Un imperio que comenzó cuando echaron al genio de un hotel por ser de piel oscura

La Dinastía Tata: El lado blando de los hombres de acero

La Dinastía Tata: El lado blando de los hombres de acero
Jamsetji Tata, el fundador de la dinastía. PD

Hacia finales del siglo XIX, el empresario indio Jamsetji Tata entró en uno de los hoteles más caros de Bombay y, según cuenta la historia, le pidieron que se fuera debido al color de su piel.

La leyenda cuenta que se enfureció de tal manera que decidió construir su propio hotel, uno mejor que acogiera a invitados indios.

En 1903, el Taj Mahal Palace Hotel abrió sus puertas a la orilla del agua en Bombay.

Fue el primer edificio en la ciudad con electricidad, ventiladores estadounidenses, ascensores alemanes y mayordomos ingleses. Y sigue contándose entre los más lujosos hoy en día.

Jamsetji nació en 1839 en el seno de una familia parsi. Varios de sus antecesores habían sido sacerdotes zoroástricos. Había hecho su fortuna comerciando algodón, té, cobre, bronze y hasta opio, que en una época era legal. Había viajado mucho y le fascinaban los nuevos inventos.

En un viaje a Reino Unido notó el potencial de las fábricas de hiladura y tejedura de algodón de Lancashire. Se dio cuenta de que India podía competir con sus colonizadores y en 1877 instaló uno de los primeros molinos de algodón del país.

El «Molino Emperatriz» fue inaugurado el mismo día en el que la reina Victoria fue coronada emperatriz de India.

Jamsetji tenía una visión para India que se resumía con la palabra hindú Swadeshi, que significa «hecho en nuestro propio país», una idea que era parte del movimiento independista indio de principios de 1900.

«Lo que hace que una nación o una comunidad progrese no es tanto mantener a los miembros más débiles y desvalidos sino levantar a los mejores y más talentosos, para que el país se pueda beneficiar de ellos».

Su gran sueño era construir una planta de acero, pero murió antes de lograrlo.

Su hijo Dorab asumió el reto y cuando Acero Tata empezó a producir en 1907, India se convirtió en el primer país asiático con una planta de acero propia.

Un inglés esceptico vaticinó que tendría que comerse cada tonelada de acero que produjera, pero cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Tata suministró el acero para las extensiones de los ferrocarriles que eran cruciales para la campaña británica.

Jamsetji también dejó instrucciones para que se construyera una ciudad industrial modelo en la selva para los empleados.

Fue muy específico:

«Asegúrense de hacer calles anchas con árboles que den sombra, todos de variedades que crezcan rápido. Asegúrense de dejar mucho espacio para patios y jardines. Reserven amplias áreas para fútbol, hockey y para parques. Destinen áreas para templos hindúes, mezquitas mahometanas e iglesias cristianas», escribió en una carta para Dorab.

El resultado fue Jamshedpur.

Desde el principio, y antes de que este tipo de cosas fueran requeridas legalemente en alguna parte del mundo, los Tata demostraron su compromiso con el bienestar de sus trabajadores: introdujeron pensiones en 1877, jornadas laborales de ocho horas en 1912 y beneficios por maternidad en 1921.

Todo se derivaba del convencimiento de Jamsetji de que un negocio era sostenible sólo si tenía un propósito más alto en la sociedad.

«En el libre comercio, la comunidad no es sólo accionista en un negocio sino más bien el propósito mismo de su existencia».

Jamsetji financió la creación del Instituto Indio de Ciencia en Bangalor para asegurarse de que el país proveería los ingenieros y científicos necesarios para hacer realidad sus ambiciones.

Tanto él como sus hijos le legaron gran parte de sus fortunas personales a organizaciones benéficas, que hasta el día de hoy son dueñas del 66% del grupo financiero central Tata Sons.

Eso ha tenido un efecto sostenido en la manera en la que el negocio opera, planeando a largo plazo en vez de ir en busca de ganancias rápidas cortoplacistas.

La familia todavía es dueña del 3% de las acciones, y el resto es de varias compañías y accionistas.

Eso incrementa la confianza en la firma, según Jerry Rao, un analista de Bombay. «El hecho de que todo el mundo sabe que la mayoría de las acciones son fondos de fideicomiso y no están en manos de individuos que se están enriqueciendo, ayuda».

«Como no son una familia grande, tienden a tratar bien a sus gerentes profesionales, como colegas, como partes interesadas, en vez de familiares con sueldo».

«Y los Tatas que están por ahí tienden a tener un estilo de vida relativamente sencillo».

Otro miembro de la familia, Jehangir Tata, también conocido como JRD, asumió el cargo de presidente en 1938, cuando tenía 34 años, y se quedó frente al timón por medio siglo.

No había planeado convertirse en un industrial. Su sueño había sido ser piloto, una obsesión que empezó cuando conoció a Louis Bleriot -el primer hombre en atravesar volando el Canal de la Mancha en 1909- y vio sus acrobacias aéreas sobre las playas del norte de Francia.

JRD fue la primera persona en calificar como piloto en India, en el Club de Vuelo de Bombay. Su licencia llevaba el número 1, algo que lo enorgullecía.

En 1930, trató de ser el primer indio en volar solo entre Reino Unido e India. Pudo haber ganado la carrera, si no fuera porque se detuvo a ayudarle a otro conmpetidor que tuvo problemas con su avión.

Dos años más tarde, estableció y personalmente voló en el primer servicio postal aéreo indio, ocasionalmente llevando a un pasajero encima de las bolsas de correo. No había pistas de aterrizaje, de manera que los aviones despegaban y aterrizaban en lodazales.

El servicio de correo se volvió la primera aerolínea de India: Tata Airlines, más tarde llamada Air India, que fue un gran éxito.

Por un tiempo fue propiedad de los Tatas y el Estado, pero en 1953 el gobierno decidió nacionalizar las aerolíneas del país.

JRD fue invitado a encabezar la parte internacional de la operación y fue director de Air India hasta 1978. Los empleados recuerdan cómo insistía en que todo estuviera perfecto, enviando memos sin fin sobre los más pequeños detalles.

Y ese no fue el final del camino.

Con la llegada de la era de la informática, JRD nuevamente le apuntó a una industria asociada con las economías más avanzadas. Lanzó los Servicios de Consultoría Tata (TCS), que computarizaba documentos de las compañías.

Era un raro ejemplo de innovación en una época en la que la mayor parte de la economía india estaba atascada por regulaciones. Hoy, TCS es la compañía más lucrativa de todo el Grupo Tata.

En 1991, JRD fue de compras por el mundo.

Compró el té Tetley, estableció una sociedad conjunta con la firma aseguradora AIG, adquirió el hotel Ritz-Carlton en Boston, EE.UU., Aceros Corus en Europa y la unidad de vehículos pesados de Daewoo.

Tata se tornó en uno de los más grandes negocios de India pero comparados con otros magnates indios, los Tatas siempre han sido muy modestos.

JRD vivió en una casa alquilada cerca de las oficinas centrales de la compañia en Bombay, y Ratan manejaba su propio auto o se sentaba al lado del chofer.

En 2009, Ratan realizó su sueño de crear el auto más barato del mundo -el Nano- que salió a la venta por US$1.600. Pero no se vendió tanto como para que Ratan lograra lo que esperaba: reemplazar las motos por algo más seguro y barato.

Sin embargo, sigue siendo cierto lo que dijo uno de los gerentes: Tata está casi en todas partes «desde el té hasta la TI».

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