Las ONG comienzan a tener que ayudar a familias mileuristas

(PD).- Se trata de parejas de clase media y mujeres solas con hijos a su cargo que jamás antes habían pedido Buscan en organizaciones sociales ropa, alimentos e incluso el pago puntual de algún recibo.

Hasta hace unos meses, entre los dos, llegaban a final de mes, a pesar de haberse metido en la compra de una vivienda hace tres o cuatro años.

La suma de sus ingresos superaba los 1.700 euros y -aunque no había para excesos-, tiraban. Ahora, víctimas del paro, de la subida de las hipotecas y del precio de los alimentos, se han visto obligados a pedir ayuda a una ong por primera vez en su vida.

El ejemplo responde a un caso tipo de un nuevo perfil de usuario que empieza a acercarse a los servicios sociales y a diferentes asociaciones. De hecho, se trata de una de las familias que Vicente Jiménez, trabajador social de Cáritas, ha atendido en el último mes y medio:

«Yo empecé a detectar este fenómeno poco después de Navidad».

En este caso, como en la mayoría, el problema surge por la pérdida del empleo del marido, que trabajaba en la construcción: «En todas las situaciones de este tipo que hemos atendido desde entonces, el cabeza de familia es un peón albañil que se ha quedado en paro, por lo que ahora los únicos ingresos que entran en la casa son los de sus esposas, que suelen trabajar en limpieza de casas y oficinas».

La drástica reducción de ingresos les hace imposible afrontar el pago de una hipoteca que además ha subido, y aunque hasta ahora han salido adelante gracias a la ayuda familiar, saben que no podrán seguir así por mucho tiempo. «¿Mi casa!», asegura que le repetía una mujer que se encontraba en la situación descrita. «Lleva tres años pagando la hipoteca religiosamente, pero ahora el banco empieza a decir que qué pasa», añade Jiménez.

Matrimonio con hijos

El perfil que ha llegado a Cáritas responde al de un matrimonio de poco más de cuarenta años y con dos hijos menores de diez, y aunque el paro en la construcción se ha cebado especialmente con la población inmigrante, en todos los casos atendidos se trata de ciudadanos malagueños:

«Además, el marido busca trabajo desesperadamente. Se ve que lo hace, porque trae el currículum y el nombre de las empresas a las que ha llamado. Pero nada. Además, se trata de personas que han tenido contratos precarios y mal hechos, y que no pueden cobrar el paro de forma inmediata».

Vicente hace notar que otra característica que se repite es el mal trago que les supone recurrir a una organización benéfica: «No están acostumbrados a pedir y jamás pensaron que lo tendrían que hacer. Lo pasan fatal», afirma.

El trabajador social de Cáritas asegura que la respuesta desde la organización social es difícil. Además de ayuda en forma de ropa y alimentos, en casos muy puntuales, pueden asumir el pago de algún recibo del IBI o de la luz, «pero lógicamente no podemos afrontar el pago de una hipoteca».

El área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Málaga también se enfrenta a este perfil emergente, que según su responsable, Mariví Romero, se está haciendo especialmente patente en distritos como Carretera de Cádiz, Cruz de Humilladero y determinadas barriadas de la zona Este, según le han hecho notar los directores de estos servicios sociales, en los que mas ha subido el número de usuarios. «Son familias que se acercan por primera vez a nosotros, y que no responden al típico perfil de pobreza marginal.

Sus ingresos se sitúan entre los 1.200 y los 1.400 euros. Con el pago de la hipoteca y los gastos fijos, al final les queda poco más de 300 euros, y tiene que alimentar a dos o tres niños. Esas son las cuentas». Romero asegura que las ayudas que solicitan van desde alimentos hasta el pago de unas gafas, pero que, dado sus ingresos, no pueden considerarse casos de actuación preferente.

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