FRONTERAS Y SIN PAPELES

La caravana de migrantes llega a Tijuana y pide asilo a EEUU: “Aquí no nos quieren; nos lanzaron piedras”

La caravana de migrantes llega a Tijuana y pide asilo a EEUU: “Aquí no nos quieren; nos lanzaron piedras”
Migrantes de la gran caravana centroamericana, se lavan en Tijuana, junto a la frontera de EEUU. EP

«No expongan sus vidas ni las de sus hijos. No salten las vallas. No intenten cruzar por el desierto. Esperen a hacer los trámites para pedir asilo».

Esas son las recomendaciones que les hace un equipo de la Secretaría de Derechos Humanos de Honduras a los migrantes de ese país que ya llegaron a Tijuana, en el norte de México, en la frontera con Estados Unidos ( El alcalde de Tijuana llama ‘vagos’ y ‘mariguanos’ a los migrantes de la gran caravana centroamericana).

Son ya miles y se quedarán por «un tiempo indefinido, tal vez de algunos meses» (4 de cada 10 inmigrantes que van a México desaparecen: ¿Cuántos de la caravana llegarán a EE.UU.? ).

Ese es el escenario más probable, según los distintos entrevistados por Ana Gabriela Rojas para BBC Mundo (Ante la llegada de la caravana de migrantes, los obispos USA reiteran que «no es delito buscar asilo»).

Alden Rivera Montes, embajador de Honduras en México, dice que Tijuana será «un lugar de destino temporal» para los migrantes por entre 6 y 16 meses.

La caravana que salió de San Pedro Sula en Honduras, el 12 de octubre, está llegando en distintos grupos.

La fronteriza Tijuana es conocida por ser «una ciudad de migrantes», pero esta es una situación extraordinaria y representa un gran reto, reconocen los expertos.

Los migrantes se han concentrado en el centro deportivo Benito Juárez, a unos pasos de la frontera internacional. Ahí se repiten las escenas de refugio que se han visto en su paso por México.

Algunos, la minoría, en especial familias con niños pequeños, duermen en colchonetas en un gimnasio techado. Otros, a ras del piso en unas enormes carpas blancas o en casas de campaña que les han regalado.

Hay muchos que duermen bajo plástico o directamente a la intemperie.

«En la noche temblamos de frío, en el día nos pega todo el sol», dice Norland, un joven migrante.

«Los ciudadanos de Honduras podrían estar aquí por un largo tiempo», reconoce a BBC Mundo el embajador de ese país en México, Alden Rivera Montes.

«Todo dependerá de la velocidad con la que Estados Unidos reciba y analice las solicitudes de asilo».

Los miles de migrantes de la caravana se sumarán a una fila de 2.800 de personas de distintos orígenes que están en Tijuana esperando que Estados Unidos los deje pasar.

El país centroamericano ha habilitado un «consulado móvil» con el fin de proteger los derechos humanos de sus connacionales, asegurarse de que se sigue el proceso correcto en la solicitud de asilo y proporcionar a los migrantes los documentos que requieren para los trámites, asegura el embajador.

Rivera dice que Estados Unidos tiene la soberanía de decidir a cuántos migrantes de la caravana dará asilo.

Reconoce que la gente ha salido de Honduras por sus «legítimas aspiraciones de buscar una vida mejor», que en su país no han podido cumplir. «La evidencia es que tenemos una presencia tan masiva de hondureños en esta caravana».

Dice que su país está «mejorando su situación económica y disminuyendo la violencia para que la migración masiva no se vuelva algo recurrente».

Ante la visita del embajador al centro deportivo, un grupo de migrantes mostró su malestar con el gobierno.

«Dicen mentiras. Honduras está hundido en la miseria. Si tuviéramos trabajo digno y forma de vivir bien, por qué íbamos a arriesgarnos a venir a ver si Estados Unidos nos recibía».

«Aquí no nos quieren»

Fuera del deportivo Benito Juárez tres personas abren el maletero de una camioneta y comienzan a repartir rebanadas de pizza. Los migrantes forman una fila interminable.

«Gasté mis ahorros para intentar ayudar a esta gente. Sobre todo a los niños porque sé que ellos no tienen la culpa», explica Ivana, de 15 años.

Los migrantes reconocen que en Tijuana, como en todo su recorrido por México, los ciudadanos les han ayudado.

Sin embargo, aquí en dos ocasiones se han presentado incidentes que ponen de manifiesto que una parte de los mexicanos no los quiere en su territorio.

Según la consultora Mitofsky, aunque un 51% de la población pide solidaridad y ayuda por los migrantes, uno de cada tres mexicanos los rechaza por considerar que podrían quitar trabajo a los locales y aumentar la inseguridad en el país.

«Regresen a su país»

«En todo México nos han tratado bien. Pero aquí algunos no nos quieren. Anoche mientras dormíamos en el gimnasio nos lanzaron piedras al techo de lámina y nos gritaron que no nos quieren aquí y muchas cosas malas que no puedo repetir», dice María, originaria de La Ceiba, Honduras.

Quiénes son los grupos de civiles armados que se dirigen a la frontera de EE.UU. con México ante la llegada de la caravana de migrantes

Ella y su esposo abrazaron fuerte a sus tres hijos, intentando protegerlos.

El secretario de desarrollo social de Tijuana, Mario Osuna Jiménez, confirmó a BBC Mundo el ataque y que el techo del lugar resultó abollado. Dice que no hubo detenidos, pero que la policía ha comenzado a vigilar la zona.

El otro incidente, que fue ampliamente difundido en redes, fue el día de la llegada de los primeros caminantes a Tijuana, la noche del jueves.

Los migrantes no querían tomar el refugio y se concentraron en la playa de Tijuana. Allí, un grupo de decenas de vecinos salió a tirarles piedras y gritarles que regresaran a Honduras.

La violencia escaló esa noche.

«También es verdad que algunos hondureños fueron también violentos y les gritaron que éramos más y los podrían matar si quisieran».

Para este domingo se preparan marchas en la ciudad en contra y a favor de los migrantes.

«Tijuana es una ciudad abierta a la migración. Recibe a diario 130 mexicanos repatriados de Estados Unidos además de cientos de migrantes nacionales e internacionales. Sin embargo esta es una situación extraordinaria», explica César Palencia Chávez, director municipal de atención al migrante.

Dice que la respuesta de Estados Unidos «podría depender de cómo se comporten los migrantes estos días. Si se apuntan con orden en las listas, no hacen disturbios, yo creo que Estados Unidos puede acelerar un poco los procesos».

Pero, por ahora, en Playas de Tijuana la valla fronteriza se ha reforzado con alambre de púas. La patrulla fronteriza está en constante vigilancia y un par de helicópteros sobrevuelan a baja altura. Las líneas de cruce de coches entre Tijuana y San Diego se han reducido.

También, del lado mexicano, en la garita del paso fronterizo de San Ysidro, la policía federal instaló barreras metálicas para controlar la circulación de vehículos y personas desde Tijuana hacia San Diego, la ciudad que está al otro lado de la frontera que desean cruzar los migrantes.

El gobierno local indica que tiene recursos para mantener este campamento por 15 días y pide ayudar al gobierno federal para ayudar a los migrantes. En México la situación llega en un momento de cambio político: el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto va de salida y el de Andrés Manuel López Obrador todavía no entra al cargo.

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