Teresa Montenegro – Retrato de una madre

(Victor Hugo Sandoval).- Cuando debo rescatar de mi memoria la imagen de una madre, normalmente la asocio con la de las Madres de la Plaza de Mayo. Esas mujeres valientes de pañuelos blancos que pedían volver a sus hijos. Afortunadamente a Teresa Montenegro, una dama ecuatoriana de 45 años, no le ha tocado ser una madre de la Plaza de Mayo; pero pertenece a esa misma casta de mujeres.

La encuentro en la Puerta del Sol, espera a alguien y en medio de un mediodía frío aprovecho esa circunstancia para acercármele y pedirle una entrevista que ella acepta gustosa. Tiene tres hijos con quienes estuvo viviendo en Madrid pero no más. Ellos no terminaron por acostumbrarse y regresaron a Ecuador. Dos están estudiando y el mayor ya se ha casado. Probablemente la harán abuela muy pronto. Eso no lo sé; pero es una suposición mía que estoy seguro la haría feliz.

Por ahora vive con su marido y retrocede a esos años en los que era dueña de un supermercado que distribuía carne y huevos a Colombia. Era como el Día – sostiene. Y yo le creo. ¿Y por qué no debería creerle? Sin embargo me pregunto por qué entonces vino a España.

Teresa no tenía intención de venir. Fue su esposo el primero en dar ese salto y ella y sus tres hijos se quedaron frente al negocio. Y si todo se hubiese dado según lo planeado, su hijo mayor debería haber sido el siguiente. Pero la vida tiene esas jugarretas imprevisibles y ante una enfermedad de su hijo, éste debió dar marcha atrás y ella, un paso adelante. De eso ya ocho años.

Quizá en ese minuto de saltar Teresa cerró los ojos y pensó que sus hijos tarde o temprano la acompañarían el día que les tocara su turno y entonces estarían finalmente juntos los cinco; pero aunque duela mucho admitirlo, la vida no la escribe nadie, quizá la dictamos; pero no somos nosotros quienes la escribimos.

Está de más decir que se escribieron y se llamaron durante ese tiempo. Lo que sí es importante resaltar en la historia de Teresa es que se reencontró con sus hijos, ella fue a recibirles, seguramente llena de planes y finalmente tuvo que despedirse de ellos cuando regresaron a Ecuador.

Noto en ella el gran poder de la renuncia. Quizá ella no sea consciente de ello. Tampoco yo… no al menos en el momento de la entrevista. Dicen que la renuncia a todo lo amado es la base de la felicidad. El día que me dijeron aquella frase la taché de ilógica.

Se va Teresa, finalmente llegó a quien tanto esperaba. Me gusta no verla sola. Y no le pregunto qué piensa de esa frase ni mucho menos si es feliz o no. Me sobran las ganas; pero a ella también le sobran las ganas de ver a sus hijos; pero calla y sigue adelante.

Nombre: Teresa Montenegro

País: Ecuador
Edad: 45 años
Profesión: Dependienta y empleada de hogar

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