
El progreso y desarrollo de las sociedades occidentales está ocasionando la «desaparición física» de los pueblos indígenas del mundo, víctimas de enfermedades, la marginación y el hambre.
Así lo señaló a Efe el portavoz de Survival Internacional, Miguel Ángel del Ser, quien destacó el caso de los pueblos indígenas amazónicos, muchos de los cuales se encuentran al borde de la extinción por la acción de las industrias madereras, petroleras y agropecuarias.
«En Perú la tala ilegal en reservas territoriales indígneas ha llevado a la desaparición del 50 por ciento del pueblo Murunagua, a causa de enfermedades respiratorias», reveló del Ser, quien añadió que el 50 por ciento la amazonía peruana se encuentra «abierta a la explotación petrolífera e industrial».
Destacó también que en la zona selvática del Iguazú, entre Brasil y Argentina, donde vive una tribu de los guaraníes, los niños de ese pueblo indígena están muriendo de hambre y un 60 por ciento se encuentra en estado de desnutrición.
El caso de los guaraníes es significativo respecto a las consecuencias que produce la desestructuración cultural generada por la imposición de la civilización occidental, y que tiene en las tasas de suicidio su perfil más dramático.
Tal como lo detalló del Ser, entre 1985 y el 2000 han habido 300 casos de suicidio en este pueblo, que «no es tan numeroso», y cuyas tasas de suicidio supera a la media nacional del país donde se asienta.
Survival Internacional presentó esta semana el informe «El progreso puede matar», en el que pone de manifiesto que el progreso «no reporta una vida larga y feliz» a los pueblos indígenas, sino «una existencia corta y desoladora, con la muerte como única escapatoria».
«El desarrollo es para las sociedades occidentales, no para los pueblos indígenas, que son los que sufren todas esas actuaciones y son los que mueren», recalcó a Efe del Ser.
El documento ofrece datos reveladores del nivel de «exterminio» que ha producido el avance occidental, y afirma que el 90 por ciento de los indígenas americanos murió tras el contacto con los europeos por enfermedades o por una pura política de exterminio.
El texto expone como ejemplo el caso de las islas Andamán (océano Índico), donde hoy sólo quedan 53 indígenas de una población que ascendía a 6.700 cuando llegaron los británicos en el siglo XIX.
En la región amazónica, los guaraníes cayohua han sido expulsados de sus tierras y viven al borde la carretera, «literalmente muriéndose de hambre», recordó del Ser.
«Al expulsarlos de sus tierras se les corta sus ciclos de caza y cultivo, y dependen de la alimentación que les de el gobierno», señaló.
El portavoz de Survival hizo hincapié en la «doble realidad» que existe en Brasil, país en donde, sobre el papel, hay una legislación bastante avanzada a favor de los pueblos indígenas, pero que en la práctica permite casos drámaticos como el del pueblo Agunzu, arrasados por la industria ganadera y del que en la actualidad sólo sobreviven seis representantes.
De mantenerse este panorama, del Ser señaló que las perspectivas a futuro que les espera a los pueblos indígenas no sólo es la desaparición cultural, sino «la muerte y la desaparición física». EFE
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