Lula defiende el desarrollo de la Amazonía

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, juramentó ayer al ecologista Carlos Minc como nuevo ministro del Medio Ambiente, en una ceremonia en la que ratificó su política de «desarrollo» de la Amazonía.

Minc sustituye a Marina Silva, una luchadora ambiental proveniente del remoto estado de Acre, que ocupaba el ministerio desde hace casi cinco años y medio, cuando Lula asumió su primer Gobierno.

En su discurso, Lula ratificó que la política ambiental de su Gobierno pertenece a todo el gabinete.

«Marina vuelve al Senado, pero la política ambiental del Gobierno es la que está en el programa que me hizo ganar las elecciones de 2002 y 2006, y ella tiene que ser cumplida», afirmó.

También defendió el desarrollo de la Amazonía y deploró las presiones internacionales sobre la política ambiental de Brasil.

A la vez, afirmó que acabó el tiempo en que las personas entendían que «el proceso de degradación ambiental, contaminación y matanza de nuestra fauna y selva fuese un ejemplo de desarrollo».

Pero, también reprochó a quienes tratan la cuestión ambiental «como si se debiese preservar los lugares como una cosa intocable».

Se trata, dijo, de encontrar una forma para que el desarrollo pueda llegar a todas las regiones de Brasil «sin destruir lo que es esencial a la vida humana».

Marina Silva, quien se incorporará al Congreso como senadora, renunció al cargo de ministra de manera sorpresiva a mediados de marzo, argumentando haber enfrentado «resistencias» dentro del propio Gobierno y en la sociedad para mantener la «agenda ambiental».

Lula hoy negó discrepancia alguna en su gabinete e insistió en que no es verdad que para desarrollar el país haya que degradar y destruir a cualquier costo.

«Tampoco es verdad que no se pueda hacer nada pretendiendo transformar determinadas áreas del país en santuarios de la humanidad», recalcó.

Reprochó que mientras los países desarrollados le piden a Brasil preservar la Amazonía, y «creen que los brasileños deben hacer lo que ellos no hicieron», ellos no discuten sus propias emisiones de CO2, «ni disminuyen mínimamente» su patrón de consumo y «ni siquiera» tomaron la decisión de cumplir el Protocolo de Kioto.

También acusó a los países desarrollados de «pretender transmitir» a la sociedad la idea de que la inflación de alimentos que hoy vive el mundo es causada por la producción de biocombustibles como etanol y biodiesel.

Pero, esos países, dijo, ni siquiera hacen una única crítica a los precios del petróleo que pasaron de 30 a 130 dólares por barril en pocos años, ni se discute su impacto sobre el encarecimiento de los alimentos vía fletes y otros gastos de transporte.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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