(PL).- Noventa y dos inmigrantes ilegales de cada cien detectados por Interior se estrellaron en 2007 contra el muro de la deportación. Sólo los más afortunados consiguieron quedarse en España. No pueden ser expulsados, pero tampoco obtienen el permiso de residencia. Desde que quedan en libertad, nada se sabe oficialmente de ellos.
La la revista Interviú cuenta en su último número la historia de uno de ellos.
Ladial vive en Roquetas de Mar (Almería), y ha vivido con sus compatriotas senegaleses del barrio de las 200 viviendas toda la tensión de estos días, tras el asesinato de un inmigrante de su país. Ladial es libre, pero está preso de su propia libertad.
Nadie le persigue, pero resulta invisible para la mayoría de los trabajos porque no tiene papeles de residencia, es un ilegal sin huella, sin rastro documental. Ladial cuenta su historia en una cuneta de una de las carreteras que llevan a Roquetas, por donde pasea sin nada que hacer con otros cuatro subsaharianos.
Llegó en patera a Canarias el año pasado. Según relata, tras la dureza de un viaje “en el que tuvimos que tirar por al borda a un compañero muerto”, fue detenido y enviado a un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros) en Gran Canaria. Antes de los 40 días de estancia máxima permitida en el centro, fue trasladado a Almería. Desde que le pusieron en libertad vive en Roquetas.
Allí, le renquea una pierna por una fuerte entrada jugando al fútbol, pero sobre todo le cojea el orgullo: “Desde que llegué no he podido trabajar en nada; vivo sólo de lo que mis compañeros me dan”.
Más en América
CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL
QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE
Buscamos personas comprometidas que nos apoyen
CONTRIBUYE
Home
América
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Deportes
Legislación
CódigoXY
Aviso legal
Política de Privacidad
Política de cookies