«Estados Unidos merece ser un país mejor»

"Estados Unidos merece ser un país mejor"

(PL).- Con un tono y un tipo de mensaje que has sido capaces de llevarse por delante no solo a una dinastía como la de los Clinton sino también a más de dos siglos de historia racial poco afortunada, Barack Obama ha culminado en la convención nacional del Partido Demócrata una singladura sin antecedentes en la vida pública de Estados Unidos.

Por la vía de la aclamación unánime para conjurar las enormes divisiones internas creadas por su pulso con Hillary Clinton, el senador por Illinois se ha convertido en el primer afroamericano nominado como candidato presidencial por uno de los grandes partidos dominantes en la democracia americana.

Como subraya Pedro Rodríguez en ABC, la plusmarca de Obama resulta especialmente portentosa dentro del escalafón de la política de Estados Unidos porque hace solo ocho años, el ahora nominado tuvo su primera oportunidad de atender una convención en calidad de humilde activista del Partido Demócrata en Chicago.

Y hace tan solo cuatro años, el político de madre de Kansas y padre de Kenia era un perfecto desconocido hasta recibir la oportunidad de realizar un discurso de 17 minutos durante el cónclave de los demócratas en Boston para nominar a John Kerry.

Esas 2.300 palabras -un canto a la unidad de los americanos frente a la polarización política- están consideradas como el arranque de una singladura meteórica siempre marcada por la capacidad de inspirar y entusiasmar con el uso de la palabra.

Por eso ayer se esperaba con enorme expectación el discurso de Obama aceptando la candidatura de su partido. Alocución que en el colmo de las efemérides ha coincidido con el 45 aniversario del legendario discurso «I have a dream» sobre el sueño de la igualdad racial que Martin Luther King pronunció a los pies del monumento a Abraham Lincoln en el centro de Washington.

La campaña de Barack Obama ha seguido también el modelo planteado en 1960 por John F. Kennedy, que pronunció su discurso de aceptación no en la sede californiana de la convención de su partido sino ante una multitud congregada en el Coliseo de Los Ángeles. El resultado fue la «New Frontier» (nueva frontera), declaración sobre las oportunidades y peligros de Estados Unidos en los años sesenta.

Medio siglo después, y a pesar de toda la polémica sobre el estatus de celebridad de Obama, su equipo organizó un acto de apoteosis en el mayor estadio de Colorado, el «Invesco Field», donde normalmente juega al fútbol americano el equipo de los Broncos de Denver.

Con una especie de templo griego como decorado, incluidas columnas de estilo dórico, 450 focos y un aforo de 80.000 personas, Obama indicó que aspiraba a conseguir dos cosas. Primero, marcar diferencias con su rival republicano.

Y segundo, esbozar con un tono directo y detallado su agenda de gobierno ya que la mayor parte de la convención en Denver ha estado concentrada en simbolizar un final al pulso interno más extremo sufrido por el Partido Demócrata en la era moderna de la política estadounidense.

Como preludio para Obama, su «número dos», Joseph Biden ha empezado ya a ejercer el papel de ataque que se espera de los aspirantes a vicepresidente de Estados Unidos.

Con su experiencia como presidente del comité de exteriores del Senado, Biden cuestionó en su propio discurso de aceptación la beligerancia y criterio de McCain:

«Una y otra vez, en las grandes cuestiones de seguridad nacional de nuestro tiempo, John McCain se ha equivocado y Barack Obama ha acertado. Amigos, ¿se acuerdan cuando el mundo solía confiar en los Estados Unidos, cuando buscaban liderazgo en nosotros?».

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