a Argentina en la etapa más negra de su historia, Fernández bajó el tono y «rogó» a los productores agrarios que levanten los piquetes y liberen el tránsito en las carreteras.
Después, arropada por Kirchner, abandonó el escenario y bajó a estrechar las manos de sus seguidores antes de abandonar el recinto en helicóptero, como acostumbra a desplazarse por la ciudad.
Una multitud la vitoreó y aplaudió, en medio de una marea de banderas y pancartas de organizaciones próximas al peronismo, como la Asociación de Madres de Plaza de Mayo encabezada por Hebe de Bonafini, que hoy selló su alianza con Fernández al regalarle el pañuelo blanco que utiliza en sus reclamos por los desaparecidos de la dictadura.
El discurso, transmitido en directo por las principales cadenas de radio y televisión, no hizo mella en los piquetes agrarios que mantienen bloqueadas las carreteras.
«Casi nadie la ha escuchado, es más de lo mismo», apuntó un dirigente agrario de la provincia de Córdoba al término de la intervención.
Pero, si las palabras de Fernández no despejaron las dudas sobre la salida del conflicto, sí alimentaron la batalla por recuperar el apoyo de la opinión pública tras los «cacerolazos» en su contra que se escucharon la pasada semana en las principales ciudades de país.
Si logró convencer y remontar la caída en su imagen pública se verá en los próximos días.
De momento, la intensa tormenta de viento y granizo que cayó sobre Buenos Aires inmediatamente después de su discurso se convirtió en el centro de atención de medios de comunicación y vecinos, cansados de 20 días de huelga.
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