En su primer mes completo de gobierno, que fue en enero de 2024, Milei logró un hito que no se veía en el país desde agosto de 2012: un superávit presupuestario en las cuentas públicas. No solo se trata de un superávit primario (antes del pago de intereses), sino también de un superávit financiero, incluso considerando el pago de intereses.
Este logro es crucial para que Argentina pueda romper el ciclo inflacionario en el que está sumida desde hace décadas: el gobierno gasta más de lo que ingresa, lo que lleva a la creación de nueva moneda y su posterior devaluación, generando así la necesidad de crear aún más moneda para cubrir el déficit. En cambio, con un superávit, dos fenómenos contribuyen a debilitar la inflación.
Por un lado, al no necesitar crear nueva moneda para financiar un déficit inexistente, el superávit ayuda a drenar el exceso de moneda en la economía. Por otro lado, la acumulación de superávit mejora la solvencia del Estado, lo que facilita la financiación de déficit ocasionales a través de la emisión de deuda sin necesidad de crear más moneda. Además, una mayor solvencia y menores expectativas de inflación permitirían refinanciar la deuda a tasas de interés más bajas, reduciendo así los gastos financieros y aumentando el superávit.
En resumen, Argentina estaría saliendo del ciclo vicioso inflacionario para ingresar en un ciclo virtuoso de estabilidad monetaria. Sin embargo, es importante no celebrar demasiado pronto, ya que el superávit logrado en enero se debe en gran parte a que la inflación ha «licuado» los gastos, ya que las pensiones y los salarios públicos no se han ajustado al mismo ritmo que la inflación.
Si en el futuro el ajuste fiscal afecta la actividad económica y reduce los ingresos, mientras el gobierno se ve obligado a aumentar nominalmente los gastos, el déficit podría volver, invalidando así todos los esfuerzos realizados hasta el momento. Ahora es crucial cuidar el logro alcanzado en enero en los próximos meses y años.

