La población cubana recibe con calma el anuncio de la renuncia de Fidel Castro

(EFE / PD).- Los cubanos han recibido con tranquilidad el anuncio de Fidel Castro de que, por razones de salud, no aceptará ser reelegido presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe, y se acoge a la jubilación tras casi medio siglo en el poder y 19 meses de convalecencia.

«Les comunico que no aspiraré ni aceptaré -repito- no aspiraré ni aceptaré, el cargo de presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe», recalcó Castro en un mensaje publicado en los principales periódicos de circulación nacionales, la televisión y la radio, todos estatales.

El propio Castro se encargó de despejar la incógnita que tantas cábalas y expectativas había originado dentro y fuera de la isla sobre el próximo domingo, cuando se instalará la nueva Asamblea Nacional y se elegirá el Consejo de Estado que él ha presidido desde 1976.

Las calles de La Habana -ciudad en la que sólo hubo una manifestación opositora en las últimas décadas- permanecieron este martes con la misma calma de otro día cualquiera.

Convaleciente de una enfermedad intestinal desde el 31 de julio de 2006, Fidel Castro consideró que «traicionaría» su conciencia «ocupar una responsabilidad» que «requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer».

Castro, de 81 años, que ya había delegado sus cargos provisionalmente en su hermano Raúl, de 76, primer vicepresidente y ministro de las Fuerzas Armadas, afirmó que «las nuevas generaciones cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo».

«La primera Asamblea Nacional se constituyó el 2 de diciembre de ese año (1976) y eligió el Consejo de Estado y su Presidencia. Antes había ejercido el cargo de Primer Ministro durante casi 18 años. Siempre dispuse de las prerrogativas necesarias para llevar adelante la obra revolucionaria con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo», recuerda Castro.

El líder cubano ha tenido una larga lista de cargos desde el triunfo de la revolución en 1959: tras ser primer ministro por 18 años, fue presidente del Gobierno, de los Consejos de Estado y de Ministros, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y primer secretario del Partido Comunista de Cuba.

Ni Estados Unidos, su principal obsesión, ni sus enemigos internos, ni siquiera el desplome del bloque soviético a principios de los años 1990, habían podido apartarle del poder.

Sin embargo, una grave enfermedad intestinal lo confinó desde hace más de año y medio en una convalecencia que no le ha permitido aparecer nuevamente en público.

Sólo se conocen de él ocasionalmente fotos y vídeos, pero se comunica con los cubanos con los artículos titulados «Reflexiones», que comenzó a escribir a finales de marzo pasado.

Aunque Raúl Castro figura como principal candidato para ocupar la vacante en la presidencia del Consejo de Estado -constitucionalmente jefe del Estado y de Gobierno-, tal definición sólo se conocerá el próximo domingo.

La oposición interna cubana acogió el anuncio como una posibilidad de que se abran las puertas a cambios en la isla.

Discrepan sobre si Castro seguirá manejando Cuba «entre bambalinas», pero la mayoría considera que la renuncia reforzará el liderazgo de Raúl Castro, para concretar las reformas económicas que anuncia pero no ejecuta.

Óscar Espinosa Chepe, preso excarcelado del ‘Grupo de los 75’, afirmó que el mensaje supone «la consolidación de Raúl Castro», y agrega que ahora «hay más posibilidades de que se inicie algún proceso de cambios, sobre todo en lo económico».

«Es un golpe fuerte para los elementos más inmovilistas del Gobierno», agregó.

Manuel Cuesta Morúa, del socialdemócrata ‘Arco Progresista’, aseguró que la decisión del líder cubano es un «alivio histórico para todos los cubanos».

Miriam Leiva, co-fundadora de las ‘Damas de Blanco’, dijo que «comienza una nueva etapa que ojalá lleve hacia los cambios y hacia la democracia».

En el otro lado de la balanza está Martha Beatriz Roque, de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, que coincidió en la metáfora de las bambalinas para asegurar que Castro «va a seguir detrás» de las decisiones.

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