(PD).- Vue3lven y con furia los «pisos-patera». Numerosos extranjeros han llenado sus pisos de literas y alquilan camas para poder pagar las cuotas. Varias entidades financieras admiten que en algunos barrios nueve de cada diez morosos son foráneos.
Aunque afecta a toda la sociedad, la crisis ha tenido unas consecuencias desastrosas para los inmigrantes. Así, asociaciones de extranjeros y sindicatos alertan de que muchos foráneos que habían logrado comprar un apartamento solo para su familia no pueden pagar las hipotecas y vuelven a vivir en pisos patera.
«Decenas de inmigrantes están en las listas de morosos y el número de pisos sobreocupados se dispara», señala un responsable de CCOO.
‘EXPEDIENTES X’
Aunque las entidades financieras se resisten a facilitar datos concretos sobre la morosidad entre la inmigración, sí admiten un incremento en las notificaciones de impagados en general, pero de forma muy notable en ciudadanos extranjeros, conocidos en el argot de las entidades financieras como los expedientes X porque sus documentos de residencia empiezan siempre con esta letra. «Antes, los inmigrantes no tenían nada; ahora, deben miles de euros», dice un directivo bancario de una oficina en una zona con una elevada presencia de extranjeros.
En algunos de los barrios habitados sobre todo por foráneos, de cada 10 impagados, nueve son inmigrantes, según una de las principales entidades bancarias. En otra institución aseguran que este colectivo duplica la tasa de morosidad media.
En medios bancarios se explica este fenómeno por el hecho de que los ciudadanos extranjeros han accedido al mercado de la propiedad inmobiliaria en el momento del ciclo en que los precios eran más altos. Por eso las hipotecas de los inmigrantes son tan elevadas, sobre todo en relación a su calidad y su ubicación geográfica.
A eso se ha añadido el encarecimiento del dinero, lo que ha dado la puntilla a las familias con más problemas para afrontar el pago de las hipotecas.
Además, hasta hace dos años, el que no podía pagar vendía el piso y todavía ganaba algún dinero tras liquidar la hipoteca. Ahora, nadie está dispuesto a comprárselo.