Un martirio diario vive en El Cairo, Egipto, la peruana Graciela Ana Valderrama Sandoval, a quien su esposo, el musulmán Mahmoud Hassan, la llevó hace diez a ese país para mantenerla prácticamente secuestrada y sometida a constantes maltratos.
La mujer conoció a Hassan en Roma, Italia, cuando ambos trabajaban como comerciantes de artesanías. Se casaron y tuvieron una niña pero por la difícil relación que tenían, Graciela Valderrama advirtió al musulmán que se separaría de él.
Conciente del inminente término de su relación, Hassan invitó a Graciela a hacer un último viaje juntos. El destino era El Cairo, lugar de origen de Hassan y de donde este no la deja volver hasta ahora.
El musulmán se vale de las reglas que hay en su país para mantener a Graciela a su lado, pues de probarse que una mujer traiciona a su pareja sería sometida a mutilaciones genitales.
Según un informe emitido por «ATV Noticias», la pareja tuvo dos niñas más lo cual aumentó la ira del musulmán a la peruana, pues este ansiaba tener un niño para hacerlo su heredero.
Desde El Cairo, Graciela clamó por ayuda a las autoridades peruanas y narró que entre otros abusos, Hassan la golpeaba sin piedad con un martillo en la cabeza, aún en presencia de sus niñas y por más que estas le lloren pidiéndole que cese su maltrato.
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