La decapitación de ocho musulmanes chiítas es, de nuevo, al estilo Hollywood: con efectos y con las imágenes muy cuidadas.
Esta vez se realiza en la provincia de Hama, en el centro de Siria.
Los hombres ejecutados vestían el tradicional uniforme naranja y tenían las manos atadas.
Habían sido conducidos por un grupo de jóvenes al centro del campo en donde aguardaban miembros de EI.

Un menor vestido de negro entregó puñales a los combatientes y son ellos los que proceden a decapitar a los prisioneros.
Uno de los combatientes llama a sus ejecutados como «infieles impuros» y agrega que la campaña militar que busca frenar a ISIS «sólo logrará fortalecerlos».

En Líbano, familares de Younes Hujairi -uno de los secuestrados en enero en la frontera de Siria- dijeron haber visto que uno de los militares alzaba la cabeza de su familiar.
Sin embargo, no se ha confirmado si Hujairi se encuentra entre estos infelices.
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