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La comunidad internacional está indignada ante el nuevo episodio de represión de Nicolás Maduro. Las fuerzas chavistas dispararon, al rostro y a quemarropa, contra el adolescente Rufo Velandria, lo que hizo que el adolescente de sólo 16 años perdiera ambos ojos por estar manifestándose por la falta de servicios públicos en la localidad venezolana. El joven fue atendido de emergencia en el Hospital Central de la entidad, sin embargo, una oftamólogo confirmó la pérdida total de la visión. No es la primera vez que el régimen de Nicolás Maduro emplea la técnica de disparar perdigones a la cara con el objetivo de matar o lesionar de por vida a los manifestantes contrarios a la dictadura de Venezuela.
Wuilly Arteaga, conocido por tocar su violín frente a la primera línea de los policías antidisturbios, también fue uno de los principales afectados por dicha técnica. Durante las manifestaciones de 2017, las fuerzas de seguridad bloquearon el camino de los asistentes y dispararon balas de goma y gases para dispersar la manifestación, hiriendo a varias personas, entre ellas unos 10 periodistas, incluído Arteaga.
María Elisa Caridad, madre de Ehisler Vásquez, que denunció en 2013 que a su hijo de 19 años le dispararon cinco perdigones a quemarropa en el rostro. Una agresión que ocurrió durante una marchar a la sede del Consejo Nacional Electoral de Barquisimeto, estado Lara. «Sólo logra abrir la boca un poquito para tomar líquidos a través de un pitillo [pajita]», explicó la madre del joven lastimado por la Guardia Nacional Bolivariana. Justamente en este estado venezolano, la Policía Nacional Bolivariana disparó perdigones en rostro y brazos a un jovencito de 14 años durante represión en la localidad Quíbor, registradas durante 2017.
La técnica de disparar al rostro y a quemarropa también ha generado la muerte de algunos opositores. El caso más conocido fue el de Geraldine Moreno que ocurrió el 19 de febrero de 2014. La investigación demostró que el sargento Albin Bonilla Rojas -integrante de la Guardia Nacional– le disparó a quemarropa en el rostro con un arma de perdigones a Geraldine Moreno, de 23 años, quien falleció tres días después en un centro hospitalario de la ciudad de Valencia, estado Carabobo.
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