Sólo es noticia para los españoles cuando hablamos de las pateras que llegan a Canarias

España, de espaldas a África

No se van a resignar a ver por televisión la opulencia y el despilfarro de los europeos

Cada seis segundos muere un niño por desnutrición

África no es noticia salvo que hablemos de los piratas del Alakrana y de países sin gobierno o sin un sistema de justicia comparable, aunque sea remotamente, con lo que tenemos en el mundo occidental.

África sólo es noticia para los españoles cuando hablamos de las pateras que llegan a Canarias que nos recuerdan que a pocos kilómetros de nuestras costas existe otro mundo sin oportunidades, sin esperanzas, cada vez más lejos del desarrollo y del futuro.

Europa da la espalda a África, no la contempla como un espacio de cooperación y desarrollo.

Y, sin embargo, África es un continente que va a jugar un papel decisivo en el futuro. Ya ha superado los mil millones de habitantes.

De ellos, un 45 por ciento son menores de 15 años, un dato para una profunda reflexión. Y esa fuerza inmensa no va a soportar en silencio la penuria, la miseria ni el hambre.

No se van a resignar a ver por televisión la opulencia y el despilfarro de los europeos, incluso en medio de la crisis. O les empujamos en su desarrollo o tendremos serios problemas, infinitamente mayores a los actuales.

Estos días se celebra en Roma la cumbre de la FAO contra el hambre en el mundo. Otra más.

Allí no hay jefes de Estado para hacerse una foto ni para tratar el problema. Los delegados de los países ricos han vuelto a reafirmar un plan aprobado hace años que tenía como objetivo invertir reducir a la mitad el número de personas que pasan hambre en el mundo antes de 2015.

Esa cifra, hoy, es tan grande que nos deja indiferentes: por primera vez más de 1.000 millones de personas, una sexta parte de la población del mundo, el equivalente a todos los habitantes de África.

Los países ricos han reafirmado el «objetivo del milenio», es decir esa reducción del cincuenta por ciento que todos saben que no van a conseguir porque nadie va a destinar los recursos mínimos necesarios.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon ha dicho en Roma que «hoy van a morir 17.000 niños en el mundo».

Cada seis segundos muere un niño por desnutrición. Benedicto XVI ha denunciado que «la tierra puede alimentar a todos», que «es despreciable la práctica de destruir alimentos por fines comerciales: la comida no se puede considerar como una mercancía. La malnutrición y el hambre no dependen del crecimiento económico sino de los mecanismos de distribución».

Obama ha ido a China a tratar de quitar el miedo de los chinos y de sus dirigentes a invertir en Estados Unidos o para evitar que se lleven el dinero que tienen allí, mientras soslaya la violación de derechos humanos en ese país.

Los grandes, los ricos, los poderosos -pero también nosotros- siguen explotando, ignorando, olvidando a los más necesitados.

«El hambre», ha dicho el presidente Lula, es «la más devastadora arma de destrucción masiva». El hambre y el hombre. África es la prueba.

 

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