El libro crece, pese a todo, en la feria de Lima

El libro crece, pese a todo, en la feria de Lima

Fotografía en la que se observa a algunos de los cientos de visitantes acudieron al último dia de la Feria Internacional del Libro de Lima. EFE

EFE/Archivo

La recién clausurada Feria del Libro de Lima ha sido un éxito, aunque el libro más demandado, la última novela de Jaime Bayly, haya logrado vender menos de 900 ejemplares y los cinco superventas sumen poco más de 3.000 volúmenes.

En un país donde las editoriales apuestan fuerte cuando sacan 2.000 ejemplares y una tirada de más de 5.000 es casi un «boom», y donde un 40 por cien de la cuota de mercado se lo lleva el libro pirata, el mundo editorial vive paradójicamente un momento dorado.

Estas son las contradicciones de un sector donde en los últimos tres años importantes empresas españolas (como SM o Planeta) están desembarcando ante la certeza de que no dejará de crecer, según el análisis de Mercedes González, del Grupo Santillana, presente en Perú desde hace 27 años.

No parecen verlo así las instituciones oficiales, ya que el gobierno y la Municipalidad de Lima han estado clamorosamente ausentes de esta Feria Internacional que ya celebró su 15 edición y que no mereció la visita de un ministro ni del Alcalde de Lima, como se queja Liliana Minaya, gerenta de la Cámara Peruana del Libro (CPL), organizadora del evento, clausurado el pasado miércoles.

La propia Municipalidad de Lima negó a la CPL el uso de un parque público «ideal» como sede porque lo habían alquilado para una boda particular en uno de los 14 días de los que duraba la feria, y tres meses antes de la celebración, aún no existía un recinto para el evento, que finalmente se celebró en un parque donde hubo que acondicionar desde el suelo hasta el techo.

Justo cuando el presidente Alan García acaba de anunciar la creación del Ministerio de Cultura, ni él ni nadie de su gobierno se dignó aparecer por la feria, ni tampoco la directora del Instituto Nacional de Cultura, se quejó Minaya.

Pese a la carencia de un recinto fijo para una feria que ya tiene 14 años de vida, y pese a la ausencia de grandes invitados internacionales, 245.000 personas acudieron este año al recinto del Parque de los Próceres, que compraron por un valor de 6 millones de soles (2,13 millones de dólares), cifras que en el sector se consideran un éxito innegable.

La feria se ha convertido en un acontecimiento social y cultural, pues ha incluido conciertos, conferencias y proyección de películas, y cuenta con restaurante, cafetería y zona de juegos infantiles, lo que ha supuesto gastos totales de unos 400.000 dólares a la CPL, que los recupera ampliamente, explica Minaya, dando una idea de lo rentable del negocio del libro en Perú.

Belisa Vargas, que acude con su hija y su nieta y se lleva dos libros infantiles, admite que es de los peruanos que nunca acude a las librerías y solo compra una vez al año, durante la feria, porque aquí encuentra ejemplares a 5 ó 10 soles (2-4 dólares).

«Las clases altas no visitan nuestra feria, están dirigidas a un público de clase media y sobre todo para familias y niños», reconoce Minaya, que apuesta por los niños como futuros lectores.

Teniendo en cuenta que el 90% de librerías del país se encuentran en Lima, y concretamente en el barrio lujoso de San Isidro, y que la red de bibliotecas públicas es casi inexistente, más de la mitad de la población, una vez terminada la escuela, solamente encuentra libros en los supermercados.

En las ciudades de tamaño medio, el panorama es desolador: el libro se vende, en el mejor de los casos, en mercadillos semanales al aire libre, junto a los puestos de sartenes o de pantalones, y toda la producción es «pirata», es decir, ediciones ilegales.

El fenómeno del pirateo afecta a autores consagrados -según Mercedes González-, de forma que una edición nueva de Vargas Llosa o de Bayly es multiplicada por diez por la industria pirata, pero también a autores noveles.

Hugo Coya acaba de publicar su primer libro «Estación Final», un recuento hasta ahora desconocido de la experiencia de los peruanos que fueron víctimas del Holocausto nazi.

Su libro «oficial» cuesta 39 soles (14 dólares), pero ha detectado al menos tres ediciones piratas, con tres precios para presupuestos distintos (20, 10 y 7 soles) y con una calidad decreciente en el papel, la impresión o las fotografías.

Algunas de estas copias están tan bien hechas que el comprador no se da cuenta de que está adquiriendo un libro ilegal, y Coya cuenta que en la feria del libro han llegado a presentarle para la firma un libro suyo pirateado. Que él, por supuesto, se negó a firmar.

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