Diez años después de la operación Chavín de Huántar, Domingo (La República-Lima) reunió –en la réplica de la residencia del embajador japonés, en Chorrillos– a cuatro comandos que participaron en la intervención militar. En el reencuentro los oficiales hicieron revelaciones de la operación que salvó la vida de 71 rehenes y puso punto final a un secuestro que llevaba cuatro meses.
Paso a paso, los cuatro comandos recorren los interiores de la réplica de la residencia del embajador de Japón, en Chorrillos. Visten uniformes similares a los que llevaban puestos en esos minutos decisivos y reconocen cada rincón. Han pasado diez años desde aquella tarde del 22 de abril de 1997 y la memoria de cada uno de los comandos empieza a retroceder entre sonidos de balas y explosivos. A pesar de las versiones que cuestionan su desempeño, ellos insisten en que cumplieron con éxito una misión compleja: lograr el rescate de los rehenes.
El coronel Hugo Robles, el capitán Luis Marca, el teniente Luis Donoso y el teniente Parris Durand pertenecían a la Brigada de Fuerzas Especiales del Ejército, una de las más preparadas de las FFAA, cuyos efectivos estuvieron destacados en zonas de emergencia o en el Cenepa. Ahora recuerdan lo que ocurrió aquella tarde.
El coronel Robles era uno de los que mayor responsabilidad tenía, durante tres meses practicó el plan para ocupar el segundo piso de la residencia. «Había decidido no solo ingresar por la puerta principal sino también, usando una escalera, por el balcón del cuarto conocido como «I», donde se encontraba un grupo de japoneses, cuando visité el lugar disfrazado de policía y con una cámara me di cuenta de que una ventana de ese cuarto estaba abierta, solo teníamos que volar la reja y poner una escalera», recuerda el oficial.
Minutos antes de la hora clave,a las 3 y 23 de la tarde de ese 22 de abril, los comandos estaban en su punto, un grupo en los túneles y otros en las casas contiguas a la residencia. Un subfusil HK con silenciador les permitiría diferenciar sus disparos de las armas emerretistas. El coronel Robles cuenta que al recibir la orden del general José Williams Zapata, el encargado de la operación, notó algo en su cara: le latía el párpado izquierdo de tanta tensión. Cada uno también llevaba en su pensamiento a la familia. Un día antes Robles se dio una escapada a su casa para despertar a su hija de un año y siete meses y tomarse una foto. El teniente Parris Durand, con tan solo 25 años de edad, soltero, y toda una carrera militar por delante, confiaba que su labor de francotirador ayudaría a cubrir el ingreso de sus compañeros. «Cada uno sabía su trabajo, estaba seguro que lo haría bien», recuerda.
A esa misma hora la esposa del comando Luis Donoso, con siete meses de embarazo, veía apaciblemente su telenovela. De pronto, una interrupción en la transmisión la sorprendió como un pellizcón en la espalda. Sabía que uno de los hombrecitos de verde que corrían a la velocidad de un roedor hacia la puerta de la residencia era su esposo. La idea fatalista que le vino inmediatamente a la cabeza fue ir al hospital para reconocer su cuerpo.
Mientras la esposa de Donoso se estremecía en casa, el capitán Luis Marca corría hacia la puerta de la residencia esquivando las balas que un emerretista le disparaba desde una ventana del segundo piso. El coronel Robles le había encargado una labor que dejaba su vida a la suerte del destino: ser el primer hombre en ingresar a la residencia por la puerta principal. Por esos días previos a la intervención, el comandante Juan Valer le jugaba algunas bromas sobre la muerte. «Me decía que el «Árabe» me iba a cortar en pedacitos. Yo solo le respondía que no se preocupe, que ya sabía que iba a morir», relata ahora.
El plan del ingreso por la terraza –por donde lograron salir la mayoría de rehenes– también había sufrido un cambio. El coronel Robles recuerda que inicialmente fue el comando Renand Miranda –veterano de zonas de emergencia– quien iba a encabezar ese grupo, pero el comandante Juan Valer se presentó diez días antes con un grupo de diez efectivos con el objetivo de rescatar y proteger al canciller Tudela, al embajador Morihisa Aoki y al hermano del presidente, Pedro Fujimori.
Frente a la puerta de la residencia y con las explosiones retumbando en el interior, el capitán Marca contaba los segundos para volar el ingreso. «Un marino debía colocar el explosivo, pero nos dimos cuenta de que no teníamos el palo que debía sujetarlo, lo único que vi cerca fue un rastrillo y se lo alcancé, el explosivista me dijo que eso no era, y empezamos a discuitir, imagínate en esas circunstancias, al final lo puso y funcionó, entonces entré», recuerda.
