Enrique Iglesias, Secretario General Iberoamericano, ha visitado la ciudad de Lima para ser investido Doctor Honoris Causa por la Universidad San Ignacio de Loyola. Iglesias encarna un imperativo continental de unidad y concordia. Las instituciones están formadas por personas y son ellas las encargadas de imprimir un ideal superior a los afanes de cualquier organización eficiente.
Pese a los problemas de las Cumbres Iberoamericanas, propios de cualquier foro político, la labor de Enrique Iglesias ha sido excepcional. Si hoy estamos un centímetro más cerca del sueño de Bolívar ello se debe, en buena medida, al aporte silencioso de Iglesias y su equipo. Él ha sido, para este continente, un gran conciliador.
Latinoamérica necesita mujeres y hombres así. Los latinoamericanos tenemos mucho que aprender de Enrique Iglesias y su talante mediador. Si somos débiles hasta la insignificancia es por causa del sectarismo de nuestra política. Si nos hundimos en la rapiña es por la traición a los ideales republicanos. Y si estamos hartos de los piratas del erario público ello se debe, por supuesto, al pobrísimo nivel de nuestra clase dirigente y al voto insensato con que premiamos a los outsiders improvisados.
Latinoamérica quiere la unión. Los políticos no lo comprenden. Nuestra derecha, enfrascada en una guerra civil ideológica y en escándalos de corrupción, naufraga sin partidos de masas. La izquierda más rancia y oportunista apoya el caudillismo primitivo del socialismo del siglo XXI, voluntariamente comprometido con los viejos valores del marxismo y la nueva estrategia de Caracas. Para ellos, fuera de ese esquema, todo es desviación, materia de autocrítica.
El centro, ese lugar en el que se ganan las elecciones, es un pampón, un erial en busca de arquitecto. Para fundar una opción centrista hay que apelar a la concertación. Algunos chilenos así lo comprendieron y por eso gobernaron no cinco, ni diez, sino veinte años. La unidad de los políticos es una premisa fundamental si queremos enfrentar a la pobreza, derrotar a la miseria y plantarle cara a la corrupción.
La unidad de los actores sociales es un requisito básico para emprender las transformaciones imprescindibles que precisa la región de cara a un nuevo orden mundial en el que Latinoamérica puede y debe pesar más. Conciliar, en nuestro caso, es gobernar.
¿En dónde está nuestros grandes conciliadores? ¿Acaso los latinoamericanos hemos sido condenados a la división? Los grandes estadistas, los verdaderos políticos suman, no restan. Construyen en un espacio concreto un edificio destinado a sobrevivirlos. Así lo ha hecho Enrique Iglesias. La SEGIB siempre mantendrá el señorío que el uruguayo ha sabido imprimirle, dejándonos a todos un ejemplo cabal de servicio, auctoritas e imaginación. He aquí un latinoamericano. He aquí un líder de verdad. (Martín Santivañez Vivanco)
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