Latinoamérica: Pobreza y Disparidad

Latinoamérica: Pobreza y Disparidad

El estadístico italiano Corrado Gini inventó un ingenioso sistema para medir la desigualdad económica en las naciones: el Índice Gini. Este mide la brecha de ingresos entre el 10% más rico de una economía, con respecto al 10% más pobre. En el Perú, es 30 veces. En Alemania, 6,9. El cuadro siguiente ofrece el ranking y el coeficiente por país. América Latina es el continente más desigual del planeta, mientras la UE el más igualitario.

Nueve de cada diez pobladores del caserío de Otuto, en la provincia de Cajabamba, en Cajamarca, son pobres. Y tres de estos nueve son pobres extremos. Es decir, su nivel de ingreso es menos de un dólar al día. Se dedican a la agricultura de subsistencia y el hambre depende de los caprichos del clima. Hace poco, la Primera Dama, Pilar Nores, llegó hasta aquí con el programa Sembrando. Asesoró a los pobladores en nutrición, introdujo cocinas mejoradas para ahorrar leña y la contaminación doméstica, e instaló letrinas. Pequeñas cosas que marcan una enorme diferencia en la calidad de vida de los más pobres de los pobres. Sin duda, el primer peldaño en el arduo trabajo para eliminar la pobreza en el país. Pero las dimensiones del problema son tan monumentales como los Andes.

El 40% de los peruanos son pobres, 17% de los cuales son pobres extremos, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Dramática como es la situación, la cifra representa una cierta mejora. El 2005, el 48,7% de los peruanos vivía por debajo de la línea de subsistencia. A pesar del progreso, el ritmo de avance en la lucha contra la pobreza aún es suficiente. Latinoamérica ha convivido durante tantas centurias con la pobreza que la tarea de erradicarla puede parecer una tarea imposible. El solo crecimiento vegetativo de la población no hace sino agravar la situación. “En la década de 1980, había 136 millones de pobres”, recordó José Graciano da Silva, representante para América Latina y el Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en la reciente jornada de estudios internacionales organizada por la Universidad de San Martín de Porres (USMP). “En el 2006, eran 199 millones”.

PBI Comparados

El Producto Bruto Interno (PBI) de América Latina es de casi 2 trillones de dólares, un tercio de la producción del Tercer Mundo. Como región, América Latina produce más que China, más que India, más que Rusia, e incluso más que los países del Sudeste Asiático. En el paquete, por cierto, están Brasil, México y Argentina. Sin embargo, América Latina es el continente de mayor desigualdad social en el planeta. Según el Coeficiente Gini que mide el grado de concentración de la riqueza en cada país, el 10% más rico de la población gana 30 veces más que el 20% más pobre. En Brasil, Venezuela, Ecuador, Guatemala o Argentina la brecha es aún mayor.

En esas condiciones, la bonanza económica no necesariamente se refleja en una mejora en las condiciones de vida de los menos favorecidos. El caso más evidente y contradictorio es el de Venezuela, donde a pesar de la retórica socialista del régimen de Hugo Chávez, el Coeficiente Gini ha pegado un salto de 41,8 a 48 entre el 2000 y el 2006, prueba de que la bonanza petrolera que vive está llegando a unos bolsillos mucho más que a otros.

En contraste, el PBI de la Unión Europea de US$ 16 trillones es el más grande del mundo, superior incluso al de EE.UU. y ocho veces mayor que el de América Latina. Sólo Alemania generó el 2007 US$ 3,2 trillones, más riqueza que Brasil y México juntos. El ingreso per cápita de un alemán es de US$ 29,461 (medido como Paridad de Poder Adquisitivo, PPA) mientras que el de un brasileño es de US$ 8,402 y el de un peruano de US$ 6,039, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Sin embargo, se trata de uno de los continentes de mayor igualdad en el mundo. En España el 10% más rico gana 10 veces más que el más pobre; en Alemania, 6,9 veces. Europa ha sabido construir una enorme clase media en la que sustenta los altísimos niveles de consumo.

La huella ecológica per cápita de un europeo –como emisión de carbono– es 10 veces superior a la de un latinoamericano. Sólo el presupuesto de la Unión de Federaciones de Fútbol Europeas (UEFA) es del orden de US$ 11 mil millones anuales, equivalente a las exportaciones de minerales del Perú del 2006 ó 50 veces el presupuesto de programas sociales del Perú. Aún así, Brasil ha conquistado más veces la Copa del Mundo, prueba de talentos innatos al margen del dinero.

Cohesión Social

El concepto de cohesión social es una variable que ocupó el centro de la agenda en la IV Cumbre ALC – UE en Viena, el 2006, y ahora es uno de los ejes centrales de la discusión sobre pobreza. La cohesión social implica la transferencia de recursos económicos y tecnológicos a bolsones o regiones pobres para ayudarlos a salir de la postración. Es el extraordinario caso de la Unión Europea. “La transferencia dentro de la UE a España, Portugal e Irlanda, sobre todo de Alemania, ha sido inmensa, un ‘salto neto’ de 80 mil millones de euros”, describió Xavier Vidal Folch, director asociado del diario El País de España, en la USMP. “En España, 4 de cada 10 kilómetros de carreteras fueron construidos con esas transferencias”. Así las cosas, ahora el PBI de España es superior al de Italia. ¿Qué posibilidades existen de que América Latina ingrese a la órbita de “generosidad interesada” de la UE? “El tema de la cohesión es fundamental. Hay un imperativo moral, económico y político en combatir la pobreza”, declaró el embajador de Portugal y representante de la UE ante el país, Antonio Cardoso, a Actualidad Internacional. En efecto, este es precisamente uno de los nervios de la V Cumbre ALC – UE en el Museo de la Nación este fin de semana. Por lo pronto, el ministro de Relaciones Exteriores del Perú, José Antonio García Belaunde, recordó el sábado último que los compromisos que se negocian en la V Cumbre “no consisten en pasar el sombrero”. Sin embargo, la transferencia de recursos económicos y tecnologías vitales para atenuar, por lo pronto, el impacto del cambio climático, cuya responsabilidad central recae en los países industrializados, principales productores de los gases de carbono es materia de diferentes interpretaciones dentro de Torre tagle y, por cierto, América Latina.

