HAMBRE Y REPRESIÓN EN VENEZUELA

Al tirano Nicolás Maduro le huele ya el culo a pólvora

Al tirano Nicolás Maduro le huele ya el culo a pólvora
El dictador Nicolás Maduro. EP

Le le está poniendo negra la cosa al tirano (El asesor de seguridad de Trump deja en un descuido a la vista su libreta: «5.000 tropas a Colombia»).

La decisión de la dictadura venezolana de promulgar una serie de «medidas cautelares» contra el presidente de la Asamblea Nacional puede considerarse como la respuesta directa a la exigencia de la convocatoria de elecciones libres realizada por la comunidad internacional, España incluida, lo que justificaría por sí sola el reconocimiento automático de Juan Guaidó como presidente interino (Maduro inicia la persecución a Guaidó: El Fiscal General abre una investigación y pide al TSJ que prohíba su salida del país).

El presidente del Gobierno, que, como acostumbra, dispara primero y apunta después, no debió haber dado un plazo concreto a Maduro, porque en esta situación la diplomacia española está cautiva y atada de manos por sus propios enunciados hasta este sábado (Juan Guaidó conversa con Donald Trump sobre la crisis venezolana).

Si no le bastaban las limitaciones que le imponía su alianza con Podemos, la sucursal del chavismo en España, ha añadido otros errores de su propia cosecha. Mientras Estados Unidos adopta medidas concretas y eficientes para asegurar el carácter irreversible de la transición de poderes, despojando al régimen de Maduro del control de sus recursos financieros, la actitud de Pedro Sánchez está haciendo que España y la Unión Europea pierdan posiciones en este momento crucial de la historia de Venezuela.

Sobre todo porque el propio carácter de las medidas dictadas contra Guaidó -muy prudentes para el amplio catálogo represor que maneja el chavismo- revela hasta qué punto el régimen de Maduro está siendo sensible a las presiones cuando se le transmiten gestos rotundos, y no melifluas propuestas de mediación.

El dilema es muy claro: defender la democracia frente a una tiranía. No tienen sentido los supuestos escrúpulos de España y el resto de la UE por no figurar en la misma lista que Donald Trump, lo que significa situarse en la que están Vladímir Putin, la dictadura cubana o Tayip Erdogan.

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