PIERDEN LA CABEZA POR UNA PROFESIÓN MAL PAGADA

Los secretos de los verdugos en Arabia Saudí: temen al ridículo… y duermen a pata suelta tras trabajar a destajo

Las autoridades de Arabia Saudita vuelven a los fusilamientos mientras esperan contratar a 8 "funcionarios religiosos"

Los secretos de los verdugos en Arabia Saudí: temen al ridículo... y duermen a pata suelta tras trabajar a destajo
Un verdugo saudí PD

Duermen sin dar una mala cabezada, satisfechos de su trabajo pese a ser los funcionarios peor pagados de su país.

Son los verdugos que están en activo en Arabia Saudí, donde solo durante este año han rodado por tierra 85 cabezas a golpe de cimitarra.

Es una profesión de ‘tradición’ que se va perdiendo, y por eso las autoridades han lanzando una oferta para contratar cuanto antes a 8 «funcionarios religiosos», que no le hagan ascos a trabajar a destajo y a horas intempestivas. Hay «sobrecarga laboral».

Y no solo cortan cabezas, también hay manos y pies que esperan ser amputados en base a condenas menores.

Mientras tanto se ha vuelto a los fusilamientos de antaño para los menos ‘afortunados’, no tan ‘emocionantes’ para la turba, pero efectivos como los que más. 

SIN ARREPENTIMIENTOS NI MALOS ROLLOS

Los verdugos de viejo cuño no muestran arrepentimiento alguno, y menos compasión con sus víctimas, y solo les da ‘miedo’ hacer el ridículo ante el público que se congrega para contemplar su labor: el cumplimiento de las sentencias de muerte.

Y es que temen en sus peores sueños no acertar a la primera, y que las carcajadas rueden entre las gradas.

Después de su jornada laboral vuelven a casa «relajados», con la satisfacción del deber cumplido, y juegan con sus hijos como si tal cosa llevándoles al colegio cuando el horario les da una tregua.

Abdallah Al Bishi, verdugo estatal para la Meca de ganada reputación, -y quien explica sus métodos en el vídeo que encabeza este artículo- lo tiene muy claro:

«Si el corazón es compasivo, la mano falla. Puedo necesitar dos, tres, cuatro o cinco golpes. Dios sabe cuántos. Y aun así puede que no muera. Tu mano te traiciona.»

¿Cómo es el trabajo y la vida de un verdugo?

En 2013, el Instituto de Investigación de Medios del Oriente Medio (MEMRI, por sus siglas en inglés), publicó una recopilación de declaraciones y entrevistas de los verdugos estatales egipcios y saudíes durante el periodo entre 2006 y 2013.

Uno de ellos es el tipo mentado Abdallah Al-Bishi, que habla sobre su vocación y cuenta cuáles son sus armas y métodos.

Según nos refresca la memoria ‘RT‘, heredó el trabajo de su difunto padre, al que solía acompañar.

«En mi primera misión, estaba aterrorizado. No tenía miedo de que la ejecución fuera un fracaso, no: estaba preocupado porque si fallaba, la gente se reiría de mí». Cada persona está un poco preocupada cuando empieza un nuevo trabajo, y tiene miedo de un error».

Al-Bishi confiesa haber decapitado a muchas personas que fueron sus amigos, pero, según él, «quien comete un delito se lo merece».

Aparte de cortar cabezas, ha cortado las manos a ladrones, 

«una mano y una pierna en lados alternos, así como está escrito en el Corán».

Según el verdugo, la amputación de manos y piernas se efectúa con anestesia local, a diferencia de la decapitación.

Sin embargo el ejecutor dice no tener compasión de sus víctimas.

«Si sintiera compasión por la persona a la que ejecuto, [esta persona] sufriría».

«A nivel personal, soy muy normal. Me levanto por la mañana, rezo (…), preparo mi desayuno. Espero a que venga a por mí el coche de la Policía, y me voy a trabajar. Es todo muy normal. Termino el trabajo, y me voy a casa. Es todo muy normal. 

Una vez cumplida la misión, me siento aliviado. Llego a casa relajado. Puedo jugar con los niños. Nos divertimos. Comemos. A veces salimos. Otras veces, nos quedamos en casa. Todo es normal. No tiene efecto en mí».

LE ACOMPAÑA SU HIJO

El hijo de Al-Bishi también asiste a algunas ejecuciones.

«A veces, nos unimos a él durante una ejecución. La primera vez que fui allí, estaba asustado»,

cuenta Al-Bishi hijo.

Sin embargo, cuando fue ejecutado «el primer chico», y cuando vio «que no había ninguna razón para tener miedo», se acercó para verlo. «No había ningún problema», agrega.

Ejecutar mujeres, «un poco más difícil»

Abdallah Ahmad Al-Bakhit Ghamedi, otro verdugo saudí, dice que prefiere cortar cabezas de delincuentes de sexo masculino. Sin embargo, precisa que no se trata de una cuestión de sentimientos, sino más bien de un reto técnico que supone la vestimenta de las mujeres, que están «completamente cubiertas».

