La idea habría partido del mismo Hitle

‘Die Glocke’: la máquina del tiempo nazi

Un dispositivo capaz de viajar en el tiempo y con capacidades antigravedad

Pocas leyendas del siglo XX combinan con tanta eficacia los ingredientes del mito moderno: tecnología secreta, el Tercer Reich, científicos que mueren en extrañas circunstancias, un artefacto que desaparece en los últimos días de la guerra y una conspiración que involucra a los vencedores.

Die Glocke, la Campana, tiene todos esos elementos.

Lo que no tiene, a pesar de décadas de investigación, es un gramo de evidencia verificable.

El origen de la historia

La leyenda de Die Glocke tiene un origen concreto y rastreable: el libro The Weapon of SS, publicado en 2000 por el historiador polaco Igor Witkowski y traducido al inglés en 2001. Witkowski afirmaba haber tenido acceso a transcripciones de interrogatorios de la policía secreta comunista polaca a oficiales de las SS en los años cuarenta y cincuenta. En esos documentos, decía, aparecía una referencia a un dispositivo experimental de propulsión llamado Die Glocke.

El periodista y escritor Nick Cook popularizó la historia en Occidente con su libro The Hunt for Zero Point (2002), donde especulaba sobre conexiones entre la supuesta tecnología nazi y la investigación moderna sobre propulsión alternativa. Desde entonces, la historia se incorporó al circuito de la cultura popular con una velocidad que ninguna evidencia habría podido justificar por sí sola.

El problema fundamental es que Witkowski nunca mostró los documentos originales a ningún investigador independiente. Las transcripciones nunca fueron verificadas. Y ningún archivo histórico alemán, soviético, americano o polaco ha producido ningún documento que mencione un proyecto llamado Die Glocke.

Lo que la leyenda describe

Según las versiones más elaboradas de la historia, Die Glocke era un dispositivo de unos 5 metros de alto por 3 de diámetro, construido con un metal especialmente pesado y permanentemente anclado al suelo. En su interior, dos cilindros giratorios contenían una sustancia llamada Xerum 525, descrita como similar al mercurio pero extremadamente radiactiva. Cuando el dispositivo se activaba, los cilindros giraban en sentidos contrarios y el artefacto emitía un brillo violáceo. Se dice que varios científicos que trabajaban en él murieron de cáncer.

El proyecto habría sido dirigido por el Obergruppenführer Hans Kammler, ingeniero de las SS que efectivamente existió y que estuvo involucrado en algunos de los proyectos militares más avanzados del Tercer Reich, incluidos los misiles V-2 y la construcción de instalaciones subterráneas. La instalación donde se habría desarrollado el proyecto era Der Riese (El Gigante), un complejo de túneles cerca de la frontera checa en lo que hoy es Ludwikowice Kłodzkie, en Polonia, que sí existió y cuyas ruinas son visitables.

La leyenda dice que en los últimos días de la guerra, el oficial SS Karl Sporrenberg ejecutó a 62 científicos que trabajaban en el proyecto para preservar el secreto, y que Die Glocke fue evacuada en un avión de transporte que hizo escala en Barcelona antes de llegar a Argentina o Chile, o alternativamente que fue capturada por los Estados Unidos dentro de la Operación Paperclip.

Lo que la historia real dice

Hans Kammler existió y fue una figura central en la maquinaria militar del Tercer Reich. Supervisó la construcción de los campos de exterminio y dirigió el programa de cohetes de las SS. Su destino al final de la guerra es genuinamente incierto: los registros soviéticos, americanos y alemanes no ofrecen un relato coherente de lo que le ocurrió. Algunas fuentes dicen que se suicidó. Otras, que fue capturado. Esa ambigüedad real ha sido el abono perfecto para las teorías que lo sitúan en América del Sur o en bases secretas americanas.

La Operación Paperclip sí existió y es documentalmente verificada: fue el programa con el que Estados Unidos reclutó a científicos alemanes después de la guerra, incluyendo a figuras tan controvertidas como Wernher von Braun, padre del programa de misiles V-2 y posteriormente de la misión Apolo. Que los americanos se llevaron conocimiento científico nazi es historia documentada, no especulación. Lo que no está documentado es que ese botín incluyera ningún dispositivo llamado Die Glocke.

Der Riese, el complejo subterráneo de Ludwikowice, existió y fue una instalación real de producción industrial de guerra. Los investigadores que han estudiado sus registros no han encontrado ninguna referencia a experimentos de propulsión antigravitatoria o viaje en el tiempo.

Por qué la historia prospera sin evidencia

La longevidad de la leyenda de Die Glocke en la cultura popular, que ha aparecido en series de televisión, videojuegos, películas y decenas de libros, responde a una lógica que tiene poco que ver con la historia y mucho con la psicología del misterio.

El Tercer Reich es el escenario ideal para leyendas de tecnología oculta porque combinó una capacidad industrial y científica real y extraordinaria, el secretismo extremo de un régimen totalitario y la destrucción masiva de archivos en los últimos días de la guerra que crea lagunas documentales genuinas donde la imaginación puede operar. Los nazis desarrollaron tecnología real que era avanzada para su época: los misiles V-2, los primeros aviones de reacción operativos, los primeros cohetes balísticos. Esa realidad hace que las extrapolaciones al dominio de la ciencia ficción parezcan menos descabelladas de lo que son.

La ausencia de evidencia, que en cualquier investigación histórica seria sería el argumento más fuerte contra la teoría, se convierte dentro de la lógica conspirativa en la prueba más sólida a su favor: si no hay documentos es porque fueron destruidos o clasificados, lo cual confirma que algo había.

Es un razonamiento circular que no puede refutarse desde dentro de sus propios términos, lo que lo hace especialmente resistente al escrutinio.

El legado cultural

Die Glocke apareció en la serie de Netflix Dark, donde la campana nazi sirve como dispositivo central de una narrativa de viajes en el tiempo que se extiende a lo largo de tres temporadas. Es posiblemente la versión más elaborada y más vista de la leyenda, aunque claramente presentada como ficción especulativa. También ha aparecido en videojuegos de la saga Wolfenstein y en múltiples documentales de televisión que mezclan historia real con especulación sin distinguir claramente entre ambas.

La fascinación por la tecnología secreta nazi no muestra señales de agotarse. Cada pocos años aparece un nuevo libro, un nuevo documental o una nueva serie que recombina los elementos de la leyenda con variaciones menores. El dispositivo puede cambiar de función o de destino final, pero los ingredientes son siempre los mismos: SS, laboratorio secreto, científicos sacrificados, artefacto desaparecido y la gran pregunta sin respuesta sobre adónde fue.

La respuesta más probable es que Die Glocke nunca existió fuera de las páginas de Witkowski y de la imaginación de quienes lo leyeron. Pero esa respuesta, por precisa que sea, es considerablemente menos interesante que la alternativa.

Y en el mercado de las leyendas, lo interesante siempre gana.

NOTA.- Conoce una de las teorías de conspiración más grandes de los nazis, haciendo clic en el siguiente vídeo.

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