Los yihadistas del autodenominado Estado Islámico prohibieron organizar eventos deportivos cuando conquistaron la ciudad siria de Raqqa, hace ya dos años. Declaran que el fútbol es contrario al Islam, y no hay piedad para quien osa infringir la sharia.

No en balde, en enero de 2015, los terroristas asesinaron por «violar la ley islámica» a 13 jóvenes que veían por televisión un partido de fútbol entre las selecciones de Irak y Jordania de la Copa de Asia.

Las atroces escenas dan fe de cómo se las gastan al respecto: cuatro famosos futbolistas, acusados además de espiar para los rebeldes kurdos, acaban de ser decapitados en público, -en su mayoría niños- según da cuenta ‘Daily Mail‘.

Las víctimas, eran integrantes del popular equipo Al Shabab, y resultaron ser Osama Abu Kuwait, Nihad al Hussein, Ihssan al Shawakh y el hermano de éste, el director técnico del equipo, Ahmed al Shawakh, y a otro individuo no identificado.

El presidente de la Unión General de Deportes, Muafak Joma, condenó los brutales crímenes, pero al mismo tiempo admitió que no le resulta extraño el sanguinario comportamiento de esta organización extremista, que habitualmente comete acciones similares.



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