Fortalezas y debilidades de la campaña del líder de Perú Posible, primero en las encuestas a 40 días de las elecciones

Correlatos de Alejandro Toledo hacia la presidencia del Perú

Ex presidente lidera la intención de voto con el 28.4%, segudo por el ex alcalde de Lima, Luis Castañeda

Correlatos de Alejandro Toledo hacia la presidencia del Perú
Alejandro Toledo. Caretas.

La pugna por la segunda posición tiene injerencia directa en la campaña de Toledo. Para él, una cosa es la segunda vuelta con la guitarra de Keiko y otra con el cajón de Castañeda

La aparición de la última encuesta de CPI revolvió más el caldero electoral. Alejandro Toledo conserva la punta con 28.4%, al igual que el último sondeo de Apoyo. Pero a diferencia de esta encuestadora, que le asignaba a Keiko Fujimori el segundo puesto con 21% y a Luis Castañeda el tercero con 17%, CPI pone al ex alcalde en segundo puesto (20.1%) seguido muy de cerca por la hija del encarcelado ex presidente (18.8%).

La pugna por la segunda posición tiene injerencia directa en la campaña de Toledo. Para él, una cosa es la segunda vuelta con la guitarra de Keiko y otra con el cajón de Castañeda.

Todos los sondeos coinciden en que a Fujimori podría ganarle por alrededor de 12 puntos. En cambio, un supuesto balotaje con Castañeda promete, tal como están las cosas, una final de infarto. Esa diferencia se ha visto reflejada en los titulares afines a Toledo, potenciados ciertamente por un Castañeda agresivo y una campaña que ahora se vuelve a concentrar en su bastión limeño.

Toledo se adueñó de la punta en un trancazo navideño de casi diez puntos. Un lanzamiento profesional y planificado lo ayudó a posicionarse. A diferencia de Solidaridad Nacional, su campaña funciona con un mecanismo de relojería y algunas asperezas del pasado, como el verbo flamígero de Eliane Karp y el triste protagonismo de sus familiares, han sido limadas.

Además juegan a su favor la experiencia de gobierno, una mayor capacidad para ubicarse en el centro, la extraordinaria historia de vida y hasta sus rasgos indígenas (convenientemente rejuvenecidos, vale la pena añadir).

Pero luego ha enfrentado problemas en el camino, entre los que destacan el cuestionamiento a las finanzas de su campaña y las acusaciones de demagogia ante propuestas suyas como el control de precios y el aumento de sueldos al magisterio.

POCO MARGEN

Las comparaciones con encuestas pasadas ayudan a dar una idea de sus vulnerabilidades.

En marzo del 2001, Toledo contaba con una intención de voto según Apoyo de 35%. Lo seguía Lourdes Flores con 20% y el reaparecido Alan García con 17%. Al final García se impuso a Flores para el pase a la segunda vuelta con 25.77% contra 24.30%. Toledo pasó cómodo con un 36.51%.

En la segunda vuelta obtuvo el 53.1% versus los 46.9% de AGP. La última era una cifra impensable para un ex presidente que dejó el poder en el caos de 1990. Además de una buena campaña ayudaron los errores de su contendor.

Aunque Toledo no fue protagonista del 2006, los sondeos también ofrecen un interesante ejemplo de evolución. Hacia el 24 de febrero, Flores iba a la cabeza con 33%, Ollanta Humala la seguía con 26% y García con 22%. En las urnas, Lourdes volvió a ser derrotada con las justas por García. Ella sacó 19.98% y él 20.41%. García, con 52.62% de votos válidos, venció en segunda vuelta a Humala, que obtuvo 47.38%.

Hoy García no es un factor como candidato. Pero en ambos casos los punteros tenían, a estas alturas, un margen adicional que Toledo no tiene. El consultor político uruguayo Luis Costa Bonino afirmaba la semana pasada a CARETAS que, para el costoso tipo de campaña emprendida por Toledo, ocupa un primer lugar todavía muy precario.

Un observador cercano a la campaña de Castañeda apunta que, cuando el «cholo» terminó un mandato muy impopular, salió del gobierno con una aprobación que repuntó hasta 30%. En ese orden de ideas, habría alcanzado hoy una suerte de techo y su intención de voto aparentemente estancada recuerda también la de rechazo.

En la última semana tuvo una convocatoria multitudinaria en Iquitos pero también las vio negras en Chincha, donde fue abucheado y una contramanifestación ni siquiera le dejó comenzar su intervención.

Y quien todavía sí es un factor es Humala. En los números de Apoyo y CPI ha experimentado un salto de 2-3 puntos. Capitalizó bien los WikiLeaks y, como reza su eslogan, ha marcado la diferencia en una serie de temas como el de los impuestos mineros, debate a estas alturas absolutamente razonable y que debería haber sido asumido con menos tapujos por los demás candidatos. Por lo pronto, ya lo hicieron Australia y Chile que son la competencia peruana en el rubro.

Otro protagonista de la campaña considera que si Humala crece lo hará a costa de Toledo pues ambos comparten, curiosamente, un bolsón electoral. Es cierto que tienen en común algunas propuestas zurdas, como aumentarles los impuestos a quienes más tienen (ver recuadro).

Pedro Pablo Kuczynski sí es, en el otro lado del espectro, un picador definitivo de la opción toledista. Si la cosa se complica puede ser a Toledo lo que Valentín Paniagua fue para Lourdes en el 2006: votos cruciales. No es casual que los rumores sobre una «inminente» renuncia del ex premier fueran reproducidos con entusiasmo en el tabloide que se encuentra al servicio de la chakana, como también lo fue la supuesta, y negada, reunión entre Castañeda y García en la casa playera de Luis Nava.

El presidente saliente ha sido el principal blanco de campaña para Toledo («¡saque las manos de la campaña, carajo!», exigió esta semana) y hasta ahora le ha servido bien al candidato. Según CPI, García ha visto su popularidad desplomarse a 24%. Pero, como también lo advertía Costa Bonino, cabe preguntarse hasta dónde podrá llevar el argumento. El APRA perdió su candidata, García no es Hugo Chávez y Toledo tampoco propone precisamente una ruptura con el actual modelo. Toledo le enrostra a García la corrupción pero el gobierno del primero tampoco estuvo exento de pájaros fruteros (ojo que algunos repiten el plato en la lista parlamentaria) y escándalos de peso que involucraron presuntos negociados con el sector privado.

Y es precisamente la transparencia en el financiamiento lo que ahora constituye un talón de Aquiles para Perú Posible. Como lo ha hecho con los otros partidos, la ONPE ha puesto en evidencia importantes preguntas sobre los abundantes dineros que circulan en la campaña. Ante la acusación de vinculaciones entre el APRA y la controversial familia Sánchez Paredes, Alan García recordó el sábado 26 que fue durante esta administración que se puso en cintura al clan trujillano. «Si es que ellos no fueron investigados en ese lapso de gobierno (de Perú Posible), yo puedo pensar que ellos compraron al gobierno pasado. En el gobierno anterior, ellos no estaban investigados y los ministros del Interior silbaban».

Quedan 40 días de una campaña en la que todo puede suceder. Y de allí comienza la secuela inevitable de la segunda vuelta. Como lo advierte la presente carátula: ¡guarda!

 

 

 

 

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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