Es un país que ha completado la transición hacia el subdesarrollo"

The New York Times: «Argentina es un caso perverso en sí mismo»

"Hace un siglo, era una nación más rica que Suecia, Francia , Austria e Italia"

The New York Times: "Argentina es un caso perverso en sí mismo"
Máximo Kirchner (i), junto a su hermana Florencia (c) y su madre, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández. AG

Esta vez no hay silencios. Aunque Argentina no vive una ola de violencia y manifestaciones como Venezuela, la difícil situación económica que enfrenta el país lo convierten en un nuevo foco de preocupación que puede volver a afectar a todo el continente y que incluso, esta vez su impacto puede ir más allá.

Ya lo advirtió The Economist, hace poco en un artículo en el que afirmaba tanto Argentina como Venezuela han estado viviendo «a lo grande» durante años, repartiendo los ingresos de un irrepetible boom de commodities (el petróleo en Venezuela y la soja en Argentina) y que ahora se enfrentan a un escenario totalmente diferente.

De hecho en un artículo posterior al que llamó: «La parábola de Argentina», lanzó duras críticas a la gestión realizada por el actual gobierno:

«Argentina está otra vez en el centro de una crisis de los mercados emergentes. Esto puede ser atribuido a la incompetencia de la presidenta, Cristina Fernández, pero ella es sólo la última en una sucesión de analfabetos populistas, que se remonta a Juan y Eva (Evita) Perón».

No tardarían en llegar las críticas de The Wall Street Journal en el que dejó abierta una preocupante pregunta: ¿Se cumple la profecía de la «crisis eterna» en Argentina?

Argentina, un ejemplo de perversión

Y ahora, el turno ha sido para The New York Times que no se ha dejado absolutamente nada en el tintero.

«Argentina es un caso perverso en sí mismo. Se trata de una nación todavía drogada por esa mezcla de política quijotesca llamada peronismo: involucrada en una guerra total con datos económicos poco fiables; juguetear con su tipo de cambio multinivel; excluidos de los mercados de capitales globales, que pisotea los derechos de propiedad cuando quiere; obsesionada con una pequeña guerra perdida en las Malvinas, hace más de tres décadas, y convencida de que la causa de todo este fracaso recae en los poderes especulativos que buscan forzar a una nación orgullosa -en palabras de su líder – a volver a comer sopa de nuevo, pero esta vez con un tenedor».

Así, empieza el durísimo artículo de opinión de Roger Cohen, al que titula  «Cry for Me, Argentina«.

Cohen es muy crítico desde el inicio:

«Hay un dicho que circula tras el boom de los commodities de América del Sur y es que Brasil está en proceso de convertirse en Argentina, Argentina está en proceso de convertirse en Venezuela y Venezuela está en proceso de convertirse en Zimbabwe. Esto es un poco injusto para Brasil y Venezuela».

Pero va más allá. Hace un siglo, recuerda el periodista que vivió Argentina, era más rica que Suecia, Francia, Austria e Italia. Era mucho más rica que Japón.

Despreciaba al pobre Brasil. Vasta y vacía, con el suelo más rico del mundo en la Pampa, Argentina le pareció a los inmigrantes europeos que llegaron al país que tenía todo el potencial de los Estados Unidos (el ingreso per cápita ahora es un tercio, o menos, del de Estados Unidos). Ellos no sabían que un coronel llamado Juan Domingo Perón y su esposa Eva (Evita) darían forma al «ethos» de un poder delirante.

El periodista cita además a Javier Corrales, politólogo de la Universidad de Amherst al afirmar que «Argentina es un caso único de un país que ha completado la transición hacia el subdesarrollo«.

«En términos psicológicos y Buenos Aires está llena de gente derramando su angustia en sillones de psicoterapeutas, Argentina es el niño entre las naciones que nunca crecieron. La responsabilidad no era lo suyo».

Todo esto forma parte de las duras críticas tras hacer un repaso de la situación que ha vivido el país en los últimos años.

Y la situación actual…

Cohen va más allá. Así por ejemplo, afirma que el latigazo económico está vivo y bien, al igual que el gasto imprudente de los buenos tiempos y las medidas fuera de la ley de los malos.

«También gozan de buena salud las evocaciones empalagosas de Perón y Evita e Isabel: en la tierra como en los cielos».

Y prácticamente concluye su columna con otros dos latigazos:

«Lloren por mí, mi nombre es Argentina y soy demasiado rica para mi propio bien».

Pero más demoledora aun es la frase final: «la esperanza es difícil de desterrar del corazón del hombre, pero se debe decir que Argentina hace todo lo posible para hacerlo».

La respuesta

El gobierno Argentino no ha podido evitar responder y ha afirmado, a través del jefe del gabinete K, Jorge Capitanich, que hay una «una tendencia al agravio sistemático» a Argentina.

«Hay una ofensa sistemática a un movimiento nacional, popular, profundamente humanista y cristiano; y los trabajadores saben bien lo que significa el peronismo».

 

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