EL MUNDO DE HOLLYWOOD

Demi Moore y el explosivo striptease de los 12.5 millones de dólares

La primera gran jugada de Demetria Guynes, que no tenía nombre de estrella pero sí todo lo demás, fue tomar prestado de su primer marido uno con gancho: Demi Moore.

Con ese nombre y sus credenciales, logró ser la actriz número 1 de Hollywood durante 6 cortos pero muy intensos años.

Su obsesión por ganar dinero le granjeó el apodo en la industria de «Gimme More» (dame más).

En tan sólo tres años, Demi pasó de ser una chica mona (Ghost) a una bomba sexual que se restregaba con billetes (Una proposición indecente).

Moore no aceptaba un papel si el cheque no era mayor que el anterior y su matrimonio con Bruce Willis contribuyó a cimentar un estatus de icono cultural que se coronó con la legendaria portada de Vanity Fair USA en la que posó desnuda y embarazada de 8 meses.

Demi Moore.

Después Demi contrató a tres cámaras para que grabasen el parto y se recuperó en tiempo record de cara a Acoso, donde interpretaba a una mantis laboral que intentaba abusar del pobre Michael Douglas, por aquel entonces un experto en papeles de hombres que pagaban muy caro su calentón.

Eran los 90 y el sexo vendía más que nunca. Demi Moore había sido finalista en el cásting de Flashdance, cuya elección final se decidió proyectando un video de cada aspirante a 50 hombres y después pasándoles una encuesta que proponía una sola pregunta: «¿a cuál de estas chicas te tirarías?».

Jennifer Beals ganó por goleada y parece que Demi no se lo perdonó nunca a sí misma. Moore se prestaba encantada a la explotación de la mujer en Hollywood mediante escenas de coito tan inofensivas como publicitadas que en el fondo no eran para tanto.

La verdadera provocación estaba en la propia trama de la película: el conflicto principal (y por tanto la campaña de promoción) era sexual.

¿Te acostarías con un hombre a cambio de un millón de dólares? ¿Te acostarías con tu jefa a cambio de un ascenso? Incluso en un drama de época como La letra escarlata las desgracias de la protagonista venían por revolcarse en el granero con quien se supone que no debía.

Mientras el otro mito erótico de los 90, Sharon Stone, lograba su primera y única nominación al Oscar por Casino, Demi vio su oportunidad de ganar la carrera por el título sexy y para ello se puso dos tetas que cruzaban la línea de meta antes que el resto de su cuerpo. Aquellos dos implantes fueron los más amortizados de la historia del cine: cuando aún no habían cicatrizado Columbia ya le estaba extendiendo un cheque de 12.5 millones de dólares por Striptease, convirtiéndose en la actriz mejor pagada de la historia el mismo año (1996).

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