Presión sobre el sínodo mundial de obispos católicos que abre el Vaticano, para discutir los problemas de la familia

El cura soberanista con novio catalán sale del armario y monta un cirio

Al polaco Krzysztof Charamsa, de 43 años, le han echado de la Curia sin contemplaciones por contar su relación con Eduard

El cura soberanista con novio catalán sale del armario y monta un cirio
Krzysztof Charamsa y Eduard Planas PD

La han montado buena, al alimón y sin cortarse un pelo. Uno es Krzysztof Charamsa,  sacerdote polaco de 43 años, funcionario en la Congregación para la Doctrina de la Fe, y Eduard Planas, de origen catalán. El primero vinculó la fe cristiana en Catalunya Ràdio y la Doctrina Social de la Iglesia con el derecho de autodeterminación:

«Nosotros tenemos una claridad ejemplar; los derechos de autodeterminación de una nación forman parte de los derechos del hombre. Y una de las partes importantes de los derechos de las personas es el derecho a la independencia».

Bajo esta presión mediática, ya que el primero ha salido del armario tan campante contando a los cuatro vientos que es gay, –le han echado de la Curia– el Vaticano ha abierto este domingo 4 de octubre de 2015 el segundo sínodo mundial de obispos católicos para discutir los problemas de la familia moderna.

LLAMAMIENTO

Francisco llamó a la Iglesia a trasmitir a la sociedad católica «el verdadero significado de la pareja y de la sexualidad humana en el diseño de Dios», de un «amor conyugal único y ‘usque ad mortem’ [hasta la muerte]», informa la Agencia Ecclesia.

El pontífice abogó por defender el «amor verdadero», el «carácter sagrado de la vida» y «la unidad y la indisolubilidad del vínculo conyugal», citando a sus predecesores directos: Juan Pablo II y Benedicto XVI.

El pontífice insistió en que el Vaticano defiende las alianzas matrimoniales tradicionales entre un hombre y una mujer, pero subrayó que la Iglesia debe «acercarse y cuidar de las parejas heridas con el bálsamo de la aceptación y la misericordia».

Francisco describió la sociedad de la época de la globalización como una comunidad en la que «cada vez más personas se sienten solas y se encierran en el egoísmo, la melancolía, en la violencia destructiva».

«La Iglesia debe buscar [al hombre contemporáneo], acogerlo y acompañarlo, porque una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión, y en vez de ser puente se convierte en barrera».

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