Dos orejas para un Manzanares inmenso y susto para el valiente Rivera Ordóñez

Dos orejas para un Manzanares inmenso y susto para el valiente Rivera Ordóñez

(PD).- El final de la faena fue apoteósico. El toro cayó sin puntilla, fulminado por un estoconazo hasta la bola, y la Maestranza se pobló de pañuelos blancos en solicitud de las dos orejas para el torero dominador y artista que acababa de dictar toda una lección de toreo elaborado, de menos a más, de dominio y estética, de sapiencia y de sentimiento, de firmeza y naturalidad, de maestría y finura.

No fue una faena inspirada de principio a fin porque el toro no embestía con largura.

Manzanares le obligó a seguir la muleta, y lo fue embebiendo, poco a poco, casi hipnotizándolo, y consiguió imantarlo, al fin, a una franela poderosa que le marcó el camino de la obra grandiosa de un joven al que Dios le ha dado la gracia de crear ante un toro algo misterioso que llamamos arte. Será o no será, pero la piel se te pone de gallina cuando este Manzanares torea de verdad, como escribe Antonio Lorca en El País.


LA CORRIDA

Se acabaron los discursos, Sevilla pide acciones. Más allá de la actitud, evidencias. Ha sido Manzanares siempre un torero de grandes discursos, con una impronta de empaque más allá de la estética.

Sin ir más lejos, la otra tarde paseó por La Maestranza su discurso. Pero, después de la potencia de actividad torera de El Juli, el discurso se hace menos creíble que la acción. Por eso tocaba hoy.

Meter la cuchara en lugar de entregarla y hacerlo ante un toro emocionante y exigente. La mejor faena de este torero por el añadido del toro. Era el final de una tarde con argumentos tensos desde su arranque pues el toro de apertura pudo herir muy grave a Rivera Ordónez en una cogida de largo metraje con prólogo, trama, drama y desenlace feliz. Entre el drama y el éxito, El Juli, dando cuerpo y solidez a una tarde que ha vuelto a empujar palante a la feria.

Cuenta Mundotoro que, como prólogo del alumbrado de Real de la Feria, esta corrida de toros. Matizable en los toros de Daniel Ruiz, para estar atento todos y a todos.

Distintos de fondo, clase y bravura. Más y mejor definidos los dos de Gavira. Ambos en tipo, pero uno para Sevilla y otro para Madrid. Hijo y padre eran, el hijo noble y el papá, rajado ya mismo. Fue el más noble y el más definido de salida, el salpicado que abrió plaza, el que casi manda al otro barrio a Francisco Rivera al echar la cara arriba en el embroque de matar. Lo enganchó por la barriga/pecho, se lo echó a los lomos, lo meció violento en la cuna por las ingles, le metió el pitón de abajo arriba desde el muslo hasta la espalda para quedarlo prendido por la chaquetilla varios segundos.

Para que lo ven los que piensan que Dios es literatura. Ese trance, la actuación de El Juli y la faena de Manzanares fueron la sal, buena sal, de una tarde fuerte.

Porque sólo dos toros fueron dulcemente tras la muleta, primero y cuarto. Porque el sexto puso emoción y fondo, embestidas fuertes y por abajo. Pero toro exigente el de Daniel Ruiz. Para apostar. Manseó en varas, es cierto, pero al recogerlo de capa Manzanares el toro había hecho el avión de forma continuada una y otra vez por los dos pitones.

Fuerte se vino en banderillas y fuerte fue su fondo guardado que se fue definiendo en la lidia de ese tercio y en la apertura de faena del torero: por abajo y para adelante, por los dos pitones. Con poder el toro. Y el torero. Había marcado querencias el toro y se trataba de someter y tapar, evitar ventanas, que no parase, hacerlo por abajo y, además, esperar a que el fondo fuera real. Que no se rajara.

En el segundo muletazo el toro no tuvo el mismo recorrido que en el primero: había que llevarlo más. Poco a poco, Manzanares pasó del discurso (muletazos sueltos, dos, uno) a la acción, que es más creíble.

Sin atacarlo del todo, pero ligando más, muy por abajo, en una de esas faenas que crecen y crecen y son esperadas. Largos los muletazos con la izquierda, uno acompañado con cintura cuerpo y pecho el viaje para adentro cumbre. Con el toro más definido, Manzanares atacó más, se la dejó más en la cara, lo buscó si se abría en el final de algunos pases,…y el toro respondió con su buen fondo. Una estocada arriba lo apioló sin puntilla. Por poner algún pero, si suma no muletazo más en alguna tanda, la obra habría sido aún más rotunda. Buen discurso, mejor acción.

Juli aplicó de nuevo una lidia de crisis. Es decir, economía. A sus dos toros se les regaño en varas, sobre todo al quinto, pero ni por esas. Uno bajito y fuerte, hondo y de galope bueno, el segundo, fue toro de brindis pero no de finales. Lo había puesto en suerte con un toreo bueno a la verónica, mandó poco castigo, le empujó palante en los muletazos de inicio y se lo dejó venir desde la segunda raya hasta los medios.

Pero no fue distancia para torear de inercia. En es tanda ya el primer pase era d emano baja y los otros cuatro de mano aún más baja y siempre por delante y hacia atrás. Y el toro se resintió. La segunda aún le dolió más y comenzó a no rematar los pases, a quedarse, a no seguirla.

Por eso la faena fue de mucho a menos, muy bien rematada con la espada. Menos se le dio al quinto, un toro muy complicado que se vino siempre andando, con un gazapeo feo pues tras el primer pase se venía andando pero hacia el cuerpo, una y otra vez. Pues otra vez será.

La mejor noticia para Rivera Ordoñez es que está vivo. Ni exageraciones. Toreó pausado a un toro muy noble y definido de salida en una faena respetada pero que nunca rompió ni en eco ni en calor.

También fue noble el cuarto al que toreo de forma limpia, pero sin arrebato, respetado por Sevilla, pero sin eco. Eso si, con el arresto de atacar bien con la espada después del milagro del primero.

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