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Riéndose a carcajadas, arrojando al suelo y volviendo a coger la cabeza de un barbudo prisionero -con seguridad algún fiel de Bashar Al Assad-, a quien han decapitado instantes antes.
Son los fieros militantes del Ejército Libre de Siria, referente al conjunto de grupos paramilitares quienes bajo lealtad jurada al Consejo Nacional Sirio o simpatia a llamada Revolución Siria, luchan contra las Fuerzas Armadas Sirias y milicas leales al gobierno del mentado presidente.
El grupo nació de una amalgama de desertores del ejército sirio, la mayoría musulmanes suníes, con la participación de amateurs locales y, paulatinamente, combatientes de otros países de la ‘Primavera Árabe’ como Libia.
Arabia Saudí y Qatar los financiaron y equiparon con armas ligeras, lo que reforzó su carácter islamista. El surgimiento del sector más radical, mejor financiados por ambos países, los fue debilitando.
El ELS apenas llegó a funcionar como un bloque compacto a pesar del apoyo logístico turco. Con el país atomizado, cada falange defendió su sector. La frustración porque Occidente no les daba mejores armas para vencer a Asad, o los forzaba a enfrentarse únicamente al IS, los llevó a elegir entre el exilio o pasarse a las filas extremistas. Este transfuguismo ha forzado la reciente suspensión del programa de entrenamiento emprendido por EEUU.
En sus ratos libres juegan con las personas a quienes ejecutan, en un atroz y macabro cuadro que ha quedado colgado en el vídeo que acompaña a estas líneas, grabado durante estas últimas horas.
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