Europa demanda de América Latina que haga un mayor esfuerzo para reducir la enorme brecha social entre ricos y pobres, mediante la implementación de políticas de cohesión social internas. América Latina, por su parte, exige a Europa que reduzca las emisiones de gases de carbono, al menos a los estándares establecidos en Kyoto, y que asuma las consecuencias del daño ambiental. Sin duda,hay quienes consideran que muchos países de América Latina están haciendo mejores esfuerzos que los europeos en cuanto a su cuota de responsabilidad. El de Chile es uno de los casos modelo: en ese país la pobreza se ha reducido al 13% (la del Perú es de 40%). El de Brasil, es acaso el más emblemático: 14 millones de brasileños han subido del estrato socioeconómico D al C entre el 2003 y el 2006. “El presupuesto del Ministerio de Desarrollo Social en el 2004 era de US$ 8,500 millones, en el 2008, US$ 17 mil millones. Eso no incluye gasto en educación y salud”, explicó Federico Guanai, asesor del ministro de Desarrollo Social y Lucha contra el Hambre de Brasil.

El Informe de Desarrollo Humano del PNUD 2007-2008 da cuenta de notables avances en los indicadores de esperanza de vida y mortandad infantil en América Latina a partir de 1970. En el caso peruano, la tasa de mortandad infantil de niños menores de 5 años por cada mil nacidos vivos cayó de 174 a 27 –tasa hoy que es equivalente a la que tuvo España cuatro décadas atrás (ver cuadro). Según Luis Solari, ex ministro de Salud del gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006), la mortandad infantil durante el último lustro “bajó casi un punto porcentual por año”. Entre las razones del éxito, el descubrimiento de que las estadísticas de mortandad no solían incluir la muerte de los niños que no asistían al colegio, es decir, los pobres extremos. Esto permitió focalizar adecuadamente los programas de prevención de salud.

Pero los porcentajes ocultan las enormes disparidades que existen entre Lima y Otuto en Cajamarca. O entre Santiago de Chile y Puerto Príncipe en Haití. “Si seguimos utilizando mediciones de promedios nacionales, no avanzamos nada”, advirtió Nils Kastberg, director regional del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) para América Latina y el Caribe. “El 40% de las 16 mil municipalidades latinoamericanas no logró llegar a vacunar al 95% de sus poblaciones”, recordó.

Tributos O Pereza Fiscal

En la Cumbre, “se va a hablar de cuestiones muy concretas, como por ejemplo el aumento de la recaudación y el aumento del coeficiente fiscal”, declaró el embajador de Alemania en el Perú, Christoph Müller. “En Europa, el coeficiente de gasto del Estado es de 40% a 50%. En el Perú, sólo es de 15%. Así no se puede hacer una política social”, aseguró. En la misma línea, Christian von Haldenwang, del Instituto de Desarrollo Alemán, cuestionó que el grueso de los impuestos recaudados sea indirecto, “lo que no contribuye a la redistribución”. En contraste, en Europa, el 40% son impuestos a la renta de personas naturales. “Hay cierta pereza fiscal en Latinoamérica: es más fácil recaudar IGV, IVA, etc.”, fustigó Von Haldenwang. “La clase media en Europa se pregunta por qué tiene que pagar por esa pereza”.

Los impuestos más distributivos son el impuesto a la renta y aquellos al patrimonio, como el predial. “La concentración de la riqueza en América Latina es de tal magnitud que una estructura tributaria basada en impuestos directos es muy precaria, razón por la cual el FMI recomendó que la base sea a partir del IGV”, explicó Sandro Fuentes, ex Superintendente Nacional de Tributos.

La buena noticia es que el crecimiento económico en América Latina desde mediados del 2003 ha repercutido positivamente en la situación fiscal –aumentando la carga tributaria de un magro 11,9% a 17,8% como promedio latinoamericano, en 16 años (ver cuadro). Pero el porcentaje es la mitad de lo que se recauda en la Unión Europea. Al mismo tiempo, oculta las enormes diferencias entre los países latinoamericanos. “La tendencia generalizada es a mayor ganancia, mayor tributación”, sostuvo el embajador peruano Hernán Couturier, coordinador general de la V Cumbre ALC – UE. “El Perú es un caso singular, tiene 15% de carga tributaria. Pero en Brasil, por ejemplo, es de 41%, casi al nivel de los países escandinavos. En Argentina sobrepasa el 20% y en Chile también”, explicó.

En Chile, los ingresos extraordinarios del cobre sirven para financiar parcialmente un fondo de ahorro al cual recurrir en tiempos de vacas flacas. “Tenemos dos grandes políticas sociales profundas con “garantía fija”: provisión de salud universal cubriendo 56 enfermedades y pensiones para todo mayor de 65 años”, describió Andrés Palma, ex ministro de Planificación de Chile.

La tributación es la mejor palanca para combatir la pobreza es el consenso entre los especialistas. En la dura brega por sacar a los pobres de Otuto, Cajamarca, y los millones de desposeidos en todo el continente, se necesitan de Estados con una fuerte vocación redistributiva, planificación, capacitación y mucho dinero. (CARETAS Perú)

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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