La Venezuela chavista a oscuras

En medio de la furia por otro apagón en Zulia volvieron a destrozar un monumento a Hugo Chávez

Los zulianos sufren como ningún otro venezolano la crisis económica, los apagones y el abandono sin soluciones a la vista

Los apagones en Zulia, uno de los estados petroleros de Venezuela, son cada vez más constantes y han colmado la paciencia de sus ciudadanos, que esta vez reaccionaron destruyendo un busto de Hugo Chávez, cuya figura ya había sido vandalizada el año pasado.

Aunque no se conoce a los autores del hecho, el periodista Lenin Danieri publicó imágenes del resultado en la ciudad de Villa del Rosario, las cuales se viralizaron por usuarios opositores a la dictadura de Nicolás Maduro.

Según informó Danieri, el hecho ocurrió durante uno de los «racionamientos» energéticos durante los cuales los ciudadanos no cuentan con suministro eléctrico.

El Parlamento venezolano denunció hace unos días la «situación calamitosa» en Zulia, el estado más poblado del país petrolero, donde la crisis económica golpea con más fuerza a sus ciudadanos, en la actualidad divididos entre la indignación y el hastío.

Es la segunda vez que se producen actos vandálicos contra la imagen del fallecido caudillo en Villa del Rosario. En mayo de 2017, varias personas tumbaron una estatua chavista, en medio de manifestaciones opositoras contra el régimen.

En Maracaibo, la ciudad capital, el deterioro de los servicios públicos se refleja en cada cuadra y en todas las avenidas de esta urbe compartida por unos 2 millones de habitantes, y que fue por décadas una localidad vanguardista en términos de servicios.

Hoy, en cambio, la llamada «tierra del sol amada» es un crisol de problemas donde los más afectados son sus pobladores, condenados a fallas eléctricas de hasta 36 horas de duración, y a vivir sin internet ni telefonía residencial, con agua potable racionada, rodeados de basura y con miedo a la inseguridad.

La falta de agua potable ha llevado a los pobladores de esta zona, la de más baja altitud del país, a cavar pozos por doquier y sin permisos de las autoridades, aunque sin éxito en la mayoría de los casos.

Si hay algo indiscutiblemente común en el Zulia es el calamitoso estado de sus carreteras, las autopistas y caminos que conectan sus localidades están llenos de huecos y basura, casi sin alumbrado y con numerosas historias de asaltos.

La suma de estos males afecta directamente el regionalismo de los zulianos, que por años se jactaron de ser el benefactor del resto de sus compatriotas y hoy sufren como ningún otro venezolano la desidia y el abandono sin soluciones a la vista.

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