Hajar se aproximaba a una trinchera en Mosul, cuando voló por los aires

El invencible kurdo ‘con un par’ a quien le alcanza de lleno una bomba del EI: «¡Dame un arma!»

Todos habían huido o se rindieron, pero él pedía a gritos seguir en el combate cubierto de sangre

El invencible kurdo 'con un par' a quien le alcanza de lleno una bomba del EI: "¡Dame un arma!"
Las escenas grabadas en Mosul PD

El vídeo hace plantearse muchas cosas. Para algunos la guerra, el defender el país a costa de la propia vida, es todavía una cuestión de honor, esa palabra que apenas se emplea hoy en día y que para muchos es simplemente ridícula…

Pero no para todos. Y si no, baste el ejemplo que nos brinda en estas imágenes que acompañan a estas líneas el soldado kurdo peshmerga, «aquellos que enfrentan la muerte».

No en balde estas fuerzas del Kurdistán han existido desde el advenimiento del movimiento independentista kurdo en la década de 1920, tras el colapso de los imperios otomano y Kayar.

Grabado el pasado año -las imágenes acaban de hacerse públicas ahora-, y en las mismas se observa cómo el combatiente, en pleno desierto de Mosul, en el norte de Irak, hace caso omiso de la fuga masiva de los soldados iraquies que defendían la posición ante el imparable avance del Estado Islámico.

POR LOS AIRES

Con arrojo, se encamina hacia una trinchera terrorista colina arriba mientras un compañero le advierte que tenga cuidado. De improviso, explota una bomba (IED) y vuela por los aires.

«¡Hajar, Hajar!», le llama desesperado el amigo que lo graba, mientras se va disipando una densa cortina de humo en derredor.

Nadie responde. Tras semejante explosión solo cabe esperar lo peor.

Sin embargo el joven aparece arrastrando su cuerpo, ensangrentado. Pero eso no le preocupa:

«Dejé mi arma. Estoy bien, déjame tranquilo. Dame un arma, no pasa nada. No te preocupes.»

De nada sirve que el angustiado compañero le pida que se siente. Hajar lo tiene claro:

«Larga vida al Kurdistán», exclama antes de caer por fin derrumbado a tierra, tratando de contener sus hemorragias.

«Te quiero, no regreses al frente», le dice su acompañante, a lo que el aludido responde jadeando:

«Si me martirizan, perdóname».

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