LA HISTORIA DE UNA PROFESIONAL QUE DEFIENDE LOS DERECHOS DE LAS PROSTITUTAS

Es periodista, pero el paro la llevó a tomar una decisión de la cual está muy orgullosa: “Así me hice puta”

Es periodista, pero el paro la llevó a tomar una decisión de la cual está muy orgullosa: “Así me hice puta”
Nina León.

La crisis en Argentina posterior al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dejó a muchos mirando lejos, el desempleo era una realidad e iba en aumento, del 7,6% pasó al 9,2% en abril de 2017, para mucho una mera estadística, pero ella a los 30 años, simplemente, «no tenía nada para comer».

Nina Leon, quien es ahora trabajadora sexual, confesó a Infobae cómo fue ese proceso que la llevó a tomar una decisión tan difícil y cómo es que ahora también es poeta para contar sus experiencias de forma desenfadada y sin tapujos.

— No tenía un carajo para comer. Me dije: “Nunca más me va a faltar comida. Voy a laburar de puta».

Pocos días antes de la alacena desierta, Natalia había pensado en militar por los derechos de las prostitutas. «Pero además de empezar a militar por cuestiones de género, necesitaba llenar la alacena. Le conté a una amiga y ella me pasó contactos de trabajadoras sexuales para que me informara, para que no empezara en pelotas y bueno, lo hice”, cuenta.

El 7 de mayo de 2017 publicó un aviso en la página que le recomendaron. El 2 de junio marchó (“encapuchada, porque tenía miedo que me viera alguien de la oficina”) por el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales. Un día después, el 3, fue a la de “Ni una menos”, pero por primera vez marchó allí junto a las prostitutas.

— Esa noche tuve mis primeros clientes, que además fue el primer trío de la vida (ríe).

— ¿Sabías cómo manejarte con los clientes?

— No. Mis compañeras me agregaron a un grupo de Facebook donde les hacía mis preguntas. No tenía ni la más pálida idea. Pero fui al trío, fui súper tranquila porque era una pareja recomendada por una compañera que no había podido ese día y la cubrí. Pensé: “Voy a hacer de cuenta que soy yo la protagonista del trío y la que contrata el servicio y voy a flashear por el lado de qué me gustaría que me hagan a mí”. La piloteé súper bien. De hecho creyeron que laburaba desde hacía años. Nunca les dije que era mi primera vez.

— ¿Qué pasó esa noche, al volver a tu casa?

— Me cagaba de risa. Iba a tomarme un Uber porque era tarde pero necesité caminar para bajar la adrenalina. No podía creer lo que había pasado. Pero la pasé bien, ¿qué voy a hacer? ¿Caretearla? Al otro día tuve otro cliente, lo vi a solas. Cero onda tuvimos. No hubo buena química. Pero después fui al supermercado y llené la alacena. No había vueltas que darle.

— ¿Alguien intentó convencerte de cambiar de trabajo?

— Por ahí te tiran el comentario de “Ay, vos que sos tan inteligente, te podrías dedicar a otra cosa”. Yo los miro y les digo: justamente por eso elegí ser puta.

Para un sector del feminismo la prostitución es explotación y no puede considerarse un trabajo. Para otro, en el que está Nina junto a sus compañeras de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina), sí lo es y luchan para que sea reconocido. Ellas insisten con no confundir a la trata de personas, el proxenetismo o la prostitución infantil con el trabajo sexual que una persona mayor de 18 años decidió ejercer.

— ¿Por qué se cree que una prostituta no tiene orgasmos?

— Porque no se sentaron nunca a hablar con una puta. Y porque quienes estuvieron con alguna capaz que lo único que hicieron fue preocuparse de su propio placer y no entender que en realidad también el trabajo sexual es una posibilidad de que ambas personas o, si son más de dos, puedan llegar al orgasmo.

— No sabemos nada.

— Nada. También es creer que el orgasmo es todo. Para mí un orgasmo es verlos escribir a mis clientes. O sacarles un súper secreto que nadie sabe y me lo vomitaron a mí.

— Todo eso junto. A veces antes, a veces después, a veces durante, que es más complicado. Al principio quería crear demasiado adentro de un telo y a veces les decía a mis clientes “Che, ¿te puedo regalar 15 minutitos, pero me dejas escribir un segundo?”. Me miraban como diciendo

“¿Estás cortando un polvo para ponerte a escribir?” ¡Sí! (Ríe) Algunos me piden que les mande el poema que me salió cuando estábamos juntos.

Uno de los poemas de Nina:

Soy el fruto
que rompió cadenas.
La rebeldía erótica
que mi madre nunca
hubiera querido parir.
El pánico de mi hermana
ante su putez.
Mi padre
y mi hermano
jamás podrán contratar
mi placer.
Soy mi mutación
cuantas veces desee.
La historia
de mis propios labios.
Nina León.
Nací masturbándome
con la izquierda
mientras escribía con la derecha
lo que repetía mi cuerpo mojado:
escuchate,
escuchate.

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