«Se deja una abertura estrecha en el cuello. Un verdugo experto entra con la espada justo en esta abertura. Si la espada cae un poco más bajo, golpea la bata. Si cae encima, golpea su cabeza cubierta. Esto puede causarle más dolor. Lo hice tres veces y fue muy bien, gracias a Dios»,

explicó el ejecutor saudita en un debate televisivo, según el MEMRI.

El hombre, por su parte, tiene el pecho desnudo durante la ejecución, agregó Ghamedi.

«Una ejecución es una ejecución. La diferencia es que a veces, cuando se ejecuta a un hombre, este no puede controlar sus nervios, y sentarse o mantenerse erguido, para que se pueda hacer el trabajo».

El máximo verdugo: «¿Yo? Yo duermo muy bien»

Una de las entrevistas más difundidas de los ejecutores sauditas fue la del máximo verdugo de condenas a muerte de Arabia Saudita, Muhammad Saad Al-Beshi, al periódico Okaz en 2003.

Al-Beshi empezó su carrera en la prisión de la ciudad de Taif, al oeste de Arabia Saudita, donde se encargaba de esposar y vendar los ojos a los prisioneros antes de su ejecución. «Debido a estos antecedentes, desarrollé el deseo de ser verdugo», relató Al-Beshi, citado por Arab News.

Por lo tanto, en cuanto salió una plaza de verdugo, la solicitó y fue aceptado. Su primera ejecución tuvo lugar en 1998, en la ciudad de Yeda.

«El criminal estaba atado y con los ojos vendados», recordó el verdugo durante la entrevista, confesando que estaba nervioso porque había mucha gente mirando. Lo decapité con la espada de un solo golpe. Su cabeza rodó varios metros».

Con el tiempo, llegó a ser el primer verdugo del reino saudita, y a veces tenía que decapitar hasta siete personas. No me importa que sean dos, cuatro o diez; no importa a cuántas personas ejecute siempre que esté cumpliendo la voluntad de Dios»,

aseguró durante aquella entrevista.

«Tengo muchos parientes y muchos amigos en la mezquita, y llevo una vida normal, como todo el mundo. Mi vida social no se ve afectada»,

aseguró.

Orgulloso

Al-Beshi no reveló cuánto se le pagaba por cada ejecución, ya que tenía un acuerdo de confidencialidad con el Gobierno. Pero insistió en que la recompensa no era importante. «Estoy muy orgulloso de hacer la obra de Dios», reiteró.

Sin embargo, el primer verdugo de Arabia Saudita confesó que siempre mantenía esperanza hasta el último momento de que el convicto obtuviera «una nueva oportunidad de vida».

Es por eso que, antes de la ejecución, visitaba a la familia de la víctima del criminal para pedirle que perdone al condenado, una prerrogativa de la que gozan los familiares o herederos directos de la víctima.

El verdugo ejecutó a numerosas mujeres sin vacilar.

«A pesar de que odio la violencia contra la mujer, cuando se trata de la voluntad de Dios, tengo que cumplirla».

Al-Beshi relató también que es un hombre de familia, esposo, padre y abuelo. Dijo que sus familiares no le tenían miedo por su profesión.

«Trato a mi familia con cariño y amor. No sienten miedo cuando regreso a casa después de una ejecución. Es más, a veces me ayudan a limpiar la espada»,

relató al periódico Okaz.

Orígenes

Los orígenes de la tradición saudita de condenar a muerte según la ley coránica están en el acuerdo del año 1744 entre la monarquía saudita y los líderes clericales ultraconservadores del país, según el portal Vox.

El lugar que hoy conocemos como Arabia Saudita estaba dividido entre muchos clanes rebeldes en el año 1744. Mohammed Ibn al Saud, líder del clan menor, se reunió con un líder religioso suní que había profesado el islam puritano, Mohamed Ibn al Wahhab.

Con el apoyo de Al Wahhab, a principios de 1800 la dinastía de Al Saud extendió su dominio sobre un territorio mayor que el actual México y junto a su Gobierno implantó una versión del islam muy austera como agradecimiento a los clérigos.

El próspero Estado saudita fue destruido en 1818 por el Imperio otomano y reconstruido como una alianza moderna entre la monarquía saudita y los wahabitas en el año 1932. Los líderes del nuevo país impusieron la legislación islámica recopilada hacía nueve siglos para, otra vez, obtener el apoyo del poderoso clero.

Los intentos de modernizar la ley y la justicia en la segunda mitad del siglo XX llevaron al asalto de la Gran Mezquita de la Meca en 1979, perpetrado por extremistas religiosos que exigían el derrocamiento de la monarquía saudita por traicionar los valores islámicos ultraconservadores.

En el año 1991, cuando el clero prácticamente se rebeló contra la monarquía que permitió abrir en el país una base militar para las tropas estadounidenses, los líderes del Estado permitieron a los clérigos radicales financiar a los yihadistas en el extranjero en lugar de crear problemas en casa y, de nuevo, endurecieron las leyes coránicas para sus propios ciudadanos.

Por eso, la ley saudita contiene una interpretación mucho más estricta de la ley islámica que la de casi todos sus vecinos, y las prácticas sauditas de castigar a sus ciudadanos son vistas con horror en gran parte de Oriente Próximo, explica el portal.

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