"Fueron momentos tristes, es cierto, pero creo que no tan violentos como los que se viven en las guerras actuales, en Afganistán e Irak", dice Sánchez
Para los estadounidenses Vietnam fue una pesadilla. Entre 1958 y 1975 se desarrollaron los combates, en un territorio que para los soldados norteamericanos resultó agreste y hostil. Al terminar la guerra, quedó una marca profunda en la moral y en la opinión de toda una nación.
Víctor Hugo Sánchez Guevara, un guayaquileño, hoy de 82 años, fue testigo cercano de esos acontecimientos, cuando fue movilizado a la base de Saigón (Vietnam del Sur), como un médico militar. Tenía entonces 30 años.
«Fueron momentos tristes, es cierto, pero creo que no tan violentos como los que se viven en las guerras actuales, en Afganistán e Irak», dice Sánchez, quien durante 40 años estuvo vinculado al Ejército estadounidense.
Hace poco, luego de 32 años, volvió al país. «Aquí residen dos de mis tres hijos; uno murió. También dos de mis siete hermanos que sobreviven».
Estudiante del Colegio Americano de Guayaquil, aspiró alguna vez a ser médico. Se inscribió en 1950 en la Universidad Central de Quito, pero por la muerte de su padre en los días previos al inicio de clases, desistió obligado ante la necesidad de hacerse cargo del negocio de la familia. Su madre había fallecido 20 años antes.
«Mi padre era un comerciante mayorista del Mercado Central. Durante tres años estuve a cargo de eso, luego lo vendimos y decidí irme a vivir a los Estados Unidos».
Viajó en 1956. Trabajó de obrero y luego en un restaurante de comida rápida. Fue ahí que leyó un anuncio de periódico donde se pedía voluntarios para enrolarse en el Ejército.
En la oficina de reclutamiento lo primero que le dijeron es que no iba a ser fácil y le recomendaron que se compre un manual de casi 80 páginas donde se resolvían las formas de cómo poder ingresar.
Así lo hizo. Al poco tiempo ya estaba dentro. Inicialmente lo enviaban como fotógrafo militar, a Corea, pero desistió y tramitó ser colocado como médico enfermero.
Su primer viaje fue al U.S. Army Hospital Nürnberg, en Alemania. Luego estuvo en la zona del Canal de Panamá. Fue ahí donde conoció a su esposa, Estel María Rivera.
«Yo era personal militar y ella se tomaba un café», dice; el resto es una historia de amor que continúa en estos días.
Su aventura en Vietnam, atendiendo a los heridos, se extendió por 30 meses, en dos etapas diferentes. Hoy está jubilado, pero entre los estadounidenses no ha perdido su rango, es un héroe de guerra, de la guerra de Vietnam.
A lo largo de su carrera, fue parte de los famosos Boinas Verdes. Y entre 1968 y 1972, fue movilizado al U.S. 8th Especial Forces Group, que atendía en la Escuela de las Américas (Panamá), esa en donde estuvieron varios de los actuales militares sudamericanos. «Por ahí andaba Hugo Chávez…», dice.
Ha sido siete veces abuelo. Bisabuelo, cinco; y en otras dos, tatarabuelo.

