Clase maestra con Juan Carlos Rulfo

Usos y formas del lenguaje. La memoria, el tiempo y los orígenes.El director y guionista mexicano Juan Carlos Rulfo conversará con la directora chilena Cecilia Barriga acerca de su particular manera de ver y hacer el cine.Después de la clase maestra se proyectarán El abuelo Cheno y otras historias y Del olvido al no me acuerdo. 08/05/2007 19:30.

Mi trabajo ha estado definido por la admiración hacia los usos y formas del lenguaje, la memoria, el tiempo y los orígenes o las raíces personales.

Pienso que no puede existir un trabajo de creación sin antes examinar en dónde estamos y qué es lo que ha ocurrido para que seamos quienes somos. Asunto además muy divertido y universal.

Desde el principio trabajé el video y el cine como forma de exploración semidocumental, entrevistando a personas muy viejas con el fin de explorar las formas de la memoria, tema fundamental. Así realicé mis dos primeras películas El abuelo Cheno y otras historias y Del olvido al no me acuerdo. En las dos trabajé con testimonios e historia oral. La cercanía con cada personaje y su relación con la naturaleza ayudan a que vivamos una experiencia fílmica muy particular; una especie de ficción de la vida real.

Hasta ahora para mí el cine o la imagen en movimiento me dan la oportunidad de soñar con los antepasados y de imaginar cosas que tal vez existieron. El cine es tiempo y espacio, y la memoria se presenta como un manjar evocativo perfecto para este medio; podemos imaginar una historia fuera de tiempo y en otro espacio en donde lo que importa ya no es la verosimilitud de las cosas sino la forma de contarlas.

Juan Carlos Rulfo: Reflexiones

¿Para qué hacemos cine? ¿Qué historia es la que vale la pena contar? ¿Tiene sentido preguntarse esto cada día? No sé. Creo que todos tienen sus propias preguntas así como sus propios instrumentos de tortura. Cada cual cuenta las cosas según cómo siente y resiente la incertidumbre en el futuro personal, por eso pido al lector un poco de paciencia para recorrer con sus ojos estas ideas, que considero importantes desde la perspectiva de las nuevas generaciones en el panorama de la producción cinematográfica de México y de Latinoamérica.

El cuento

Hasta hoy he realizado un par de películas: la primera es un cortometraje El abuelo Cheno y otras historias (1995); la segunda, es mi opera prima, Del olvido al no me acuerdo (1999). La primera trabaja con testimonios alrededor del asesinato de mi abuelo paterno en tiempos de las revoluciones de principios del siglo XX, en México. La segunda es un homenaje al tiempo y a la memoria; una forma más experimental basada en la búsqueda de testimonios alrededor de los rastros simbólicos de mi padre en su tierra natal, el sur del Estado de Jalisco.

Las dos obras conforman un díptico; se complementan y al mismo tiempo son independientes; fueron filmadas en las mismas locaciones e incluso se prestan personajes. Finalmente las dos son como un escarbadero en las raíces familiares o en los cajones del viejo armario, en el que por años han estado guardadas las mismas cosas.

Para ese momento yo no sabía de géneros y conocía muy poco de estructura dramática, pero quería contar una historia en la que intervinieran todos estos encuentros, a veces casuales, a veces provocados, pero que en conjunto eran mucho más de lo que podía imaginar…, y sigo creyendo que son más poderosos de lo que en esos momentos yo pude imaginar.

¿Qué es lo que me atraía de lo que hay en estas dos películas? ¿Por qué había insistido en un mismo paradigma con un tratamiento similar de la forma? ¿Por los personajes? ¿Por lo que decían sobre la vida, el amor y la muerte, es decir los temas del hombre?

Las definiciones

Para entonces ya sabía que estaba haciendo un documental pero no de manera formal. Los académicos me hablaban de investigación, de documentación, tesis y análisis para la destilación de preguntas inteligentes. Ahora sé que se referían al rigor y al profesionalismo. Yo me manejaba por el impulso y la soledad inundado por todo tipo de dudas en la toma de decisiones. Me gustaba imaginar el montaje como una canción. Miraba al cielo y veía las nubes. Me gustaba el acomodo de las cosas que en conjunto creara armonía y música.

No trabajaba pensando en la construcción de secuencias específicas, sino en una gran secuencia formada por las historias paralelas de mis personajes. Simplemente se trataba de narrar con escenas de la vida real, con paisajes que existen y con un tratamiento en el montaje que vinculara a cada personaje con todos los demás en un gran diálogo en el que cada uno es una escena con su espacio, su identidad, su mundo, su voz. La mezcla de este universo con lo demás, y la convención de esos elementos daba por resultado algo muy especial.

La moraleja

Estamos viviendo tiempos en los que a pesar de la invasión de fórmulas hollywoodenses, ya sea al estilo de The Matrix (Andy y Larry Wachosky, 1999) o de Charlie’s Angels (McG, 2000/2003), además de la tendencia a la derechización de las conciencias, estos paradigmas se han abierto para capturar otras atmósferas u otros formatos. Hay crisis en las historias; los escritores ya no son como antes, ahora vivimos remakes y producciones fantásticas como The Lord of the Rings (Peter Jackson, 2001) y la incertidumbre por el futuro del buen Harry Potter. Por más que digan que se va a morir joven seguramente será como en ese corrido mexicano, que dice, “Ya mataron a la perra, pero quedaron los perritos”.

Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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