Argentina es el máximo exponente del nuevo populismo

Cristina Kirchner, la muñeca de trapo populista

Cristina Kirchner, la muñeca de trapo populista
Cristina Kirchner. EFE

Hablar de Argentina ligado al populismo se ha convertido en algo diario, cotidiano. Como hablar de Messi ligado al ejemplo del buen fútbol.

Sólo que mientras que el jugador del Barcelona representa algo positivo, casi un modelo a seguir, su patria se ha transformado en el paladín del populismo más rancio, soez y vulgar, con toques de chabacanería más propios de los programas de la prensa rosa o de la telerrealidad más estridente.

¿La última ocurrencia? Vender una muñeca a imagen y semejanza de la señora Kirchner. Sí, sí, con las múltiples y malogradas operaciones estéticas incluidas.

Y es que Argentina es el máximo exponente del nuevo populismo. Un populismo que utiliza a la opinión pública, al populus, como fuente de poder, considerándolo como un conjunto social homogéneo y como depositario exclusivo de valores positivos, fuente principal de inspiración y objeto de constante referencia.

Este populismo es la antítesis de nuestras democracias, son la cara y la cruz de la moneda. Esa cruz que representa el populismo utiliza a la ciudadanía como un súbdito del Estado y convierte las políticas redistributivas en un instrumento de dominación.

Es entonces cuando nace el miedo frente a este populismo encarnado en la figura de la señora Kirchner; un miedo que deja aflorar la difícil compatibilidad entre democracia y populismo.

El discurso es uno de los ejes centrales de todo buen populista. Un elemento fundamental. Un discurso que no admite complejidades, ni expresiones barrocas, ni elaboradas figuras literarias. Se trata de un lenguaje claro, sencillo, directo al grano, sin rodeos, sin eufemismos y haciendo uso del famoso «o conmigo o contra mí».

En las soflamas populistas el enemigo no compite, conspira. La idea del complot traduce en un lenguaje accesible al imaginario popular los peligros reales o supuestos que amenazan al líder y al movimiento.

Sin duda, Kirchner ha aprendido en las mejores escuelas, tomando como ejemplo a sus colegas iberoamericanos. En Venezuela, Chávez acusa a los complots yanquis favorecidos por la oposición antipatriótica.

En México, López Obrador solía hablar de complots contra el PRD y contra el pueblo mexicano, algo que ha vuelto a poner de moda al tratar de impugnar las últimas elecciones mexicanas.

El maniqueísmo en blanco y negro del discurso conspiranoico es sencillo y eficaz. Une fácilmente a los seguidores y excluye tajantemente a los adversarios.

Y es que el populismo puede ser considerado como la enfermedad de los sistemas democráticos modernos, ya sea por su potencial tiránico y disruptivo de los derechos individuales o por su radicalización de los principios de soberanía popular.

Es aquí donde debemos reflexionar y plantearnos si este tipo de populismo es patria potestad de los países iberoamericanos. La verdad es que nada más lejos de la realidad. Recientemente se publicaba una entrevista a Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, en la que ante la pregunta sobre cuál es el mayor peligro que acecha a Europa contestó lo siguiente:

«El gran peligro es el populismo reinante y, en consecuencia, la falta de compromiso europeo. El populismo hace difícil tomar las medidas que habrá que adoptar para el futuro de Europa».

Este es el reto que tenemos por delante, el reto de afrontar un marco político en el que los partidos populistas tratan de aprovecharse del descontento social derivado de la crisis económica si no queremos acabar con vecinos y socios europeos de la corte de la Argentina actual, o mejor dicho, de la neoargentina.

Ya lo decía el expresidente de Uruguay, José María Sanguinetti, «el populismo es lo contrario a la democracia responsable, la que asienta la libertad de expresión y que trata de desarrollar las acciones sociales, la que no promete algo que no puede dar».

¡Qué razón tenía!

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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