Los peligrosos ‘compañeritos’ de prisión de «El Chapo» Guzmán en EEUU

Los peligrosos 'compañeritos' de prisión de "El Chapo" Guzmán en EEUU
Zacarias Moussaoui PD

Joaquín «El Chapo» Guzmán ya está en la «Alcatraz del siglo XXI» o «Alcatraz de las Rocosas»: la prisión federal de más alta seguridad de Estados Unidos.

El narcotraficante mexicano fue trasladado a la Penitenciaría Administrativa de Máxima Seguridad en Florence (Colorado) -mejor conocida por sus siglas en inglés ADX-, tras ser condenado esta semana a cadena perpetua en un histórico juicio celebrado en Nueva York.

El centro es «hogar» de otros destacados criminales, entre ellos el conocido «Unabomber«, uno de los autores del mortal ataque de la maratón de Boston o el único condenado por los atentados del 11-S en Estados Unidos.

«Unabomber»

Theodore J. Kaczynski, más conocido como «Unabomber», aterrorizó a la sociedad estadounidense durante más de una década.

Kaczynski, anarquista y genio de las matemáticas, fue el autor de 16 atentados que mataron a tres personas e hirieron a otras 28, a través del envío de paquetes bomba.

El hombre se alejó del mundo para vivir en una rústica cabaña en Montana, Estados Unidos, y desde ahí planeó sus ataques.

Sus crímenes se extendieron desde 1978 hasta 1995 y su caso se convirtió en la investigación más larga y costosa hasta entonces del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés).

Fue capturado el 3 de abril de 1996 en su cabaña, gracias a las pistas que su hermano ofreció al FBI.

En enero de 1998, Kaczynski se declaró culpable de todos los cargos en su contra, reconociendo ser «Unabomber», a cambio de evitar la pena de muerte y recibir una condena a prisión perpetua sin posibilidad de recuperar su libertad y renunciando a la posibilidad de apelar la sentencia.

Dzhokhar Tsarnaev

Otro de los reclusos de alto perfil de ADX es Dzhokhar Tsarnaev, autor del atentado contra la maratón de Boston de 2013.

El ataque dejó tres muertos y 264 heridos, entre ellos 17 que perdieron alguna extremidad. Una cuarta víctima, un policía, falleció en la persecución posterior de los sospechosos.

Tsarnaev perpetró el crimen cuando tenía 18 años junto a su hermano Tamerlan y fue sentenciado a pena de muerte por un jurado popular.

Su hermano murió por los disparos de la policía cuando intentaba escapar después de haber matado a un agente.

Durante su juicio, el equipo de defensa de Tsarnaev, que no puso en duda las pruebas contra él, centró su estrategia en tratar de salvarlo de la pena de muerte con testigos que apuntaran a que la acción fue manipulada por su hermano mayor, Tamerlan.

El programa dela BBC Panorama realizó una investigación sobre el caso y descubrió que el hermano mayor leía material en el que se desarrollaban teorías conspirativas para explicar los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas y el Pentágono, así como el que tuvo como blanco un edificio federal en la ciudad de Oklahoma, en 1995.

Asimismo, algunos de sus documentos exponían que Hitler y el nazismo tenían»su cuota de razón».

Zacarias Moussaoui

Moussaoui es el único condenado en Estados Unidos por los atentados del 11-S, que provocaron casi 3.000 muertos.

El hombre fue detenido por el FBI tres semanas antes del 11 de septiembre por infracciones de inmigración y después fue acusado por su implicación indirecta en los atentados más sangrientos de la historia del país.

Durante su juicio, aseguró que tenía previsto secuestrar un avión y estrellarlo contra la Casa Blanca, después de negar cualquier participación directa en los atentados.

Fue sentenciado a cadena perpetua en 2006 y enviado a la cárcel de máxima seguridad de Colorado.

Desde esa cárcel, aseguró casi nueve años después que miembros de la familia real saudí ayudaron a financiar a Al Qaeda.

Moussaoui afirmó que a finales de los años 90 creó una base de datos digital con los nombres de las personas que daban financiación a esa red islamista a petición de los líderes de Al Qaeda en Afganistán.

Entre los nombres que recuerda, mencionó al príncipe Turki al Faisal, entonces jefe de los servicios de inteligencia, al príncipe Bandar bin Sultán, antiguo embajador en Washington, y al príncipe Al Waleed bin Talal, uno de los hombres más ricos del mundo por entonces.

«El jeque Osama (bin Laden) quería tener un registro de la gente que donaba dinero, de la gente a la que había que escuchar o de los que contribuyeron a la yihad», explicó el Moussaoui desde su celda.

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