Mientras tanto, el comandante Valer subía por la escalera que daba a la terraza. El comandante Renand Miranda –quien finalmente decidió darnos una entrevista en El Pentagonito– recuerda que cuando corría hacia la puerta blindada que había sido abierta por los propios rehenes para escapar vio a Tudela herido. «Valer ya estaba tirado por las balas de un emerretista, entonces me acerco a la puerta para disparar y un balazo de AKM me cayó en el plexo derecho, mi arma se fue el suelo y ya no pude avanzar más, me tuvieron que evacuar», relata el comandante.
Dentro de la residencia, Marca seguía las reglas establecidas para el operativo. «Se debía hacer un tiro de carácter selectivo, detrás venía otro grupo que se encargaba de verificar si ese objetivo se encontraba vivo o muerto, pero cuando yo entré no se veía nada, solo había humo en el aire. A pesar de los entrenamientos, no fue fácil encontrar la escalera. Solo cuando llegue al último escalón se empezaron a escuchar los balazos de los emerretistas de abajo, al parecer recién se había repuesto del impacto de las explosiones «, relata.
El coronel Robles relata que fue en un cuarto del segundo piso donde tres emerretistas –además de tener su arsenal– se habían refugiado para disparar hacia el pasadizo. Así lograron herir mortalmente al capitán Raúl Jiménez y al vocal Carlos Giusti. Pero durante los ensayos se había previsto esa situación. «Por eso, un marino colocó un explosivo en el techo de esa habitación y por el boquerón un comando les disparó», recuerda como punto final de su relato y de la misión que le cambió la vida.
Los gallinazos de Montesinos
Separando la paja del grano en una operación que dio la vuelta al mundo
1. Cuando los comandos “Chavín de Huántar” gozaban del prestigio de haber realizado una de las operaciones de rescate de rehenes más exitosas del mundo, unas declaraciones formuladas en Japón cayeron como una bomba. Hidetaka Ogura, uno de los rehenes japoneses, declaró que llegó a ver rendido a Eduardo Cruz Sánchez (a) “Tito” y a otros dos subversivos que ingresaron al cuarto de donde él era evacuado. Su declaración dejó entrever que fueron ejecutados cuando ya estaban desarmados.
2. En el 2001 la Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh) y los familiares de los emerretistas presentaron una denuncia penal en contra del propio presidente Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, Nicolás de Bari Hermoza Ríos, y una serie de oficiales que estuvieron al mando y ejecutaron del operativo.
3. El fiscal anticorrupción Richard Saavedra realizó las investigaciones y contó con el testimonio de dos policías quienes, efectivamente, señalaron que “Tito” llegó a la casa donde se refugiaba un grupo de rehenes, pero luego fue entregado al teniente coronel Jesús Zamudio Aliaga, uno de los efectivos que no formaba parte del batallón “Chavín de Huántar”, que había sido enviado por Vladimiro Montesinos. El coronel Hugo Robles no se explica cómo Ogura puede dar esa versión. “Él fue uno de los primeros en salir por la escalera que pusimos en la ventana que daba a su cuarto”, señala el oficial.
4. Los primeros en ser acusados por la justicia fueron los oficiales del grupo operativo. En mayo del 2002, la jueza anticorrupción Cecilia Polack ordenó la detención de doce comandos lo que indignó al propio ministro de Defensa de entonces, Aurelio Loret de Mola, quien deslizó que si hubo ejecuciones habrían sido cometidas por algunos “gallinazos” infiltrados en el operativo, en clara alusión a la gente que Montesinos mandó al lugar.
5. Finalmente, la Corte Suprema determinó que los comandos sean juzgados en el fuero militar, donde todos fueron absueltos por falta de pruebas. El comandante Renand Miranda no teme hablar del tema. “Nosotros entrábamos a un combate y si se encontraron enemigos con varios tiros fue porque tal vez estos no solo fueron alcanzados por las balas de un comando, sino por las de varios”, declara a manera de descargo.
6. Otra es la historia de Vladimiro Montesinos, Nicolás de Bari Hermoza Ríos y Roberto Huamán Azcurra. Este 18 de mayo serán juzgados públicamente por haber sido quienes dirigieron las ejecuciones extrajudiciales. En el caso del coronel Jesús Zamudio Aliaga, la Sala ha reservado su proceso pues se encuentra prófugo.
Por Jorge Loayza
Fotos: Melissa Merino y Archivo La República
