Cristina Kirchner descarta cambiar el gobierno pese a la humillante derrota electoral

Cristina Kirchner descarta cambiar el gobierno pese a la humillante derrota electoral

(PD).- La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ha ofrecido este lunes una multitudinaria rueda de prensa en Buenos Aires en la que ha analizado la inesperada derrota elecotral del peronismo oficialista que lideraba hasta hoy su marido y ex presidente Néstor Kirchner.

Además de minimizar los adversos resultados, que despojan de mayoría a su partido en el Congreso argentino en el ecuador de la legislatura, Fernández ha descartado cualquier cambio en su Gobierno:

«No encuentro ninguna razón para cambiar el Gabinete por los resultados electorales»

Las causas de esta derrota hay que buscarlas en el desgaste sufrido por el gobierno de la esposa de Kirchner, Cristina Fernández, que mantuvo el tono de confrontación durante el año y medio que lleva en el poder. El conflicto de cuatro meses con los productores agrarios le pasó factura. El mal resultado del kirchnerismo puede hipotecar el mandato de Fernández que, sin embargo, ayer minimizó la derrota durante una infrecuente rueda de prensa, la segunda de su mandato.

La presidenta descartó una remodelación del gabinete. “No veo por qué haya que hacer cambios”, indicó Fernández. No obstante, la mandataria reconoció que necesitará “acuerdos para asegurar la gobernabilidad”. “Quiero andar con mucha libertad”, dijo , por su parte, Néstor Kirchner, en una falsa rueda de prensa grabada y enviada ayer a las cadenas de televisión para anunciar su dimisión.

A su lado estaba el gobernador bonaerense y número dos del partido, Daniel Scioli, nuevo presidente del PJ. Scioli, de perfil conservador, suena desde hace tiempo como presidenciable del kirchnerismo para el 2011, preveyendo el desgaste del matrimonio gobernante. “Hemos perdido por muy poquito”, insistió Kirchner. “Se gana por un voto y se pierde por un voto”, había dicho el ex presidente la madrugada del lunes, consecuente con el carácter plebiscitario que su candidatura suponía.

Para entonces, De Narváez hacía rato que celebraba su victoria, mientras Kirchner aún soñaba con revertir la catástrofe. El ex presidente fue derrotado y traicionado por los suyos, los perennes alcaldes peronistas del conurbano bonaerense, barones que controlan la maquinaria electoral del PJ. Los alcaldes fueron obligados por Kirchner a ir en las listas para evitar que se desmarcaran. Sin embargo, le dejaron solo, como demuestra el llamado corte de boletas.

En Argentina, las papeletas electorales se dividen en dos mitades, que pueden cortarse: en una figuran los cargos nacionales y en la otra los candidatos provinciales o municipales. El domingo muchos alcaldes ordenaron a sus organizadas bases cortar la papeleta. Varios comentaristas repetían ayer una antigua norma justicialista, que dice que un peronista acompaña al jefe muerto a las puertas del cementerio, pero no entra.

Si Kirchner hubiera ganado por un voto a De Narváez no sólo no hubiera dimitido, sino que el resultado nacional habría quedado en segundo plano. El kirchnerismo ha perdido la mayoría en la Cámara de Diputados, tiene un ficticio empate en el Senado y sus candidatos han caído en las grandes provincias y capitales. Y también en la provincia natal de Kirchner, Santa Cruz.

En la ciudad de Buenos Aires ganó la candidata del alcalde Mauricio Macri, aspirante a la presidencia, y el candidato de Kirchner quedó cuarto. La sorpresa la dio el cineasta izquierdista independiente Pino Solanas, que quedó segundo en la capital.

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