McCain se desmarca de Bush en política exterior

McCain se desmarca de Bush en política exterior

(David S. Broder/PD).-Lo que Barack Obama intentó hacer con el delicado tema de la raza, la semana pasada John McCain lo intentaba con el tema no menos importante de la política exterior.

Obama, candidato Demócrata favorito, criticaba pero no repudiaba sus vínculos con su pastor, el Reverendo Jeremiah Wright Jr., pero utilizaba su discurso en Filadelfia para explorar las dimensiones más amplias de la trágica historia de América de racismo y discriminación, sugiriendo formas en que su país podría pasar página a su polarización racial.

En un discurso igualmente significativo ante el Los Angeles World Affairs Council, McCain, el candidato Republicano seguro, rehusaba retractarse de su apoyo a permanecer en Irak, pero situaba esa decisión en un contexto más amplio de la política exterior americana, trazando un enfoque sumamente diferente al Presidente Bush que podría curar las heridas dejadas aquí en el país y en el extranjero antes de los próximos 7 años.

Al igual que el discurso de Obama, este discurso de McCain merece cuidadoso estudio y análisis. Comenzaba con una nota que solamente un guerrero como McCain podría elegir — una declaración del hijo y nieto de combatientes veteranos, y superviviente de un campo de prisioneros vietnamita que «detesta la guerra» como solamente un hombre que ha sufrido de primera mano sus errores puede detestar. «Solamente un loco o un fraude sentimentaliza la inclemente realidad de la guerra», decía, rechazando la caricatura de su propia beligerancia y explicando el motivo de que enfatice la diplomacia como herramienta principal del arsenal presidencial, y afirmando que las becas serán más importantes que las bombas inteligentes al ahora de ganar la guerra contra el terrorismo.

En un mundo «en el que el poder de todo tipo está más amplia y uniformemente distribuido, Estados Unidos no puede liderar en virtud de su poder únicamente», decía McCain en una reprimenda implícita a la mentalidad de la Casa Blanca actual. «Necesitamos escuchar las opiniones y respetar la voluntad colectiva de nuestros aliados democráticos. Cuando estemos seguros de que es necesaria la acción internacional, ya sea militar, económica o diplomática, intentaremos persuadir a nuestros amigos de que estamos en lo cierto. Pero nosotros, a su vez, tenemos que estar dispuestos a ser persuadidos por ellos”.

Esa repudia del unilateralismo era simplemente el primero de los muchos esfuerzos por diferenciar el enfoque de McCain del de Bush. «América debe ser un ciudadano modelo si queremos que los demás nos vean como modelo», decía. «No podemos torturar o tratar de manera inhumana a sospechosos de terrorismo que hayamos capturado. Estoy seguro de que deberíamos cerrar Guantánamo y trabajar con nuestros aliados para forjar una nueva interpretación internacional de la disposición de detenidos peligrosos bajo nuestro control».

A continuación llegaba una señal clara de que la agenda ambiental cambiaría radicalmente en una administración McCain. «Necesitamos ser buenos administradores de nuestro planeta», decía. «Los riesgos del calentamiento global no tienen fronteras. Las demás naciones del mundo y nosotros tenemos que ponernos serios a la hora de reducir sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero”.

McCain sugería una prolongación de la cauta política Bush hacia China, basada en intereses compartidos periódicamente en lugar de valores tácitos compartidos. Pero el apoyo de Bush a la Rusia de Vladimir Putin no continuará en una administración del McCain. La agrupación de democracias orientadas al mercado del G-8 debería ampliarse para incluir a Brasil y la India, decía, «pero excluir a Rusía. En lugar de tolerar el chantaje nuclear o los ciberataques de Rusia, las naciones occidentales deberían dejar claro que la solidaridad de la OTAN, desde el Báltico al Mar Negro, es indivisible».

Finalmente, McCain no daba señales solamente de una ruptura con Bush, sino del abandono de su propia predilección anterior por hombres fuertes como Pervez Musharraf en Pakistán, diciendo que a Estados Unidos se le ha agotado «la estrategia de depender de autócratas para llevar orden y estabilidad» a Oriente Medio en general. «Confiamos en el shah de Irán, los autócratas de Egipto, los generales de Pakistán, la familia real saudí y hasta Saddam Hussein durante algún tiempo», decía. Pero ese juego ha terminado: «el cambio va a tener lugar, nos guste o no”.

Todo esto sitúa la insistencia de McCain en permanecer en Irak hasta que sea «un estado pacífico, estable, próspero y democrático» en un contexto más general, incluso si no reduce el creciente vacío entre su visión de lo que se puede lograr en ese país y las de Obama y Hillary Clinton.

Esto cuenta con los elementos de un gran debate, y ahora sabemos que ambas partes están intelectual y políticamente dispuestas para la batalla.

© 2008, The Washington Post Writers Group

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Autor

Luis Balcarce

De 2007 a 2021 fue Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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