HAMBRE Y REPRESIÓN EN VENEZUELA

‘El Helicoide’: el monstruoso centro de tortura de Maduro y los verdugos chavistas

'El Helicoide': el monstruoso centro de tortura de Maduro y los verdugos chavistas
El Helicoide, sede del siniestro SEBIN y centro de torturas de la Venezuela chavista. EP

Un espanto (La Infame Alianza de Venezuela: Falconetti, Putin, Maduro, Iglesias, Torra y Bergoglio).

En el centro de Caracas, aparece como un gigantesco caracol de cemento. Un edifico monumental en la cima del cerro La Roca Tarpeya. Son unos 13 pisos de concreto (Al tirano Maduro y los verdugos chavistas se les agrieta el ‘Frente Militar’).

Un círculo monstruoso que se suponía –a la hora de su diseño– sería el primer centro comercial «drive through» de América latina. Algo así como un shopping con «auto mac» (‘El Puma’ despotrica contra el tirano Maduro y el ‘pringoso’ Papa Francisco).

Para los años 50, cuando fue pensado, en medio de la bonanza petrolera, aquello era un sueño, casi ciencia ficción. Pero jamás se terminó. Hoy corona sus pies con villas miserias y llena sus entrañas con los prisioneros de la policía secreta del régimen chavista. Le dicen El Helicoide, por su forma.

En un largo reportaje interactivo publicado este jueves, BBC News recoge los relatos de quienes terminaron encerrados en El Helicoide.

El edificio fue construido entre los años 50 y 60, cuando Venezuela tenía grandes sueños y muchos dinero de las ganancias petroleras.

Su diseño evoca el de la torre de Babel y pretendía que los clientes pudieran llegar con su coche hasta la puerta misma del local que escogieran entre los 320 que ofrecería el centro.

Salas de exposición, gimnasio, pileta, guarderías y un multicine serían parte de las instalaciones, además de un centro automovilístico con venta de autos y repuestos, estación de servicio, lavadero automático y taller.

Tendría ascensores inclinados para recorrer las diferentes plantas y adaptarse a la particular fisonomía del edificio. E incluso su propia emisora de radio: Radio Helicoide, según enumera el diario ABC.

Pero los tiempos cambiaron, y los planes para el «mall» cambiaron.

Durante años El Helicoide permaneció vacío. Se convirtió en un antro de prostitución y drogas hasta que se convirtió en el hogar de la agencia de inteligencia venezolana, la tan temida SEBIN.

Desde entonces es un lugar que provocar terror. Se lo usa tanto para criminales comunes como para los prisioneros políticos.

Por ejemplo, en noviembre el periodista alemán Billy Six, de 31 años, fue detenido en Venezuela acusado de espionaje y enviado al Helicoide.

Six, que cubría el malestar social en el país, fue detenido después de escribir una historia sobre los venezolanos que huían a Colombia. Lo acusaron de ser miembro de las FARC y de tomar fotos en una zona prohibida cerca del presidente Nicolás Maduro.

Pero ocurre que Six nunca tocó un arma, nunca se sumó a ninguna manifestación, según su padre. El periodista igual terminó entre las paredes oscuras de El Helicoide y desde mediados de diciembre que no sabe nada más de él.

La BBC habló con prisioneros como Six que estuvieron en la casa del terror del SEBIN. También habló con los familiares y con dos ex guardias.

Sus testimonios reconstruyen la vida en el interior de la prisión.

Uno de los testimonios corresponde a Rosmit Mantilla, de 32 años, un activista político y defensor de los derechos de la comunidad LGBT.

Mantilla llegó al Helicoide en mayo de 2014. Para entonces era uno de los 3000 detenidos en las masivas redadas contra opositores en el país.

A Rosmit lo acusaron de financiar esas protestas, fogoneadas por la inflación rampante y la escasez de alimentos y medicinas.

Dos guardias, que no dieron a conocer sus nombres, lo recuerdan.

Eran tiempos caóticos. Cada día llegaban al Helicoide micros llenos de presos. Había estudiantes, activistas políticos, incluso chicos atrapados solo por el hecho de haber estado en el lugar y el momento equivocados.

La llegada de Rosmit fue el inicio de una pesadilla de dos años y medio. En el Helicoide encontró tortura y crueldad. Y para sobrevivir psicológicamente decidió documentar todo, hablando con quien pudiera: guardias, presos…

Lo que alguna vez había sido pensado como tiendas y locales de lujo o baños o escaleras, todo fue cerrado y convertido en celdas.

A Rosmit lo metieron en lo que pudo haber sido un depósito de 12 por 15 metros. Adentro había 50 presos. Hacía calor, no había aire.

«No había luz, agua ni baño, no había higiene ni camas. Las paredes estaban manchas con sangre y excrementos».

«Rosmit era uno de esos presos que no debía estar ahí. Podías hablar con él de cualquier cosa. Como ser humano, puedo imaginar lo difícil que debió haber sido acusado de algo que no hiciste o arrestado por pensar diferente», dice uno de los guardias.

«Todos los días me encontraba con gente cubierta en sangre, otros atados, algunos inconscientes».

Y recuerda a un alumno universitario al que le habían puesto en la cabeza una bolsa llena de excrementos para que los respire.

Los propios guardias recuerdan haber visto gente golpeada, atada, suspendida del riel de una escalera por las muñecas con los pies descalzos tocando el piso. También recuerdan el uso de baterías de autos para electrocutar a los presos.

«Podía ser un brazo, los testículos, la garganta, la panza, cualquier parte en realidad».

La BBC intentó contactarse con las autoridades venezolanas pero no tuvo respuesta.

Semanas atrás, Humans Rights Watch denunció en un escalofriante informe las torturas que el régimen de Maduro infligía a los militares díscolos y a sus familiares.

El informe analizó 12 casos de 2017 y 2018 que involucran a 32 personas, incluyendo efectivos militares y civiles acusados de conspirar contra el gobierno, así como también parientes de sospechosos.

El documento señaló que efectivos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) o el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) practicaron la mayoría de los arrestos.

Los detenidos denunciaron abusos tales como palizas brutales, asfixia, cortes con hojillas en las plantas de los pies, descargas eléctricas, ayuno forzado, prohibición de ir al baño y amenazas de muerte.

Uno de los episodios más infames en El Helicoide fue la muerte del concejal opositor Fernando Albán en octubre. El gobierno de Maduro dijo que se tiró del piso 10 del edifcio. Pero la oposición afirma que lo mataron.

A pesar de todos sus secretos macabros, El Helicoide sigue en pie como un centro de confinamiento de presos políticos. Dicen que el poeta chileno Pablo Neruda lo ensalzó como «una de las creaciones más exquisitas que jamás nacieran de la mente de un arquitecto», y que el pintor Salvador Dalí se ofreció a decorarlo.

Sus arquitectos fueron Pedro Neuberger, Dirk Bornhorst y Jorge Romero Gutiérrez.

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